Vuelve al país del nunca jamás

 

Por Astrid Perellón. 

 

Siempre me ha fascinado el mundo fabulado en el allá y ayer de Peter Pan pues me llena de ilusión. Ya de mayor, tuve oportunidad de sentirme deliberadamente <<volar>> gracias a emociones ligeras, claridad y pensamientos felices. Fue entonces que caí en cuenta que Peter Pan es una maravillosa metáfora de la realidad de las cosas. ¿Un cuento de hadas refiriendo la realidad fáctica? Sí, lector, deja tus prejuicios de adulto y sumérgete en tu propia versión del País de Nunca Jamás, donde nunca nadie muere (aunque pueda perder su mano en fauces de un cocodrilo).

 

Hecho #1. Si sostienes un pensamiento feliz podrás volar (sentirte ligero)

Hecho #2. Las hadas (las emociones) parecen nacer con la primera carcajada de un bebé.

Hecho #3. El País de Nunca Jamás es diferente para cada persona y esas realidades paralelas existen al a vez, lo mismo que el concepto de felicidad para cada individuo es distinto y coexiste con los conceptos ajenos.

Hecho #4. Quisiéramos ser como Peter Pan porque el eterno niño es eterno creador, líder de su propio Nunca Jamás.

Hecho #5. La madre es muy importante para Peter Pan por las historias que cuenta de él mismo, lo mismo que nuestros padres dejan una impronta al transmitirnos quién somos por medio de su manera de tratarnos (o lo que cuentan de nosotros).

Hecho #6. La sombra (el lado oscuro-travieso) puede separarse de Peter Pan pero él lo quiere de vuelta, a su cargo, bajo su mando.

 

Y así la lista encantadora sigue. Porque no hay mayor magia que descubrir que el meollo de la vida está en convertirnos en nuestro héroe de la infancia. No importa si nos gustan los piratas o los indios o si sentimos celos de las Wendy o superioridad sobre los Niños Perdidos. Lo importante es que podemos ser Peter Pan; lo somos cuando nacemos y hasta que perdemos nuestros últimos dientes de leche (mismos que aún conservaba el niño salvaje, en la novela). No por demandantes o egoístas, no por despreciar a los adultos sino porque el niño eterno está hecho para elevarse por encima de lo mundano, olvidar inmediatamente lo pasado o molesto, embeberse en aventuras interminables, tomárselo todo a juego y disfrutar la tierra a su mando (la propia vida).

 

He leído que las mujeres achacan un supuesto complejo de Peter Pan a los hombres que temen al compromiso. Tal vez están olvidando que ellas no son Wendy, aquella niña a quien se le amenazó con mudarse a su propia recámara por ya ser demasiado mayor como para los cuentos. Ni eres Wendy ni el agobiado Garfio. Todos somos Peter Pan. De eso trata su historia y no necesitas haberte caído de tu carriola para huir hacia la segunda estrella a la derecha. Basta con lo que repite una y otra vez su autor: mantén un pensamiento feliz.

 

 

Artículos relacionados