¿Piensas antes de actuar?

Por Astrid Perellón

 

Decimos a los niños <<piensa antes de actuar>>, sin embargo, si el adulto en verdad lo hiciera, esto ocurriría:

 

-En un reclamo, no responderíamos ni siquiera ese mismo día.

-Ante un problema, no le haríamos frente de inmediato.

-Tras un susto, no dedicaríamos más charla al tema.

-Frente a un dilema, no haríamos listas de ventajas y desventajas.

-Cuando sintiéramos duda, no actuaríamos aunque pasara la oportunidad.

-Enviaríamos a descansar a los amigos que desean desahogarse con nosotros.

-Los comerciales no nos harían sentir deseos de comprar.

-Produciríamos más dinero del que esperamos con cada quincena.

 

En su lugar, como no pensamos antes de actuar, logramos lo siguiente:

-En un reclamo, buscamos tener razón o demostrar nuestro punto de vista.

-Ante un problema, nos desvelamos hallando soluciones.

-Tras un susto, analizamos todos los factores a los que culpamos del susto.

-Frente a un dilema, analizamos la información a nuestra disposición.

-Cuando sintiéramos duda, tememos perdernos de algo y decidimos por decidir.

-Permitimos que los amigos sigan enfrascados en su desánimo, escuchándolos, aportando anécdotas o referencias que perpetúan su situación o aconsejamos, asumiendo que podemos ver el panorama completo de una situación en la que no estuvimos.

-Los comerciales nos hacen sentir todo lo que no somos o tenemos.

-La quincena se acaba, dejándonos en un ánimo resignado.

 

Si te identificas con alguna de estas últimas situaciones enlistadas, no estás pensando antes de actuar. Lo que estás haciendo es darle vueltas a la información que tu cerebro te presenta como real. En esa información no está la respuesta pues tu cerebro sólo te muestra aquello que es compatible con tu estado de ánimo constante. ¿Dónde está la respuesta entonces? En información a la que tendrás acceso cuando te ocupes primero de sentir claridad. Estarías postergando la acción hasta estar en la claridad; única que te dará la información adecuada para decidir. Al practicar pensamientos de certeza, tu cerebro tendrá acceso a un panorama diferente y a información que, ni con el mejor análisis, puedes recolectar desde otro estado de ánimo que no sea la claridad.

 

Es como aquella fábula del aquí y del ahora donde la iguana cae en arenas movedizas. Lo único que necesitaba para salir no estaba afuera de sí misma, ni siquiera afuera de las arenas movedizas. No se daba cuenta de ello porque no se estaba quieta; ni su cuerpo ni sus ideas dejaban de patalear cavando su propia tumba.

 

 

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