Guerra en el paraíso, de Carlos Montemayor

Por Rivelino Rueda

Foto 1: https://rancholasvoces.blogspot.mx

Foto 2: http://espejodemudanzas.blogspot.mx

 

Nada Cambia. Una y otra vez la misma tortura, el mismo engaño, la misma sangre, el mismo color verde militar, la misma afrenta, la misma pobreza, la misma saña. Nada cambia.

 

Ayer, en la década de los setentas, a la “guerra sucia” se le conoció así porque era en realidad una guerra. ¿Qué guerra ha sido limpia? Era un ejército armado y era una guerrilla levantada en armas, primero con Genero Vázquez Rojas y después con Lucio Cabañas Barrientos. ¿Pero hoy qué? ¿Quién tenía armas y quién no?

 

Duele porque nada ha cambiado. Duele porque en cualquier momento puede ser mi hija o tu hija…Y si es mi hija te imploro que me acompañes…Y si es tu niña yo voy a estar contigo, suplicando su regreso, siempre a tu lado.

 

Carlos Montemayor (1947-2010), el filósofo, el sabio, el humanista, firmó este libro, Guerra en el paraíso, hace 13 años. Plasmó su tinta en la página tres un día antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre en las Torres Gemelas, en Nueva York, y en el Pentágono, en Washington.

 

Ninguno de nosotros sabía lo que hacía. Ni Gretta sacando placas de historia; ni él en su otoño de letras, de libros, de un piano sin notas, de una pregunta obvia…de un entrevistador asustado y embelesado.

 

Pasan trece años y Montemayor narra. Está arropado por su sillón con descansos de madera oscura y forro verde. Cruza la pierna, se acomoda unas gafas de amplia graduación, abrazados por un marco grueso de carey:

 

“Era extraño luchar, pensaba. Parecía que siempre lo hubiera hecho, que no pudiera recordar un solo momento en que no se hubiera propuesto luchar. No, imposible distinguir el origen. Quizás al caminar con su abuela por los pueblos. Quizás al no pensar. Al subirse a los árboles a cortar cajeles y limones. O en Ayotzinapa, en sexto año de primaria, cuando se reunió con otros alumnos para reclamar asistencia a los profesores”.

 

¿Es ayer o es hoy? Todo se confunde, el tiempo, la rabia y la impotencia. De nuevo el paladeo de estas páginas. Pero de pronto caen tres décadas encima y nada ha cambiado:

 

“Eran pedazos temblorosos de algo, ahí, junto a las botas del soldado, que iban expulsando al respirar unos graves y suaves quejidos por las bocas inflamadas, sucias por la sangre. Dos de ellos tenían los brazos rotos; eso aumentaba la sensación de que eran cosas inflamadas, carne abombándose, amoratada y negra como el lodo, como distinta de los cuerpos, que ya defecaban u orinaban sin proponérselo”.

Ese 10 de septiembre de 2001, un día antes de que cambiara la historia contemporánea, no se pudo evitar la pregunta obvia. Pendeja, para resumir: “¿Cómo hizo este libro (Guerra en el paraíso)?”

 

Respondió seco, a la espera de la entrevista de adeveras: “Preguntando. Con testimonios”.

 

En las manos está un artículo fechado el 2 de enero de 1994, un día después del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Está firmado por él, en la página principal del periódico La Jornada.

 

–“¿Se puede repetir esto en el país, lo que narra en su libro Guerra en el paraíso?”—

 

La respuesta es simple:

 

–Cualquier agravio que haga más pobre al pobre en México, que lo humille, pero que además toque lo más profundo de él, su dignidad, ahí habrá una muestra de descontento. Hoy es Chiapas, pero Guerrero nunca ha cerrado su herida.

 

Y desmenuza una historia que no ha concluido: “Estamos convencidos de que esta cosa es para rato, que vamos a durar mucho tiempo peleando. Quizás yo no alcance a verlo, pero es necesario empezar”.

 

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