El peligro de que la emoción te domine

Por Astrid Perellón

 

Emprendemos negocios con entusiasmo, unos pocos con preparación, otros menos con determinación. Pero ¿qué pasaría con los que empezaran negocios con realismo?

 

No estadísticas ni datos sobre el mercado inicialmente. Sino con la correcta apreciación de que, la cabeza que emprende debe mantenerse enfocada para reunir el mejor equipo, las mejores decisiones, notar las oportunidades.

 

El mejor socio posible para emprender tu negocio sería entonces tu entrenamiento emocional; tu disciplina para no dejarte alterar por lo que está ocurriendo afuera (y a veces adentro) sino tender primero hacia la claridad. Una mente clara tiene resultados diametralmente opuestos a la mente desesperada o informada de pros y contras. Es tan sencillo de observar cómo hasta actúan distinto.

 

Y a lo mejor tienes la asesoría, el plan, el marketing, la perseverancia, sin embargo ¿tienes bajo tus órdenes a la cabeza de la jerarquía? Me refiero a tu autodominio con respecto a las emociones. Claro que puedes seguir corazonadas o expresar tus disgustos pero sería más importante grabarte que

 

No se debe tomar acción, decisión o conversación, a partir de una emoción que no sea la que se pretenda mantener

 

Tiene todo el sentido mientras más lo relees. El cerebro está diseñado para sobrevivir y por eso te presenta continuidad. Si empiezas con algo, el cerebro busca continuarlo para equilibrarse. Si ventilas tu insatisfacción, el cerebro perpetúa la información que te permita mantenerte encarrerado. Dicho de forma simpática, mientras más te enojas, más te enojas. Mientras más te calmas, más te calmas. Por supuesto que dirás que los agravios se reclaman, la desesperanza se desahoga y el pesimismo se analiza. Todo eso es como decir que quieres apagar una hoguera con fuego.

 

Es como aquella fábula del aquí y del ahora donde una planicie africana se incendiaba. Las grullas traían agua en sus picos para gotearla, los elefantes disparaban chorros desde su trompa pero el fuego había rebasado cierto punto; era imparable. Un lugareño tomó una antorcha pareciendo ridículo a quien lo viera pero, en lugar de dirigirse al incendio, se adelantó. Fue más allá de las llamaradas, quemando de manera controlada el pastizal, logrando que se consumiera y apaciguara. Cuando el fuego llegó a ese punto carbonizado, no tenía nada qué quemar y se consumió. El ingenioso hombre no había tratado de incendiar al incendio sino mirar más lejos para encontrar cómo apaciguar el fuego, dejando que el problema inicial fuera ahogándose por no ser alimentado.

 

No dejes que tu emoción te consuma, sino que gánale terreno para apaciguarla. Hablar, decidir o actuar desde emociones desagradables es como alimentar la flama. ¿Lo has notado en ti?

 

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