El alivio de las emociones

Por Astrid Perellón

 

Tres cosas que no soporto son: no soportarme, creer que es culpa de otros y llevar la cuenta de cuánto tardo en cambiar de ánimo.

 

Sí, lo sé, a la gente normal le chocan los políticos, el tráfico y las suegras pero todo eso está allá afuera. Está en el exterior donde la única cosa en común es la diversidad. En cambio, dentro de uno sólo cabe una sola cosa: sólo atendemos una emoción a la vez.

 

Sé que crees que eres experto multitasking o que tienes emociones encontradas. Todas esas frases sólo se refieren a pasar de una cosa a otra en el cerebro, muy rápido. No están ocurriendo simultáneamente. Pero es una buena noticia, no te me desenfoques ni modifiques las habilidades que describes en tu CV.

 

Es buena noticia porque significa que, cuando te sientes bien y percibas que se cuela un malestar, ¡puedes hacer algo rápido! En lugar de preguntarte <<¿Por qué el bajón?>> Yo te invitaría a frenarlo en seco <<¿Para qué el bajón?>> Exacto, no tiene sentido que si el cerebro enfoca una emoción a la vez, uno se baje del escalón para contemplar la basura.

 

Por supuesto que si una alegría fue empañada por una mala noticia, pareciera imposible no bajarse del escalón (y a veces la escalinata completa, a trompicones como stunt de cine) Que parezca imposible sólo es por falta de práctica. ¿Qué sentido tendría sentirse bien cuando me avisaron que mamá está en el hospital?

 

Primero porque no puedo decidir con claridad, si mi mente está nublada por la preocupación. Segundo porque el mundo parece cerrarse para quien hace tormenta en un vaso. Tercer, porque si en verdad fuera tan grave que es el momento de despedirse, quisiera hacerlo con el ánimo tranquilo para sacar jugo a esos últimos instantes.

 

No hablo por hablar. Cuando papá me dijo en el coche una madrugada que íbamos rumbo al funeral de mamá parecía inútil buscar mi tranquilidad. ¡Ya para qué! Ya no podré decirle lo que quiero; perdí mi oportunidad. Sin embargo, he practicado por tantos años entrenamiento emocional que pude pasar a un segundo plano la noticia (se vale dejar temas pendientes para asumir la mejor emoción posible en el momento), con lo cual, mi claridad mental me reveló algo útil y obvio. <<Papá, regresemos a casa por mis hermanas. Que sea su decisión si verla por última vez o no. En cambio, si las dejamos dormidas, nunca habrán podido tomar su decisión>>.

 

Papá lloraba y aún así pudo apreciar el enorme sentido de lo que yo decía. Lo percibía porque uno también es de mayor utilidad a los demás recuperando su ánimo. No estoy diciendo que hubiera estado eufórica, ni entusiasmada, ni hablo de pensar positivo. Hablo de voltear en la mente hacia uno sienta utilidad voltear.

 

Es como la asombrosa fábula del aquí y del ahora donde el ojo sentía escozor y por más que miraba, sólo veía un jardín precioso. Para el ojo era imposible girarse sobre sí mismo para mirar cómo tenía la conjuntiva irritada. El ojo no puede ver el ojo pero uno sí puede mirar la emoción por su utilidad y no por su inercia.

 

Tras ir por mis hermanas, hallamos momento para llorar como nunca. Las emociones no se contienen, se eligen.

 

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