#19S… de la peste a la revolución

Por Armando Martínez Leal

@armandoleal71

 

 

He conocido la miseria humana,

la degeneración del hombre

la fealdad del hombre…

Nos hemos negado a vernos enfermos,

estamos enfermos.

Camus

 

Albert Camus en La Peste describe la epidemia de su época, el nazismo, pero también era consciente de las implicaciones del régimen stalinista, el socialismo real, cualquier forma de totalitarismo; también ilustra lo que el denomina un problema metafísico, el mal. La epidemia de su época también incluye el colaboracionismo de Francia, un país que decidió ser ocupado “pacíficamente”, la derecha francesa coincidía con el nazismo, era tan antisemita como Hitler. El gobierno colaboracionista de Vichy cazó a sus connacionales judíos, más de 14 mil franco-judíos, mayormente mujeres y niños, fueron detenidos y luego enviados a Auschwitz, donde sólo sobrevivieron menos de un centenar.

El gobierno de la República de Vichy cazó, la madrugada del 16 y 17 de julio de 1942, a los galos de origen judío, la redada es conocida como Rafle du vel d’hiv, los centenares de franceses fueron retenidos en el Velódromo de Invierno, el caso es un ejemplo de la decadencia social de la Francia de guerras. Jaen Genet señala agudamente y a su estilo que en esos tiempos de día Francia se dejaba coger por el culo, mientras en la noche mataba alemanes por la espalda. La peste fue la enfermedad colaboracionista del pueblo galo, que con tal de sobrevivir denunció a su vecino.

La peste también es la consolidación y funcionamiento de la República de Vichy, comandada por la derecha gala. La peste contagió a Francia, la enfermó. La enfermedad gala ocupó a una de sus mentes más destacadas, el miembro de la Resistencia, y director de su periódico Combat, Albert Camus, quien escribió una novela en torno a la experiencia y cientos de artículos donde condenó el colaboracionismo.

El autor de El mito de Sísifo, también participó activamente en los juicios contra los colaboracionistas, una vez concluida la guerra era necesario hacer el diagnóstico de la enfermedad, como moralista, a Camus le ocupaba que la justicia saliera a flote, que cada colectivo se hiciera responsable de sus actos y dentro de las sociedades era fundamental identificar las responsabilidades individuales, de igual modo se comprometió con el porvenir de Francia.

Para Camus, Francia estaba enferma, Francia entera era responsable de alguna manera por lo acontecido en los años de la ocupación, es responsabilidad de los pueblos lo que acontece en colectivo, pero los galos estaban enfermos. La peste los invadió, perdieron la capacidad de distinguir entre lo permisible y lo inadmisible, toleraron y aceptaron un orden donde la sobrevivencia individual fue el categórico moral.

Las crisis evidencian la decadencia de los colectivos, su enfermedad y permisividad. Bajo el cristal camusiano podemos analizar la actual condición de México, estamos enfermos, la peste individualista, promovida por la ideología neoliberal ha ingresado gratuitamente en nuestro organismo social. La peste neoliberal nos ha atomizado al extremo de olvidarnos que somos un colectivo. La peste neoliberal ingresó oportunistamente a un organismo social enfermo.

Los síntomas de nuestra enfermedad son diversos, permitimos que casi la mitad de los mexicanos vivan en la pobreza, permitimos que a cambio haya una decena de multimillonarios que concentran la riqueza de esos-nosotros los millones de pobres. Somos responsable porque permitimos enfermarnos de feminicidios, miles de mujeres han caído desde la primer muerta en Ciudad Juárez.

Somos responsables porque hemos permitido que casi 300 mil mexicanos hayan muerto en una guerra absurda, inventada por el ilegitimo y enfermo (alcohólico) Calderón, continuada vehementemente por el imbécil, ignorante y corrupto Peña Nieto. Somos responsable porque en más de una década esa guerra ha gestado a más de 30 mil desaparecidos. ¿Estamos ante una guerra civil? o ¿confrontamos una limpieza étnica y social? Estamos enfermos. Pero el diagnóstico sigue…

Somos responsables por nuestra permisividad ante la corrupción de nuestros políticos, la alternancia política está signada por los amigos de Fox, el populista gobernante de botas, que se enriqueció, lo mismo que López Portillo, Salinas de Gortari, Zedillo, Calderón y su esposa Margarita Zavala.

Somos responsables porque cuando la periodista Carmen Aristegui y su equipo de investigación develó la corrupción de la Casa Blanca de Peña Nieto, no hicimos nada. Somos responsables porque omitimos de nuestros desayunos la masacre de decenas inmigrantes centroamericanos. Somos responsables porque decidimos voltear para otro lado con la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa.

México está enfermo, durante décadas hemos convivido en la putrefacción del espacio público, nos encerramos en los centros comerciales, en nuestras casas y los afortunados se enajenan en el pestilente mundo laboral mexicano, que explota sanguinariamente a los trabajadores.

Somos responsables porque decidimos que la salud no es un derecho si no un servicio, lo mismo que la educación y la cultura. Servicio por el que hay que pagar. Somos responsables porque decidimos infectarnos de la peste neoliberal. Que nos ha enseñado que lo que no cuesta no vale la pena. Y ahí renunciamos a nuestros derechos.

Los mexicanos estamos enfermos, sufrimos individualista y silenciosamente. Pero septiembre, el mes de la patria, nos recordó nuestra fragilidad, nuestra enfermedad, nuestros hogares dejaron de ser la guarida segura del individualismo. La apuesta está signada, nadie está a salvo. Todos estamos enfermos. Somos una nación putrefacta, que se enmascara con un salvoconducto solidario.

Que no nos engañe el colectivismo solidario, es necesario un proceso de épuration. Es necesario hacernos responsables por nuestra permisividad, pero también el pueblo debe castigar ejemplarmente a sus políticos corruptos. Rosario Robles no puede andar impunemente en la calle como tampoco Gerardo Ruiz Esparza y la docena de gobernadores, Peña Nieto debe ir a la cárcel. Es necesario que Vicente Fox pague su podredumbre lo mismo que Felipe Calderón; es necesario la depuración del espacio público.

El autor de El extranjero piensa que en los momentos de crisis se devela la enfermedad, de la que no queremos ser conscientes, también son el punto de quiebre para que los colectivos se hagan responsables de su pasado y por ende, su presente reelaborando su proyecto social. Es imposible que deseemos regresar a una normalidad enferma, los huracanes y los terremotos de los últimos meses han demostrado nuestra fragilidad, lo putrefacto de nuestras instituciones, la ineficiencia del gobierno.

Las crisis pueden ser puntos de inflexión, oportunidades para transformarnos, para hacer una verdadera revolución. Una revolución que transforme el pacto social, que geste una nueva Constitución. Necesitamos un nuevo marco que rija nuestra vida en colectivo poniendo en el centro al ser con sus derechos. Camus pensaba que las revoluciones son la movilización del pueblo exigiendo y proponiendo un cambio radical.

México ha apostado por una revolución pacífica, esta posta es la constante desde 1988. Es cierto, el régimen comete monumentales fraudes electorales, tumba los sistemas, quema las urnas, se niega al conteo voto por voto, compra con nuestros impuestos la soberanía. México apuesta por la democracia, pero es necesario transformarla, no somos una sociedad democrática si no enferma por la peste neoliberal.

México está en un punto de inflexión, enclave histórico, sus jóvenes en masa salieron a las calles, estaban acompañados de los jóvenes de los años ochenta, de los adultos, de los viejos, sí singularmente salieron los jóvenes … pero no podemos regresar a nuestras casas porque tampoco estamos seguros en ellas, es necesario reconstituir el orden colectivo.

México está enfermo, es una responsabilidad colectiva depurarlo, la revolución es nuestra receta, es imposible volver la vista atrás y desear estar en los escombros de la Patria. Es posible superar la peste neoliberal con una solidaridad revolucionaria que nos saque del hoyo individualista. México necesita reconstruirse, curarse, es necesario tumbar los cimientos y construir un nuevo pacto social, una nueva Constitución.

 

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