El 2018, AMLO y Morena

Por Alan Fernández

Foto: Edgar López (Archivo)

2018 será un año trascendental para la historia del país. Se perfila una contienda presidencial cuyo resultado tendrá un impacto para las próximas generaciones de mexicanos y mexicanas.

Lo que se disputa no es, como a veces pretenden hacer creer algunos sectores de la izquierda mexicana de cafetería, una simple disputa más por un sexenio de posiciones o cuotas de poder sin trascendencia para los sectores populares o subalternos del país, sino todo lo contrario.

Lo que se juega es el destino mismo de la nación, qué vive una profunda crisis social, económica y política, de valores e identidad.

La votación representará un referéndum en dónde el pueblo de México votará por mantener o no un modelo de desarrollo económico-social pensado desde las antípodas del neoliberalismo y que ha sido mantenido por un régimen político corrupto, subordinado a las directrices que marcan las élites económicas nacionales e internacional, sistema consolidado, aunque con variantes en su evolución, desde la época salinista y qué será defendido por esos sectores minoritarios que se han beneficiado con él, e intentará ser maquillado por una amplia, aunque poco renovada y desgastada, intelectualidad orgánica.

Postular la posibilidad de escoger una ruta alterna a la representada por ese régimen cleptocrático de gobierno, implica reconocer la existencia de una oposición con la suficiente capacidad de organización y movilización para disputar y ganar la contienda político-electoral del próximo año e inaugurar un nuevo proceso histórico de transformación social en este país.

Esa oposición existe y tiene nombre: Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), fuerza política encabezada por Andrés Manuel López Obrador, el líder político más importante de la izquierda institucional en, al menos, los últimos 15 años.

Ahora bien, Morena, en tanto fuerza política con militancias y simpatías plurales, se desarrolla y vive bajo variadas y crecientes contradicciones, mismas que son gestionadas y contenidas por el liderazgo político y moral de López Obrador, pero que subsisten y se agudizan a medida en que nos acercamos a la contienda a razón, principalmente, del creciente peso e influencia que han adquirido los intereses empresariales en la definición del programa de gobierno que servirá como plataforma electoral en los comicios del año próximo.

Varios de los sectores y personajes que han caminado con el obradorismo, desde la dura resistencia al intento de desafuero en 2005, no ven con buenos ojos esta creciente influencia que modera las posiciones y cuestionamientos del partido.

Pero, al menos en su mayoría, entienden que no es momento de rupturas, sino de unidad alrededor del objetivo principal, que es ganarle a la oligarquía el enfrentamiento político electoral para entrar a una etapa en donde se tendrá que librar de manera frontal una batalla por la orientación de las políticas de transformación, en dónde jugará un papel crucial la capacidad de disputa por la hegemonía político-ideológica del proceso de los sectores más orientados hacia la izquierda, tanto dentro como fuera de Morena.

Además, de construcción de narrativa y capacidad de movilización para llevar las transformaciones más allá de dónde hoy están dispuestos a aceptar los sectores de la alta burguesía mexicana, qué también sustentan la candidatura de López Obrador y qué harán lo respectivo para delinear la ruta de gobierno.

Andrés Manuel está consolidado como un líder político transversal, capaz de sumar a sus filas a millones de mexicanos de distintas procedencias e identidades políticas y culturales, desde cristianos ortodoxos hasta comunistas ateos, tanto a trabajadoras del hogar como a empresarios de alta alcurnia.

Su capacidad de irradiación y de construcción de hegemonía está más que comprobada. Sin su trabajo de dirigencia y organización política difícilmente estaríamos en las condiciones para librar este episodio crucial de disputa por la dirección del país.

A diferencia de Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés ha resistido el desgaste mediático y político que implica ser dos veces candidato presidencial y, en esta tercera postulación, parece tener una mejor posición para obtener un triunfo contundente que evite las posibilidades del fraude electoral.

En suma, Morena con Andrés Manuel, aún con esas rivalidades y contradicciones internas, representa la oposición más firme y con más capacidad de articular la lucha con el pueblo organizado para cambiar los destinos de este país.

Están dadas las condiciones para asestar un golpe determinante a este régimen político corrupto y oligárquico. Construir organización y desarrollar la concientización popular son las tareas inmediatas y necesarias para enfrentar este proceso que definirá un antes y un después en la historia de la nación.

Hagamos historia.

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