2019: Lecturas desde Estados Unidos para México

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Está claro que la atención mediática de los medios de comunicación más importantes de México no está en la firma ni el seguimiento de los pormenores del nuevo T-MEC (léase, el futuro del TLCAN).

Regularmente el foco mediático en nuestro país nunca está en los temas cruciales de la agenda nacional. No sé si esto se debe a una medianía en el carácter ciudadano e intelectual de las mentes pensantes de México, o se responde a una estrategia de Estado para evitar malos aromas que tensen la armonía que en términos generales yace en México a partir del 1ro. De diciembre de 2018.

Estos, son momentos cruciales para el futuro de nuestra nación, y a nadie le conviene que la gente sospeche que hay riesgos y que puede generarse incertidumbre, sobre todo en las variables macroeconómicas, a causa de las maneras y las formas en las que Estados Unidos aborde y hasta condicione la firma regional de esta nueva manera de entender el comercio en América del Norte, que tendrá como producto final el documento general del T-MEC.

Estados Unidos le va marcando la pauta de sus condicionantes a México, y nosotros, a sabiendas de nuestra dependencia comercial, en más del 80% según cifras de la balanza comercial de México manejada por el INEGI, pues debemos acatar, o mínimo adaptar, muchas de las pautas y demarcaciones que de manera indirecta el itinerario estadounidense precisa en la dinámica de su política económica interna con fines hegemónicos.

Cambian los paradigmas en aquel país en relación al trabajo, a las normas y regulaciones del capital financiero, a la reorientación de las prioridades estructurales, a la visión tecnológica, y también a la convicción por el regreso del grueso de la dinámica económica más crucial a suelo estadounidense.

No es cansado ni reiterativo precisar continuamente que el paradigma social, político y económico de Estados Unidos cambió desde el 2016 con la llegada de Donald Trump.

América del Norte (sobre todo México y Estados Unidos) anuncia cada vez más, con claridad y visión estratégica, que está progresivamente adentrándose al terreno post-neoliberal y de neo-nacionalismo. No se saben aún los costos y los riesgos de esta naturaleza, estamos los que tenemos ciertas reservas y consideraciones, pero esta, sin duda alguna es una realidad indiscutible.

México está entendiendo a lo largo de 2019, y luego de un –valla, por fin- la inercia económica de los Estados Unidos, e incluso del grueso de países del mundo. El neo-nacionalismo cada vez asoma más los colmillos de sus fauces por Sudamérica, por Europa, por Asia, China y Rusia desde luego, y para nosotros, la muestra más contundente, la parte norteamericana.

México está actuando con cautela diplomática, dicho esto sin festejar ni rindiendo pleitesía al Gobierno actual, pero sí aceptando la eficiencia de Estado en la toma de postura sobre la coyuntura venezolana, y por ende la protección indirecta e invisible bajo la inercia de los códigos ocultos de la secrecía de Estados de nuestros intereses geopolíticos y geoestratégicos, pero sobre todo, cuidando en todo momento que nada perturbe nuestras relaciones más importantes en términos de intercambio, producción y distribución de bienes, servicios y tecnología, además de mercancías de alto valor agregado.

Nuestra importancia geoestratégica debe ceñirse a mantener firmes, estables y productivas nuestras relaciones con Estados Unidos. Este es nuestro rincón geoestratégico, y por ende estamos obligados a corresponder con visión soberana y pujante la conveniencia de nuestros intereses.

Es acá donde debe estar nuestra mejor faceta diplomática, aquella que nos permite, hasta por una condición histórica, mantenernos en el escenario internacional. América del Norte, y en especial Estados Unidos, deben ser nuestra prioridad geopolítica.

Related posts