32 años después… Los rostros de la tragedia (Primera parte)

Por Alejandra Ayluardo

Fotos: Cortesía

Un sismo de 8.1 grados de magnitud en la escala de Richter cimbró a la ciudad en punto de las 7:19 horas, con dos minutos de duración. La cifra extraoficial de decesos fue de 10 mil, sin embargo, existen testimonios que aseguran que la cifra fue de más de 40 mil muertes. La radio se convirtió en el medio más eficiente para mantener informada a la población. Medios internacionales informaron que la Ciudad de México había desaparecido.

Las colonias más afectadas fueron Tlatelolco, Centro, Doctores, Roma y Obrera.

Fue hasta las 16:00 horas del 19 de septiembre de 1985 cuando el presidente Miguel de la Madrid recorrió las primeras zonas afectadas. El primer mensaje a la nación lo dio tres días después. Ocho meses después, en la inauguración de la Copa Mundial de Fútbol de 1986, fue abucheado como resultado del descontento que vivía la población. De la Madrid rechazó el apoyo internacional y prohibió el apoyo militar en maniobras de rescate. Posteriormente se retractó y aceptó la ayuda.

Antonio Burgos, de 55 años de edad vivió el sismo del 85 cuando tenía 23 años. Fernando, coordinador de producción de Televisa Chapultepec, le rentaba una habitación en la calle Mérida casi esquina con Puebla, en la colonia Roma, frente a la Universidad del Valle de México, a cuatro cuadras de Insurgentes y a una cuadra de Chapultepec.

Antonio trabajaba en la dirección de operaciones de producción de Televisa San Ángel. La mañana del 19 de septiembre de 1985 se despertó a las 7:15 horas de la mañana y como todos los días disponía a bañarse para iniciar a las 9:00 horas su día laboral. Fernando salió a las 6:00 horas a correr al bosque de Chapultepec, Antonio no volvió a saber de él. No se presentó al trabajo y jamás nadie supo de su paradero.

A las 7:19 sentí la casa se sumió, me llamó la atención y abrí el ventanal del balcón de mi habitación que daba a la calle y una nube de polvo del edificio de al lado me hizo retroceder. Cerré el ventanal y me metí a bañar. Minutos después, salí de mi habitación, cerré como todos los días e intenté salir por la puerta principal de la casa.

Al girar la manija y empujar la puerta, me fue imposible salir. Me asomé y la puerta topaba con la banqueta de la calle. La casa se había hundido un piso. Regresé a mi habitación y decidí salir por la ventana. El balcón quedaba a unos 30 centímetros del nivel de la banqueta. Di un pequeño salto.

Mi plan era ir a trabajar, tomar el Metro en la Glorieta Insurgentes, bajarme en Chapultepec y tomar un camión que me llevara a Televisa San Ángel. Cuando salí, vi la casa de alado en escombros. La tienda General de Gas estaba siendo saqueada, las personas salían con lavadoras, refrigeradores, televisiones.

Comencé a caminar, di la vuelta en Puebla y vi por lo menos siete casas hechas polvo. Pensé en mis papás, en mis hermanos. Una señora me gritó que si podía ayudarla, su mamá había quedado atrapada en la cocina de su casa. Cuando vi la casa me di cuenta que estaba ladeada hacia adentro. Le pedí que me prestara su teléfono.

Les hablé a mis papás que vivían en Villa Coapa. Supe que ellos y mis hermanos estaban bien y le dije a la señora que iría por ayuda. Ya no volví, las calles eran un caos, sin semáforos, carros parados, ningún transporte público. Fui a Televisa Chapultepec y vi que estaba una parte completamente colapsada.

Caminé un poco más hasta llegar a los Televiteatros, destrozados. Seguí mi camino y observaba el pánico de la gente. Grupo Fórmula había colapsado también. Continué mi camino hasta Arcos de Belem y decidí caminar por el Eje Lázaro Cárdenas. Habían pasado ya dos horas.

La clínica del ISSSTE, que estaba por el Metro Salto del Agua, estaba en ruinas. Un restaurante que se llamaba “Super Leche” también. Llegué a San Antonio Abad y vi el edificio de las costureras caído. Caminé sobre Tlalpan y era devastador observar cuántos daños había. En la colonia Portales vi una casa en llamas, gente gritando, llorando.

Cuando llegué a Taxqueña, el hotel Monreal estaba colapsado, al igual que el Colegio de Monjas. Llegué a las 13:30 al Estadio Azteca. Ya había transporte público hacia casa de mis papás. Algunos vecinos se reunían para planear brigadas de ayuda y otros se juntaban en las calles con sillas a rezar con veladoras y rosarios.

Al día siguiente fui a Televisa San Ángel. Nos enviaron a todos a apoyar en los rescates de Televisa Chapultepec, había mucha gente entre los escombros. A las 18:00 horas decidí ir a mi antigua casa por ropa o lo que pudiera sacar. Me fui caminando por Avenida Oaxaca viendo el desastre que había dejado el sismo.

La tierra comienza a cimbrar de nuevo. La réplica terminó de derrumbar las estructuras debilitadas. Veo a lo lejos tres policías agarrados de las manos, hincados y rezando mientras la tierra se sacudía. En ese momento, me entró un terror indescriptible. Caminé unas cuadras más y cuando llegué a lo que antes era casa de Fernando, el amigo de Televisa que me rentaba una habitación, había desaparecido.

Pocos minutos después, el Ejército acordonó la colonia. Nadie podía entrar. Camiones de la ruta 100 subían a la gente que estaba en el albergue de la Universidad del Valle de México y la llevaban al albergue de Lomas Verdes porque un edificio que estaba al lado de la universidad estaba a punto de caer.

Me ofrecieron llevarme, me negué. Vi pasar dos camiones más. Pensé en cómo me iba a regresar hasta Villa Coapa. Pasó el último camión a Lomas Verdes del grupo de camiones. Me subí.

Llegamos al albergue y vi que había una lista de espera de 468 personas para usar el teléfono. Alguien gritó que era la hora de la cena. Al llegar al comedor, me dieron un plato de cereal. Esperaba otra cosa, pero lo comí. Después me dieron una caja de cartón desarmada y una cobija nueva. Me acomodé para dormir pensando en mis papás y lo preocupados que estarían por mi y yo esperando que estuvieran bien allá.

A la mañana siguiente me levanté y sin desayunar fui a hablar con uno de los que coordinaban el lugar. Le expliqué que yo rentaba pero que mi casa estaba en Villa Coapa, que ahí estaban mis papás y mis hermanos. Me dijo que si él me dejaba salir, se iban a querer salir todos, que por seguridad teníamos que mantenernos todos ahí. Le dije un par de veces más que me entendiera y la respuesta fue la misma.

Inspeccione el lugar y logré saltar una barda sin que nadie me viera. Me fui al Toreo y ahí tomé un camión que se fue por periférico hasta Villa Coapa. Llegué a mi casa a las 17:00 horas. Estaba vacía. No tenía llaves porque me había salido de mi casa por diferencias con mis papás seis meses antes.

Los esperé en el andador hasta las 20:00 horas. Llegaron y me contaron que fueron todos a buscarme, pensaron que al regresar a donde rentaba después de mi horario laboral, me había pasado algo. Mi papá caminó del Eje Lázaro Cárdenas a la calle en donde sabía que vivía. Al ver la casa deshecha, regresó al auto en donde estaban los demás y les dijo que seguramente me había quedado ahí.

Fueron al campo de béisbol, lo que ahora es Parque Delta, a buscar mi cuerpo. Les dijeron que hasta el día siguiente tenían que regresar porque ya había muchas personas en el lugar. Cuando me vieron sentado en la banqueta del andador, lo primero que hizo mi mamá fue regañarme por no avisar que estaba bien. Mi papá me abrazó. Ese día les cambió la vida a todos en menor o mayor escala, pero les cambió.

***

El sismo del 19 de septiembre, tuvo varias réplicas, sin embargo, la más significativa tuvo lugar el 20 de septiembre a las 19:38 horas, con magnitud de 7.3 grados en la escala de Richter.

Este acontecimiento logró unir la voluntad del pueblo mexicano y mostrar la enorme solidaridad para levantarse en conjunto. La gente salió a las calles a ayudar en la medida de sus posibilidades, moviendo escombros, preparando comida, donando medicamentos, trasladando heridos en automóviles particulares, brindando agua a los rescatistas.

Para las nuevas generaciones, el sismo del 85 no era más que un vago recuerdo y para otros un simple puñado de anécdotas de personas que lo vivieron en carne propia o de lo que se mostraba en los medios de comunicación tradicionales y digitales de los acontecimientos de hace más de tres décadas.

Días previos al 19 de septiembre de 2017, los medios de comunicación, instituciones, colegios y la propia ciudadanía hablaba acerca del simulacro que a algunos no les hacía mucha gracia. Otros lo tomaban como una pérdida de tiempo e incluso hubo estados como Puebla y el Estado de México, que se negaron a realizar el megasimulacro.

Las generaciones más jóvenes bajaban de los edificios jugando en el celular o platicando con los demás compañeros, la consciencia en las escuelas y oficinas de la capital de realizar un simulacro serio, se había relajado con el tiempo. La capital conmemoraba ese día 32 años del terremoto del 1985.

En punto de las 13:14 horas, un inesperado movimiento telúrico de 7.1 grados en la escala de Richter con epicentro al sureste de Axochiapan, Morelos, en el límite con el estado de Puebla, a 57 kilómetros de la capital, sacudió a la Ciudad de México. Dejó importantes afectaciones en los estados de Morelos, Puebla, Estado de México y Guerrero; sin dejar de mencionar a los estados de Oaxaca y Chiapas quienes ya sufrían afectaciones por el sismo de 8.2 grados en escala de Richter del pasado 7 de septiembre.

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