A 4 meses de los sismos en Oaxaca, la ayuda de los políticos es “irse a tomar la foto”

Por Ingrid Gómez

Fotos: Edgar López (Archivo)

ASUNCIÓN IXTALTEPEC.– Las cuadras están incompletas. Las calles son sinónimo de vacío y soledad. Hay paredes en pedazos que resistieron pero no servirán de nada. La esperanza y el ánimo viven entre lonas que dan sombra y una inexplicable calidez de hogar.

Todavía llega ayuda, aunque en menor cantidad. Es hora de levantarse y reconstruir un patrimonio que se destruyó en cuestión de segundos, con 8.1 grados.

Asunción Ixtaltepec, Oaxaca, es uno de los escenarios más devastados desde los pasados eventos del 8 y 23 de septiembre.  Fechas que cambiaron la vida de miles de personas y terminaron por definir la fuerza que hay dentro de cada uno de los habitantes.

HISTORIAS Y DERRUMBES

Entre tantas historias prevalece la de una antigua casa con casi 200 años de existencia, la cual fue víctima inmediata del 7 de septiembre.

Ahí vivía Adolfo Cruz, su esposa y suegro. Cuando comenzó el desastre la esposa de Adolfo se encontraba trabajando en la computadora, ya se iban a dormir.

“En cuanto empieza el movimiento mi esposa me dice que no me levante de la cama, que todo va estar bien. Yo sí me espanté,  la tomé del brazo y nos salimos corriendo. Mientras bajábamos los escalones el temblor se sentía más fuerte. A mitad de camino del patio se da la cúspide del terremoto, el movimiento era tan fuerte que no podíamos ni caminar, hasta llegar al centro del patio”.

Parados en medio, fueron espectadores del espectáculo más impactante y doloroso de sus vidas. Un efecto dominó que duró casi nada y que acabó con todo.

La destrucción fue rápida, Adolfo y su familia pensaron que hasta ahí llegarían sus vidas. Quizá no vivirían para contar lo acontecido. Pero sí, y ahora construyeron una pequeña casa de madera, donde pueden sobrevivir a los temblores, porque ya es cosa de todos los días.

Las réplicas llegaron muy fuertes y con la  compañía de una intensa lluvia. Todo se tornaba más difícil y triste. Los días fueron devastadores para todos los istmeños. No había agua, luz y todo era más desesperante.

Un rostro triste que rompe en llanto al narrar su historia es el de la señora Victoria Guzmán. Una mujer perteneciente a la tercera edad que su único ingreso salía de su “tiendita”, la cual quedó totalmente destruida.

“Esa noche ya estaba en mi cama, durmiendo. Me desperté e intenté pararme dos veces  pero no pude, me caí. Cuando logré ponerme de pie quería abrir mi puerta y tenía seguro. Fue mucha mi desesperación hasta que mis nietos me ayudaron. El tiempo que duró el terremoto fue para mí una eternidad, creí que no sobrevivía. Se fue la luz y de repente las casas se caían. Pasamos la noche en vela con los vecinos en la carretera y al día siguiente volvimos a la casa para ver qué se podía rescatar.”

La  mirada cansada y desolada de doña Victoria se llena de lágrimas al recordar que prácticamente no tiene nada. La situación se ha vuelto más crítica. Ella narra que el 23 de este mismo mes fue algo mucho peor, otro susto que trajo consigo más réplicas y que marcó la dirección de familias enteras que decidieron huir de la población.

“Nunca habíamos vivido algo así. Gracias a Dios no estamos solos, mucha gente nos ha ayudado. Ésta casa en la que ahora duermo me la dieron los menonitas. Fue un apoyo muy grande, porque dormir en lonas no es bueno por mi edad y mi salud. Además me he estado enfermando constantemente y necesito un lugar más estable.”

CASAS PROVISIONALES

Las casas prefabricadas por los menonitas miden 6 metros de largo y 4 de ancho. Son hechas de aluminio galvanizado y están pintadas en tono guinda y blanco. Son totalmente gratuitas y con  fuerza se pueden instalar fácilmente. Es una gran ayuda para las personas mayores como doña Victoria, quienes no pueden permanecer expuestas a la intemperie.

La familia del señor Humberto Ordaz también recibió una casa pero de diferente material. La de ellos está hecha con costales de arena y cemento denominada superadobe. El señor Humberto es alto, moreno y delgado. También es víctima de los terremotos y vive angustiado desde que su madre quedó en camilla, e inconsciente por un infarto cerebral, el cual fue ocasionado al ver todo su patrimonio destruido.

“Somos afortunados, porque pese a que se nos cayó  todo y nos quedamos sin nada hubo gente que nos ha brindado su ayuda. Para esta casa no pidieron ni un quinto, nos la regalaron. Nosotros solamente estuvimos pendientes de los trabajadores, les dimos su agüita y algo de comer. Antes de tener esta casa nos quedábamos a dormir debajo de las lonas, a la intemperie y desafiando al mal tiempo”.

Un fogón improvisado salvó a la familia Ordaz en los primeros días después del sismo. Aunque al principio no tenían nada qué comer fueron apoyándose con los vecinos y demás familia. Todos estaban igual, sin estufa, luz y casa. No había a dónde volteara ver.

Las personas estaban desesperadas porque no veían apoyo del gobierno. Tardaron mucho, más de una semana. Gracias a las redes sociales y a los medios de comunicación el resto del país fijó la mirada en Asunción Ixtaltepec y se dio cuenta la dimensión del desastre. Así fue como comenzó a llegar la ayuda.

“Nos trajeron víveres, agua, comida, colchonetas. Los militares andaban rondando. Nos veían cómo sacábamos los escombros, pero no se ofrecían a ayudarnos. Como seres humanos, vecinos y hermanos que somos, nos echamos la mano. Teníamos que apoyarnos y salir adelante. Mi madrecita linda no aguantó a ver toda la destrucción y con el infarto cerebral no puede hablar. Tiene la mitad del cuerpo paralizado. Pero estamos seguros que tarde o temprano nos vamos a recuperar de esto, con la ayuda de Dios”.

El rostro de Humberto Ordaz estaba mojado por las lágrimas de esperanza y agradecimiento. El cuál expresó hacia todos los medios de comunicación por fijar la mirada en los damnificados. Piensa que la labor periodística es muy importante en estos casos y solamente así se conoce todo lo que acontece en el país.

AYUDA

Alfredo López Guzmán también es testigo de esos momentos de sufrimiento. Describe el crujido de la tierra en el momento del terremoto y cómo se derrumbaban las casas. En esos instantes todo era eterno.

“Las paredes de mi casa se cayeron precisamente donde minutos antes estaba acostadita mi nieta. Si no la hubiésemos quitado seguro quedaba aplastada. Parecía una escena de las Torres Gemelas, cuando se derrumbaron y todo el polvo se levantaba. Había un fuerte olor a gas y no se podía ni respirar, con una chispa todo podía explotar”.

En la calle de la casa del señor Alfredo se escuchaban llantos, gritos, dolor y desesperación. Muchos tinacos desprendidos y caos total. Pasando esos días de dolor comenzó a llegar la ayuda. Las familias en ese punto de la región tenían para desayunar, comer y cenar. Aunque ahora ya no les llega en la misma cantidad y siguen sobreviviendo con lo poco que hay.

“El apoyo que nos ha brindado la gente es algo que no vamos a olvidar nunca en la vida. Los temblores ya son parte cotidiana. Cuando escuchamos el crujido de la tierra ya sabemos hasta de cuanta magnitud es. Ahí le calculamos”.

EL GOBIERNO

Don Alfredo expresó que la ayuda por parte del gobierno fue muy escasa. “Se tardaron en mirarnos y lo único que dieron fueran unas cajitas chiquitas de despensa. Un kilo de arroz, un kilo de azúcar que sólo te dura una semana y no alcanza. Se ha recibido mucho más de la sociedad civil y eso que le corresponde más al gobierno. Ellos piensan que con ayudarnos con esas cajitas cubren nuestras necesidades, pero no es así”

Entre otras fuentes anónimas hubo personas que comentaron la llegada del gobernador, Alejandro Murat, y del presidente Enrique Peña Nieto.

“Cuando llegó Peña parecía que importaba más la foto. Al él lo rodeaba su gente del PRI. Nunca se acercó a nosotros, lo iban cuidando. Nuestra misma gente estaba emocionada por verlo. No se daban cuenta que es responsabilidad de ellos, yo no quise  tomarme la foto con ese sinvergüenza, me importa más ver qué voy a comer porque perdí mi trabajo”.

LAS TARJETAS

El apoyo más “fuerte” por parte del gobierno son las famosas tarjetas. Repartidas en octubre por parte de personal del Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros (Bansefi). Son de débito con recursos del Fondo de Desastres Naturales (Fonden) en Oaxaca.

Quejas hubo desde el inicio, porque además de la poca cantidad comenzaron las clonaciones y robos. “Se suponen que traen 120 mil pesos, pero realmente no es esa cantidad.  A mi suegra le clonaron, le quitaron 13 mil de su tarjeta.

“Las tarjetas según tienen 120 mil pesos, pero me da mucha tristeza que mucha gente cuando va a ver su estado de cuenta no tiene nada, les quitan y roban. No se vale porque esta situación que pasamos no es para que nos hagan eso. Necesitamos el dinero, estamos sin nada. Me duele ver a mi gente, a mis paisanos llorar de coraje al ver que no tienen nada”.

Así se vive el dolor en la tierra de “Chuy” Rasgado y su adorada “Naela”. Cada despertar es un nuevo comienzo. Desafiar los malos tiempos es deber de cada quién.

“Si el gobierno no quiere ayudarnos, nosotros tenemos que ver la manera de seguir adelante, vivir con los temblores ya es parte de nuestra vida. Tenemos que aprender a ser felices”.

LA RECUPERACIÓN

Ixtaltepec es cuna de alfareros y panaderos. La señora Leticia González trabaja en la alfarería. Apenas volvió a su rutina, porque tuvo pérdidas. Ella trabaja en la casa de su madre, le ayuda a elaborar las artesanías.

Muchos objetos de barro se quebraron. Algunos puercos están maltratados y las ollas con agujeros e imperfecciones. Leticia pinta las figuras mientras narra que todo lo que está hecho fue fabricada antes del sismo. No hay podido hacer más.

Las semanas y meses la pasaron en albergues y tratado de ayudar. Pero ahora es momento de regresar a trabajar. Con entusiasmo y energía la señora cuenta que es tiempo de levantarse, de darle la buena cara a estos tiempos tan difíciles que ella nunca antes había vivido.

Miles de historias se cuentan en Yaati (signicado de Ixtaltepec en Zapoteco) o Cerro Blanco (Náhuatl), donde hay esperanza y dolor. Porque aunque los hornos de barro en las panaderías se hayan caído hay formar de volver a repararlos.

Quizá tardarán años para volver a ver a este pueblo completo. Pero las 12 mil 674 réplicas hasta hoy han cambiado la forma de ver la de vida en estas personas. Ahora el vecino es tu hermano. Tu comida no es sólo tuya y en tu casa podrían vivir todos tus seres queridos sin problema, porque no somos nada en la tierra, pero juntos, somos todo.

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