#8M, siempre hay nuevos motivos para la lucha de todas

Por Arantza García

Foto: Mónica Loya

“No puedo creer que tenga que seguir protestando por la misma mierda”, se lee en la pancarta que una mujer de la“tercera edad” carga durante su paso en la marcha del ocho de marzo de 2018.

Sí, es la misma mierda y responde al mismo problema socio cultural: el patriarcado.

Hasta la fecha no hay una aproximación del tiempo que las mujeres tendrán que seguir luchando, pero una cosa es clara: el movimiento ha logrado todas sus demandas. Una a la vez pero con éxito.

El ocho de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer, proclamado oficialmente  en 1975, aunque antes ya se habían dado indicios. Una conmemoración que tiene cabida en todo el mundo, donde por un día las mujeres de todos los continentes hablan el mismo idioma.

En este día, reclamar es la palabra precisa.

Un vocablo que viene del latín reclamare, re: mirar hacía atrás. Clamare: pedir en voz alta, gritar, exigir.

Si como su prefijo manda miramos hacia atrás, nos damos cuenta que este día ha visto pasar muchas exigencias y logros: el sufragio universal; la legalización del aborto en muchos países, la ley para el divorcio; abrir cuentas bancarias para las mujeres, la formación profesional, la maternidad como elección y la lista sigue…

Cuarenta y cuatro años después  es preciso hacer un alto y preguntarnos el por qué se manifiestan ¿Cómo estamos?

Hoy, las a cifras por feminicidios se han disparado, en 2018 se cometieron 86 mil crímenes por feminicidio en todo el mundo, según cifras de la Organización de las Naciones Unidas.

El 2019 comenzó con tres mujeres asesinadas en Bolivia.

Al mismo tiempo su país vecino, Argentina, se conmocionó por el feminicidio de la joven Celeste Castillo. En Miramar cinco hombres violaban a una menor de catorce años. En chile, María Barría de 56 años de edad era asesinada por su pareja  mientras que en nuestro país son asesinadas nueve mujeres al día.

 

La vida de las niñas se ve amenaza por violaciones y abusos sexuales. Más de ocho mil mujeres están desaparecidas en México.

A principios de febrero la Ciudad se aterrorizó por los secuestros ocurridos a mujeres jóvenes en el transporte público. Y la lista sigue, y las muertes no paran.

 

Detrás de todas las cifras hay  un cementerio de cadáveres que guardan cuerpos irreconocibles. Infancias interrumpidas por embarazos no deseados, abortos que terminan en muertes.

 

Parece que hoy las mujeres de todo el mundo exigen lo mismo: el derecho a vivir.

 

El feminicidio no entiende geografía y supera todas las fronteras. A las mujeres se les mata por el simple hecho de ser mujer.

 

Lo mismo aquí que en África. Lo mismo en Argentina que en Estados Unidos, Japón, Bélgica… Lo mismo en todo el mundo.

 

El ocho de marzo dejó de ser una demanda socialista y se transformó en un grito de guerra, no se busca más el voto, se pelea por la vida.

 

Y entonces… ¿Progresamos?

 

Sí, el feminismo tomó lugar en la Agenda Nacional, las manifestaciones en busca de los derechos de las mujeres se convirtieron en un fenómeno internacional. Cada vez hay más debates entorno al género.

 

Marcas como Disney, Nike y Gillette han tenido que cambiar sus discursos para dejar de reproducir estereotipos. En el modelo educativo comienza a gestarse una nueva propuesta que incluya temas de sexualidad más allá de la reproducción. Se reformaron 27 leyes en diez y siete países. Cincuenta y dos países reforzaron su legislación para afrontar la violencia contra las mujeres y niñas. Cuarenta y tres, incrementaron el presupuesto para la igualdad de género y el empoderamiento.

 

Más allá de las reformas las mujeres se organizan y juntas derrumban el silencio: Se formó el Mee Too y  con el ejemplo actrices argentinas y mexicanas denunciaron abusos sexuales por parte de productores reconocidos.

 

Se ha progresado, pero parece que hace años, cuando se destapó la coladera que guardaba la inferioridad de la mujer, no se dimensionaba lo que representaría. Porque que cuando se obtiene una victoria hay algo nuevo por lo que luchar.

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