Juégate la vida

 

Por Astrid Perellón

 

El juego es la escuela más duradera y trascendental. Pensamos erróneamente que es una etapa infantil pero, al crecer, lo único que sinceramente estamos esperando es el fin de semana o vacaciones para poder <<jugar>>. Los juegos cambian con la edad pero siempre conservan los siguientes factores:

 

-Mediante la informalidad, influyen el estado de ánimo receptivo

-A través de la exploración, provocan autoconocimiento

 

Escucho papás que eligen la escuela más vistosa y equipada de juegos antes de la Primaria y, cuando sus hijos cumplen 6, pueden dar un giro total, buscando la que emane disciplina y seriedad (con seriedad me refiero a que todo parezca producido en serie: la alineación de las bancas, los atuendos, los ladrillos en la pared).

 

Olvidamos quizá que la evolución misma requiere el pensamiento fuera de la caja, la iniciativa, la originalidad, el cuestionamiento para la aparición de algo nuevo hacia lo cual aspirar. La humanidad se beneficia de los investigadores, innovadores, visionarios. Esos son los que mantienen un estado de ánimo receptivo, explorando en todo momento. O sea, <<los juguetones>>.

 

Haciendo cuentas, el tiempo que pasamos cultivando las habilidades que nos harán adultos sobresalientes es menor que lo que dedicamos a cumplir con procedimientos estandarizados que otros puedan calificar como avances. ¡Qué contradicción! Pues hay un sinnúmero de anécdotas sobre pensadores que eran niños indomables (Edison, Einstein, Da Vinci, Ana Frank). ¿Por qué aprender sobre ellos en la escuela si no nos permiten ser como ellos?

 

Es común que un estudiante crezca pensando que aquellos eran especiales y que todos los demás deben prepararse para tolerar un empleo que pague vacaciones suficientes para poder, ahora sí, jugar. ¡Ya basta! Propongo que te juegues la vida, esto es, no dejes de hacer algo que te es natural. Si no tienes espacio para hacer, procura al menos usar tu tiempo mental para Ser juguetón. No <<molestingón>>, no irresponsable, sino feliz, creativo, explorador, curioso…

 

Los libros son juegos en el pensamiento, también lo son las películas. Estamos jugando a que somos otro. Disfruta una buena lectura o una trama cautivadora en la pantalla sin remordimiento. También procura usar el cuerpo para jugar; ten más sexo, pasea por la naturaleza, salta charcos. ¡Lo que se te ocurra!

 

Haz como en aquella fábula del aquí y del ahora donde un Ser tocó el hombro esquelético de la Muerte y gritó <<¡Tú las trais!>>. Hasta la fecha, la Parca aún lo persigue, ambos muertos de risa porque, de todas formas cuando aquella lo alcance, el juego seguirá.

 

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