A 75 años de El Principito

Por Karenina Díaz Menchaca

 

Este año se cumplen 75 años de una de las obras más bellas de la literatura universal: El Principito.

Algunos simbolismos en El Principito son fáciles de descifrar a simple vista y otros no.  Pero siempre contará con un misterio que se vuelve entrañable una vez que los tocamos.

Es curioso, a pesar de que siempre encasillan esta obra en los anaqueles de literatura infantil, a mí no me lo parece, como casi toda literatura infantil tiene la crueldad que cualquier humano, tenga la edad que tenga  puede desarrollar y los mensajes provienen de un inconsciente de bruja ancestral que dista mucho de la inocencia.

En El Principito: la muerte, el amor, la amistad, el apego y los valores serán el recordatorio constante de que hay que  “dejar que la vida nos sorprenda”, pero con párvula mirada ante todo.

¿Creerán que en El Principito no hay maldad?, la hay porque nos presenta aquella radiografía en donde somos impresionantemente susceptibles a pesar de nosotros mismos, ¡vamos! es una maldad natural. La serpiente, mítico personaje del Génesis, también logra seducir al Principito en medio del desierto. El amor es muy atormentado y la muerte no es opcional; hay ansiedad, miedos, aburrimiento… soledad, pero también una enseñanza que no te la quita nada ni nadie y que te hace llorar mucho, mucho, porque te das cuenta de lo tonto que somos al preocuparnos por todo, por ese mundo adulto tan adulto que nos vuelve grises, como los personajes de Momo, de Michael Ende.

Hablemos de la rosa de El Principito: La rosa no es una simple rosa, es la flor que provoca el desenfreno y apego, el amor apasionado, el mismo, acaso que tuviera Antoine de Saint-Exupéry por su amada Consuelo Suncín, una mujer de nacionalidad salvadoreña – calificada como “seductora” y hasta “buscadora de fortunas” por la familia aristócrata de Saint-Exupéry cuando contrajeron matrimonio- , la verdadera rosa, vanidosa y caprichosa, retratada en la historia de El Principito es ella, Consuelo Suncín, de quien Marie-Hélène Carbonel escribiera el libro Una Novia vestida de Negro. Un libro hecho gracias a las cartas que Consuelo dejara a su heredero literario  José Martínez-Fructuoso, en las que nos revela un Saint-Exupéry “cruel, negligente, avaro y derrochador”. Sin embargo, la autora hispanista,  profesora de Letras Hispánicas de la Cátedra Goya del Centro Universitario Mediterráneo en Niza, Marie-Hélène Carbonel, nos revela algo más en los símbolos de El Principito:

“La rosa es Consuelo”. “Los tres volcanes son los volcanes de El Salvador. Los baobabs son las ceibas a la entrada del pueblo de Armenia, en El Salvador. La rosa que tose es Consuelo, que sufre de asma, que es frágil y por eso está protegida bajo una campana de cristal”.

Por cierto, como dato interesante, Consuelo Suncín estudió periodismo en México, cuando ella tenía 24 años de edad y conoció a José Vasconcelos, al momento de entrevistarlo caen “encantados”. Vasconcelos la llama “La Sherezade del trópico” por su habilidad como cuentista, gracias a él, ella logra viajar a Francia para estudiar francés en donde conocerá a Enrique Gómez Carrillo, quien será su segundo esposo. Habremos de conseguir el libro Una novia vestido de negro para enterarnos de más detalles ¿no?  Porque ya me quedé picada.

Si tienen algún ejemplar de El Principito se darán cuenta que el autor francés -cuyo nombre verdadero era Antoine Marie Jean-Baptiste Roger Conde de Saint-Exupéry,  era conde, así que nuestro autor venía de la aristocracia de Lyon y por cierto, no fue un alumno brillante (este dato siempre es un consuelo para quienes no dan una en la escuela, pero de una vez les digo que los genios no se dan en macetas) –  dedica su libro a León Werth, con una dedicatoria muy sentida que dice:

A Léon Werth

Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una buena excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de entenderlo todo, incluso los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Necesita ser consolada. Y si todas estas razones no son suficientes, quiero dedicar este libro al niño que esta persona mayor fue una vez. Todas las personas mayores fueron al principio niños. (Aunque pocas de ellas lo recuerdan.) Corrijo, pues, mi dedicatoria:

A LÉON WERTH,

cuando era niño.

León Werth, ensayista y novelista francés fue un gran amigo de Antoine de Saint-Exupéry. Cuando ya había acabado la segunda guerra mundial y nuestro autor hubo fallecido, León dijo:  “la paz, sin Tonio (Exupéry) no es enteramente la paz.”

Aunque, sin presumir, les diré que la dedicatoria que mi padre le hizo a una servidora al regalarme este libro en 2002 es la más conmovedora y de las más trascendentes que tendré en mi vida.  Gracias a mi padre  por primera vez leí El Principito, justo en el momento en que necesitaba leerlo, yo lejos de casa, con sus palabras me hizo entender que “lo esencial es invisible a los ojos”.

 

LA PELÍCULA: Tienen que verla, dirigida por Mark Osborne. Muy bien hecha, tiene unas ilustraciones impresionantes, combina los tiempos actuales desde una niña que viajará a través de las páginas de El Principito, a pesar de tener una adaptación, es fiel al origen. TRAILER

Datos de nuestro autor:

Se hizo piloto cuando estaba cumpliendo el servicio militar en 1921, en Estrasburgo. Fue un hombre que vivió muchas experiencias como aviador, tantas que una de ellas le costó la vida el 31 de julio de 1944.

SUS OBRAS FUERON:

1926: L’aviateur (El aviador)

1928: Courrier du Sud (Correo del Sur)

1931: Vol de Nuit (Vuelo nocturno)

1939: Terre des Hommes (Tierra de hombres)

1942: Pilote de guerre (Piloto de guerra)

1943: Le Petit Prince (El principito)

1944: Letter to a Hostage (Carta a un rehén)

1948: Citadelle (Ciudadela)

1953: Lettres de jeunesse (Notas de juventud)

1953: Carnets (Cuadernos)

1955: Lettres à sa mère (Cartas a su madre)

1982: Écrits de guerre (Escritos de guerra)

2007: Manon, danseuse (Manón, bailarina)

2008: Lettres à l’inconnue (Cartas a lo desconocido)

 

 

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