A un año del 19S

Por Karenina Díaz Menchaca

 

Ya un año del 19S.

Sin duda, ha sido el duelo más duro, afortunadamente no hay duelo aún que lo haya asemejado. No hay por qué acumular tanto dolor con tan pocos años, ¡ja! Los que sobrevivimos hemos aprendido un montón de cosas. Lo más importante es que aquella frase sobada de que: ‘lo más importante es estar vivo’. Totalmente real.

En el momento del terremoto estaba charlando de lo mismo, o sea, de temblores, habíamos acabado de hacer el simulacro y ¡sopas! un movimiento trepidatorio alteró la rutina de aquel día soleado. Unos días antes, un compañero de trabajo, quien gusta hablar de malos presagios, me contó que a su vez le contó un señor que cuando solía llover con tanta fuerza y con tanta frecuencia, era señal de un sismo importante. Y éste, entre broma, se le hizo fácil andar de chistosito: “que venga un temblor, pero de esos fuertes”.

Su premonición, una semana antes, se hizo realidad. Salí despavorida con el único pensamiento de que mi hija estuviera bien. La colonia Roma ya era un campo de guerra, caminé sobre el Viaducto, hacia la calle La Morena. En Torreón colapsó un edificio, el espectacular tirado sobre la lateral del Viaducto fue lo que, de pronto, me pudo haber dejado aletargada, minada, inmóvil.

Nada de eso. En la cabeza sólo rondaba mi pensamiento de que tenía que llegar hacia ella. Nada, absolutamente nada era, ni es, lo más importante en mi vida, nunca pensé en lo material que acababa de perder. Finalmente llegué con mi hija y antes de decirle lo que había pasado, le supliqué a su profesor que la dejara sacar su mochila, ahí venían sus peluches favoritos. Le harían compañía después.

“¿Por qué teníamos casa en la mañana y en la tarde ya no?, esta frase nunca la voy a olvidar. No supe qué contestar.

De ahí en adelante ya saben la historia de lo que ha sido una ciudad dañada y envalentonada al mismo tiempo. Para mí no ha sido nada fácil, la vida también me la movió el sismo, hay noches que no puedo dormir por terror a escuchar la alarma sísmica. Pero al mismo tiempo valoro mucho el día a día en el que vivo, trato de leer y escuchar cosas positivas, a la gente tóxica trato de evitarla, así como discernir de lo verdaderamente importante. Mi familia, sin duda, mi prioridad, la salud y la vida misma. A quienes seguimos aquí, sabemos que aún no era nuestro momento de despedirnos de este plano.

Bendigo profundamente a los familiares que perdieron a un ser querido y les deseo con todo el alma que se repongan. Aprendimos como sociedad, pero las tragedias naturales no hay quien las detenga. Al edificio donde viví  12 años lo están demoliendo poco a poco y cada vez que veo la escena me duele, pero tuve la oportunidad de despedirme de ese pequeño espacio en donde albergué muchas alegrías, pleitos, navidades, cambios, llantos, gente, amistades y un balcón que en varias ocasiones me hizo sentir DICHA, un estado de ánimo que es como una mezcla de tranquilidad acompañada de agradecimiento que nunca más he vuelto a sentir, pero que sé que no será la última.

De hecho, fue unos días antes del 19S que incluso postee en el muro de feis, la DICHA que estaba sintiendo en ese momento, mirando hacia el balcón, con una tormenta afuera y yo desde casa, después de comer una rica ensalada, dando gracias a la vida y a dios de lo afortunada que era…aunque, ¡sigo siendo afortunada!, sin lugar a dudas.

 

 

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