El affaire Monreal y la cultura política de Morena

Por Armando Martínez Leal

@armandoleal71

 

El utopismo occidental, en el sentido último de la palabra,

consiste en una determinada manera

de estar en el mundo en que vivimos;

de vivirlo como un mundo que normal o efectivamente

es imperfecto, incompleto, “inauténtico”,

pero que tiene en sí mismo,

coexistiendo en él, una versión suya,

perfecta, acabada o “auténtica”;

una versión además, que debería estar siempre

en el lugar o la dimensión de lo real…

Bolívar Echeverría

El pasado domingo 24 de agosto, el principal partido de oposición en México, el Movimiento de Regeneración Nacional, dio a conocer los resultados de una encuesta sobre su candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. El resultado era ampliamente esperado, en principio porque se trata de la organización política que va adelante en diversas encuestas que se han levantado hasta ahora, sobre preferencias electorales en la ciudad. De acuerdo a una encuesta del periódico: Reforma (31/07/2017), Morena aventajaba con un 34 por ciento, frente a un 17 por ciento del Partido de la Revolución Democrática, casi duplica en preferencias. Los capitalinos prefieren al recién creado organismo político tanto para la Jefatura de Gobierno como para el poder legislativo local.

Pero también porque Morena se ha colocado en el espectro político como el organismo que rescata una posible tradición de izquierda en México. En este partido político y en su principal dirigente se han aglutinado las esperanzas de la sociedad mexicana de un “verdadero cambio”, tanto a nivel local, como nacional. Morena se coloca en el espacio político como un organismo que se define bajo tres principios programáticos: “No mentir, no robar, no traicionar al pueblo. Estamos luchando porque queremos transformar al país…”, bajo estas líneas básicas la principal fuerza opositora del país intenta crear una nueva patria.

Sin embargo en la praxis Morena se ha alejado de alguno estos principios rectores, en los hechos parece que el pragmatismo es la premisa básica para la transformación. Un pragmatismo que sujeta sus decisiones a la toma del poder Ejecutivo. Los esfuerzos políticos de los integrantes de esta organización opositora están supeditados a ello, no hay punto de inflexión, toda postura pasa bajo ese matiz. Para ello lo mismo se alía con viejos enemigos, que se hacen de la vista gorda en el monumental fraude electoral del Estado de México, el pasado julio.

Las decisiones de Morena, están en torno a ganar la Presidencia de la República, desde allí podrán transformar a la Nación. Mientras, se deja de lado la construcción de una cultura política democrática. Morena se ha caracterizado por ser un partido que gira en torno a la figura de Andrés Manuel López Obrador, sus dirigentes locales le rinden un culto especial. Se plantea que es él fundador de dicha organización, como si se tratara de un esfuerzo individual y voluntarioso la construcción de un partido político, como si la transformación del país dependiera únicamente de un dirigente y no fuera un proyecto colectivo de abajo hacia arriba.

El Movimiento de Regeneración Nacional es un proyecto colectivo, donde han participado millones de mexicanos con una larga historia en la lucha por la transformación del país, un salto que para algunos no es sólo la toma de la presidencia sino que pasa por ir creando una cultura política democrática. Es cierto en la vieja tradición política mexicana, la cultura imperante en las organizaciones políticas es la que hegemónicamente se ejerció durante más de 75 años: la priista; desde el culto al dirigente político, hasta la manera clientelar de organizar a los militantes o adeptos.

Recuerdo la anécdota de un militante de Morena, en la delegación Benito Juárez, que al visitar una casa y explicar el programa político del partido, la señora le respondió: “Sí está bien, pero tú que me das a cambio”. El voto y la participación política en México han sido cosificados a su grado más álgido. La democracia no tiene ningún sentido, la mayoría de los políticos se enriquecen a partir del erario. Los grandes problemas que aquejan a la Nación siguen postergándose, porque los casi 57 millones de pobres son extremadamente convenientes para esa cultura política.

Desafortunadamente Morena no ha podido cambiar esa cultura política, es cierto a su principal dirigente no le han comprobado un acto de corrupción, probablemente sea un honesto valiente o, un valiente honesto, lo mismo puede suceder en el caso de sus militantes, pero no es suficiente con ello. El que no sean corruptos no se vuelve la salvaguarda, aunque la es de manera insuficiente. Los militantes de Morena deben luchar sistemáticamente por crear en sus entrañas una cultura política democrática. Que la política no se vuelve un qué me das a cambio, sino una praxis ético-política que inicie la transformación.

Sin embargo en la elección de su candidato a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, Morena erró en todos los sentidos. En principio porque parece que las elecciones sólo cuentan si las organiza el INE (Sic), es decir, al definir su candidato —del segundo puesto de elección popular, más importante—a través de una encuesta denota sus limitaciones políticas. Si Morena iba en la cabeza de las encuestas locales, desde el pasado proceso electoral (hace más de dos años) logró convertirse en la primera fuerza en la Asamblea de Representantes, ¿por qué no trabajó en crear los mecanismos para la elección democrática y transparente de su candidato?

¿Por qué no confía en sus militantes para que sean ellos los que elijan al candidato? Tal vez porque la cultura política priista permea en dicha organización, tal vez porque el reducir los esfuerzos a consolidar una candidatura, la de López Obrador, ha dejado de lado una tarea elemental del organismo, crear una cultura política democrática. Si Morena es el principal partido opositor, si es una fuerza nueva y transformadora ¿por qué no ha transformado la política? ¿Por qué reduce la política al evento simple de un estudio de opinión? ¿la política es opinión?

El affaire Monreal refleja como mónada, la condición de la política al interior del Movimiento de Regeneración Nacional. Es cierto Ricardo Monreal es uno de los principales “dirigentes” de dicha organización, en la prensa se le señala como un “operador político”, como aquel que “sabe ganar elecciones”, un personaje con amplia experiencia, fue gobernador de Zacatecas, senador, diputado y coordinador de la campaña a la presidencia de la República de Andrés Manuel López Obrador, actualmente se desempeña como jefe de la delegación Cuauhtémoc. Monreal es el político que reduce su praxis a los puestos de elección popular ¿hay política sin puesto? ¿qué es la política para el morenista zacatecano?

El affaire Monreal plantea severos cuestionamientos a Morena, en principio por su incapacidad para recrear la política, pero también por apostar a una transformación gradualista del país. Cada individuo debe tener como máxima dejar el mundo, el espacio que le rodea, de una forma distinta, mejorarlo; la política es el espacio donde el bien común debe expresarse por antonomasia. En México la política se ha reducido a su función estrictamente utilitaria, donde el político asciende socialmente, deja su sencillo departamento en renta, por una casa lujosa, ya sea Blanca o un departamento de una zona exclusiva de Miami.

El affaire Monreal nos demuestra que Morena no es un partido de izquierda, porque el serlo implica necesariamente una praxis específica, que va desde el combate al machismo, la homofobia, pasando por la igualdad social, económica… cultural, por poner algunos ejemplos. Morena se ha quedado sólo en una instancia declarativa, no ha aprovechado su mayoría parlamentaria en la Asamblea de Representantes de la Ciudad de México, ha permitido, por pragmatismo político que la Ciudad de México esté en las condiciones en las que subsiste, es como si apostara a la crisis total y de ahí reconstruir, pero mientras los ciudadanos vivimos su incapacidad y pragmatismo.

El affaire Monreal nos devela a un partido de oposición con vicios y profundas contradicciones, parece que lo único que une a seres tan distintos es la llegada al poder ¡Espero equivocarme! Monreal ha declarado insistentemente que sólo tiene un plan: “Ser candidato a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México”, el resto no importa, un proyecto colectivo se vuelve el camino para lograr un meta individual, el voluntarismo individualista permea groseramente a esta nueva organización política. Y tal vez Monreal siga el ejemplo de su líder… por ello crea legítimo su reclamo.

Morena es un partido en donde se aglutinan muchas de las esperanzas de transformación del país. Los mexicanos están urgidos de un cambio, de que sus políticos dejen de robar, que sean eficientes, que les resuelvan los problemas, que reflejen las transformaciones socioculturales que hoy se expresan en la sociedad mexicana, que sean una vanguardia, que abandonen el ostracismo.

Morena concentra las aspiraciones políticas de un pueblo que no está dispuesto a tomar las armas para transformar el orden existente. Sin embargo no está a la altura de tal reto, prefiere vergonzosamente exhibir públicamente su mezquindad. Monreal se ufana de sólo tener un camino, o soy candidato o soy… el discurso chantajista del zacatecano nos devela que lo que lo cohesiona a Morena no es un principio ético, un programa ideológico, sino la aspiracional idea de cumplir un sueño.

Entre 1939 y 1940, Walter Benjamin escribió Sobre el concepto de historia —texto, como toda su obra llena de lucidez—, ahí elabora una crítica al socialismo real, así como a la izquierda alemana, representado por la Socialdemocracia, para ambos hay una aguda crítica compartida, la renuncia al carácter utópico de la izquierda por el pragmatismo político. Y es que la izquierda en Alemania, en la Rusia revolucionaria y en el México actual tiene entre sus retos y tareas, alimentar la esperanza de los pueblos, la posibilidad de que las cosas cambien, que si el individuo se lo propone, aquel entresueño será posible, que tú hija regrese con vida, que tengas para comer todos los días carne, pesado, pollo y verduras, que tus hijos ingresen a la educación superior, vayan al cine, asistan a conciertos, que tengas trabajo, que puedas vivir una vejez digna, que si te enfermas tengas la atención debida.

En el parágrafo VIII, Benjamin indica: La tradición de los oprimidos nos enseña que el “estado de excepción” en que ahora vivimos es en verdad la regla. El concepto de historia al que lleguemos debe  resultar coherente con ello. Promover el verdadero estado de excepción se nos presentará entonces como tarea nuestra, lo que mejorará nuestra posición en la lucha… La tarea fundamental de la izquierda es develar el verdadero estado de excepción en que habitamos, no es normal los más de 260 mil muertos, los desaparecidos, los 57 millones de pobres —que han sido reducidos estadísticamente a 52 millones—, que la desigualdad imperante sea el verdadero estadío civilizatorio. Es necesario tomar nuestra tradición de oprimidos, los derrotados de siempre y desde ahí generar una nueva ética, una nueva forma de construir el espacio público, la manera en que socializamos, cómo nos vemos, entendemos. Nuestro sentido de la solidaridad, nuestro abandono.

Claudia Sheinbaum será la candidata, puede serlo… pero el affaire Monreal devela que el cambio generacional y el reto que ello implica, no han pasado por todos los matices, las élites ceuístas deben de tomar el reto que las confronta, poco han hecho para volver a Morena un partido de izquierda, desde el cómodo sillón de la delegación Tlalpan se han desentendido de recrear la política… ¿se nos ha olvidado las asambleas democráticas de 1986-87? ¿o sólo preferimos quedarnos con aquella máxima de la responsabilidad histórica del dirigente… no desbarrancar al movimiento? Pero mientras el Congreso fue una jugada de ajedrez a tablas… pero mientras el enano gibado del progreso sigue moviendo los hilos de la desigualdad, la injusticia y la desesperanza.

 

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