¿Hasta ahora condenamos el armamentismo yankee?

Por Víctor Del Real Muñoz

 

Recientemente hemos podido escuchar en los principales medios de comunicación de México y Estados Unidos la percepción y el tipo de enjuiciamiento que se le da al tema del uso de armas en la Unión Americana, las consecuencias que esto tiene para la sociedad desde muchos criterios, así como el poderío económico que está detrás del tráfico de armamento que los estadounidenses venden, como si esto fuese nuevo o hasta extraño.

 

Resulta paradójico que al mismo tiempo que el presidente Donald Trump pone a la mesa la idea de que los profesores den clase con armas a la mano en Estados Unidos, a propósito de la última masacre y acto de barbarie al mismo tiempo en Florida con el joven Cruz, los principales medios mexicanos aluden al tráfico ilegal de armas que saturan el mercado mexicano, las colusiones con los grupos criminales nacionales con presencia en México y Estados Unidos, y así pues se concluye sobre el permanente polvorín que esto causa para la sociedad mexicana.

 

Esto es una coincidencia muy extraña, y no sé hasta qué punto pudiera ser producto de una consigna para desprestigiar otra de las miles de pugnas social y aceptablemente desprestigiadas por parte del Gobierno norteamericano actual.

 

Estados Unidos históricamente se ha caracterizado por su relación paralela al crimen, la violencia, el saqueo, la intervención, el revanchismo y el criterio armamentista, la guerra, etc. No es nuevo que Estados Unidos tenga problemas al interior de su sociedad, con el tema que lo caracteriza y le da poder a muchísimos de su lobbies económicos más trascendentales: las armas.

 

Estados Unidos además, desde su fundación como Estado, las guerras civiles que le dieron forma, las tradiciones más íntimas de su sociedad desde el arribo de las hordas migrantes de las trece colonias, ha gestado una relación cuasifraternal con el armamento pesado, con la guerra como expresión y lenguaje político.

 

El americano común es un ciudadano de a pie acostumbrado a matar de ser posible, ¿por qué?, porque los estadounidenses fueron educados en la línea del engaño moral en torno a defenderse a como dé lugar, del vencimiento como sea y a costa de lo que sea, esa es la manera de ver la vida por parte de los americanos (públicamente inducidos a). Defender lo mío e ir por lo otro que no me pertenece pero que sé que también es mío. Ante ello, es muy claro el porqué de la sintonía PROPIEDAD ILEGÍTIMA – CRIMINALIDAD.

 

¿La guerra?, ¿podremos aleccionar con criterios de falso humanismo a los armamentistas estadounidenses, de vivir en paz, cuando la guerra es un negocio tan redituable? ¿Por qué no empezar a pensar un poquito en la ley del valor como elemento de discernimiento central en torno al intervencionismo y el uso de las armas? ¿Acaso no nos percatamos que la guerra es un negocio, y que muchos grupos de poder económico han sido históricamente beneficiados con las políticas de guerra?

 

Esto desde luego no es privativo de los estadounidenses, al contrario, es algo que por desgracia se ha expandido a casi todo el mundo, pero Estados Unidos es un país puntero en este tipo de expresiones, de mercados, de lenguaje de sangre […] es en todo caso uno de los principales, si no el que más, incitadores y voceros de la violencia y la guerra, el uso de los armamentos pesados, del código de la delincuencia generalizada más leal con los mercaderes de la sangre.

 

¿Podemos concluir que la sangre, la delincuencia, el crimen y la violencia son rasgos de la ley del valor y por ende íntimos socios del capitalismo?, apuesto a que sí.

 

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