AMLO y la larga lucha por la vía democrática, la larga lucha de contener la violencia

Por Rivelino Rueda

Andrés Manuel López Obrador replica, a boca de urna y en el templete, el mensaje que fue el sustento de su tercera campaña presidencial.

Ese mensaje contagia a sus simpatizantes, pero además los conduce desde las primeras horas del domingo a salir a votar y, casi a la medianoche, a celebrar con un sentido de pertenencia y con una supuesta responsabilidad histórica.

“Vamos a concretar la cuarta transformación de México”, repite el político tabasqueño a 45 minutos de que abran la casilla en la que le corresponde votar, en la zona de Copilco, a unos metros de la Rectoría de la UNAM, pero también así inicia su mensaje por la noche, donde se confirma su triunfo en la elección presidencial.

 

 

Luego pasa al discurso de la “reconciliación nacional”, a de “poner por encima el interés general al interés personal”, al de “no traicionar al pueblo”, al de “no mentir”, al de “no robar”. “¡No les voy a fallar!”, insiste López Obrador rodeado de su eventual gabinete y de su equipo más cercano en un hotel de la zona de la Alameda Central.

El tabasqueño lo repite en la mañana, durante la apertura de las meses de votación; poco antes de las seis de la tarde, a pocos minutos del cierre de casillas; después del anuncio de reconocimiento de su derrota de José Antonio Meade y de Ricardo Anaya; de los “conteos rápidos” del Instituto Nacional Electoral (INE) y del mensaje del presidente Enrique Peña Nieto.

Y luego le da forma a esa varita, a esa fórmula mágica que le funcionó desde diciembre del año pasado, en el arranque de las precampañas, esa que lleva el nombre de la coalición que abandera, la que conforman los partidos Morena, PT y PES, y que asumieron sus simpatizantes como una consigna de guerra, esa que reza “Juntos haremos historia”.

 

 

En su primer mensaje, el virtual presiente electo reconoce los discursos de sus adversarios, a los que un día sí y el otro también llamó “mafia del poder”, y de nuevo anuncia que irá a Los Pinos el martes para acordar la transición del poder.

Y así inicia y así termina la histórica jornada electoral de este domingo para el tabasqueño, para sus más cercanos y para sus simpatizantes. Para todos ellos, este día fue el cambio de estafeta del movimiento de Independencia de 1810, del movimiento de Reforma de 1858 y de la Revolución Mexicana de 1910.

Para todos ellos este 1 de julio de 2018 inicia una nueva etapa en la vida pública del país, la “cuarta transformación”, el “cambio verdadero”, con el ingrediente de saberse partícipes de este evento, porque sí, “la tercera fue la vencida”.

“No habrá confiscación ni expropiación de bienes particulares”, recalca el tabasqueño, intentando disipar las dudas que durante años han expresado sus detractores.

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Luego llega el momento de votar para López Obrador quien, abriéndose paso entre una nube de reporteros nacionales e internacionales, y con la petición de la canción más popular del cantante boricua Luis Fonsi, esa que dice “despacito, despacito, poco a poquito”, ocupa su sitio en el primer lugar de la fila.

Todavía con el cabello mojado por el reciente baño matutino, el abanderado de la coalición Morena-PT-PES confía en que la ciudadanía lo respalde para “iniciar la cuarta transformación de la vida pública de México”.

 

 

Y luego otra vez la referencia histórica en una jornada histórica. López Obrador reitera que votará por Rosario Ibarra de Piedra, quien fue la precursora, desde la década de los setenta, en la llamada “guerra sucia”, de la exigencia de presentación con vida de opositores al régimen desaparecidos por órganos policiacos y militares del Estado mexicano, y a quien le desaparecieron en ese oscuro periodo de la historia del país a su hijo y esposo.

Recuerda que Ibarra de Piedra también fue candidata presidencial por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) en la controvertida elección de 1988, que llevó al poder al priista Carlos Salinas de Gortari, y que encabezó junto con Cuauhtémoc Cárdenas y Manuel J. Clouhier, protestas masivas para denunciar las irregularidades de esos comicios.

También rememora que fundó el Comité Eureka, integrado por madres y familiares de desaparecidos, el cual creó la frase “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”

“Ella (Rosario Ibarra, de 91 años) es una gran luchadora social. Ahora está delicada de salud y quiero rendirle este homenaje en vida, reconocer todo lo que ha hecho ella por la defensa de los derechos humanos”, menciona.

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Al final de la jornada el Zócalo capitalino luce pletórico, a pesar de la negativa de las autoridades de la Ciudad de México de negarle esta plaza para su cierre de campaña.

Ahora ese espacio es literalmente tomado por asalto por sus simpatizantes, esos que se saben partícipes de un evento histórico, esos que enarbolan las frases que le dieron sentido a este movimiento: “Juntos Haremos Historia” y “Es la Cuarta Transformación de la República”.

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