El cierre de campaña de AMLO y la izquierda endogámica y autorreferencial.

Por Varinia Loya Ramírez

 

II

Finalmente AMLO entró, entre gritos y emoción habló firme y fuerte Claudia Sheinbaum,  con un voz lejana a la academia y cercana a la política. Siguió AMLO y ¿Díganme qué candidato se atreve a hacer un recuento de la historia del país? Pues él, y para mí gusto estuvo muy bien,  pero lo mejor fue la lista de nombres de las personas que se han jugado la vida para construir otro país y que entre ellos estuvieran: Valentín Campa y Othón Salazar (Del Partido Comunista Mexicano), porque pensé en mi mamá y en cómo le parece que no han tenido el lugar que se merecen.

Me dio gusto también escuchar los nombres de Ifigenia Martínez y de Doña Rosario Ibarra de Piedra -Arnoldo Martínez Verdugo el gran olvidado-, todos los nombrados fueron justos, pero me faltaron los candidatos muertos en esta elección. Me gustó ese pase de lista por la reiteración al hecho de que las cosas cambian a través de muchos.

Ya metidos en la lógica discursiva mi ánimo mejoró, me gusta escuchar, me gusta compartir y me gusta convivir. Para mí lo mejor de todo fue el final, desde que Eugenia León empezó a cantar -y lo hizo nombrando a Ayotzinapa- hasta la travesía para llegar al metro.

En el tren ligero, íbamos arremolinados -porque es muy tardado- pero bastante tranquilos,  comenzamos a platicar amistosamente entre desconocidos. Un muchacho y su abuelo venían de Guadalajara. Del otro lado, un joven de Administración Pública de mi facultad (FCPS)  que venía desde Tultitlán y que calculaba llegar a la una a su casa -sí alcanzaba el suburbano-; nos contaba cómo esa semana se había echado una serie de conferencias en el COLMEX con los jefes de las principales casas encuestadoras.

Otra señora muy versada en las grillas de Zacatecas platicaba con mucho conocimiento de causa las grillas generales de MORENA.

A mí me gusta cuando la gente se apodera del espacio público, son momentos que disfruto mucho y que significan una ruptura temporal de la indiferencia cotidiana. Platicar entre desconocidos que al igual que yo, están emocionados y expectantes me parece un regalo.

Ya en el Metro. y con mucho menos gente, un señor nos corrige la plática y también interviene para decir que el discurso fue largo, que nosotros lo conocemos pero que obviamente era un mensaje necesario.

Así haciendo ejercicio de un espacio público diferente terminé llegando a mi casa a las doce y media de la noche, sin querer pensar mucho en el muchacho de Tultitlán y sin poderme dormir pensando en lo que había pasado.

Para mí ese cierre de campaña, implicó el desplazamiento de una izquierda endogámica y autorreferencial, me resistí sí, pero eso es también lo que significa realmente aprender a vivir con los otros que son muy diferentes, esperar los momentos de cada quien, respetar los gozos de cada quien, dejar las burbujas que construimos a dónde vamos, disfrutar y cambiar a pesar de las diferencias.

Fui a un cierre de campaña que me tiene con la esperanza en vilo y regresé rumiando el discurso de la diferencia.

 

Para mí ese cierre de campaña, implicó el desplazamiento de una izquierda endogámica y autorreferencial, me resistí sí, pero eso es también lo que significa realmente aprender a vivir con los otros que son muy diferentes, esperar los momentos de cada quien, respetar los gozos de cada quien, dejar las burbujas que construimos a dónde vamos, disfrutar y cambiar a pesar de las diferencias. 

 

I

Pensaba sobre mí, que con la edad y el maternaje había dejado de disfrutar lo masivo, después de los últimos días creo que lo que me pasó es que cambié, pero no tanto. No soy una persona puntual pero inicié mi camino al Estadio Azteca a las dos y media, cuando formalmente empezó a las cinco.

Llegamos alrededor de las cuatro, en algún momento pensé que no lograríamos entrar pero después de preguntar un poco encontramos boletos. Entramos un poco sorprendidos por la poca seguridad.

Mientras esperábamos, pasaron un par de cosas que no me gustaron, por un lado, desde un palco la gente del PES (Partido Encuentro Social)  comenzó a aventar playeras y gorras, y la gente a arremolinarse. Por el otro, cuando entraba alguna figura medianamente reconocida, la gente los saludaba, aplaudia muy emocionada, como si fueran artistas. Y yo pues me llené de ansias, al fin y al cabo, esa también es nuestra cultura.

Nos sentamos en el primer lugar que encontramos, no buscamos más. Creo que los primeros músicos fueron la Banda Sinfónica de Tlaxiaco, muy buenos. Después tocó un grupo de sones huastécos y jarochos llamados Caña dulce, Caña Brava, también muy buenos, enseguida Margarita, hasta ahí todo relativamente bien.

Yo me sentía sorprendida porque hasta que estuve ahí me di cuenta de que estaba realmente en un concierto. Yo esperaba otra cosa y llegué a un concierto, esperaba expresiones políticas y en cambio tuve a unos… (no sé cómo llamarlos ) animadores o locutores muy básicos, me hubiera gustado que dirigiera alguien distinto con cierto discurso político.

 

Fui a un cierre de campaña que me tiene con la esperanza en vilo y regresé rumiando el discurso de la diferencia.

 

El señor que estaba al lado mío, un adulto mayor, originario de Oaxaca, que iba solo porque sus compañeros lo habían dejado y que venía de Vallejo, me tenía al tanto del orden en el que participarían los cantantes. Según él, después de Margarita empezaría el “verdadero” cierre de campaña y de pronto, ¡Anuncian a Belinda!, para ese entonces ya llevábamos un rato hartos y habíamos acordado irnos cuando ella empezara -habían  dicho que se presentaría al final-.

Nos volteamos a ver con cara de susto, no sabíamos qué esperar, se escuchó la música y con los ojos muy abiertos le pregunté a mi hermana ¿se volvió rockera?, eso parecía, hasta que la música terminó por definirse y yo me la sabía, era una canción de Timbiriche, de parecer rock acabó en Timbiriche.

Sentí un poco de pena por mí, pero la canté a ratos. Pensamos que cantaría unas tres canciones, ya por la quinta, miré al señor que estaba junto a mí, y con cara de -pa saber- le dije: -creo que vine a ver a Belinda-.

Entre un público, que a mí me dio la impresión de que estaba más bien apechugando y ya cansado, de pronto anuncia que nos tenía una sorpresita: Espinoza Paz. Yo no lo conozco pero evidentemente el estadio entero sí, ahí la cosa cambió, todo el mundo se prendió y yo nomás con los ojos pelones.

Más atenta a lo que pasaba alrededor,  y en las pantallas, terminé participando en las canciones de mariachi; pero de pronto vi correr a muchos camarógrafos hacia la entrada.

Seguramente ya llegó AMLO dijimos,  y pensamos que ya se había acabado el concierto… pero no, seguimos apechugando por varias canciones más, aunque el ambiente se había tornado festivo, ya era tarde, estábamos cansados y teníamos hambre.

 

 

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