Andrés Manuel, intolerante a la sensatez

Por Marco Jiménez

El periodo neoliberal mexicano, como lo llama Andrés Manuel, abarca de 1988 a 2018 con los expresidentes Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña.

Todos ellos etiquetados como neoliberales y entreguistas del país. Incluso se les llama traidores a la Patria, lo cual en el contexto histórico pareciera que así es, unos más que otros, si es que alguna vez van a juicio por corrupción, enriquecimiento ilícito o cualquier tipo de delito que haya afectado a nuestro país y beneficiado en lo particular a dichos expresidentes, empresarios y otras naciones.

Pero esto se tiene que determinar judicialmente y no por percepciones.

Dicho lo anterior y recordando algunos momentos controversiales en la historia de cada uno de estos personajes, surge Andrés Manuel López Obrador, un duro crítico de acciones de cada sexenio; un crítico sin piedad sobre cada paso que daban los expresidentes, incluso teniendo una férrea confrontación con Vicente Fox en su sexenio que le costó el desafuero y una campaña en su contra.

Esto en parte por los reflectores que le robaba al exmandatario y que dejaban ver una nueva forma de llevar una agenda política, como eran sus mañaneras, y que actualmente como presidente continúa con esa tradición de hacerlas a las 7 de la mañana de lunes a viernes.

Los papeles han cambiado. Andrés Manuel ahora es mandatario y los expresidentes son actores secundarios, incluso algunos de ellos tienen un perfil muy bajo, como lo es Salinas, Zedillo y Peña.

Sin embargo, esto no significa que no sean recordados, ya que algunas mañanas Andrés Manuel los nombra y los culpa de muchos de los males que hoy aquejan al país y de los cuales dice es difícil de salir.

No obstante, hay algo que ellos no hicieron directamente y fue denostar, agredir y/o  descalificar a la prensa directamente. Se tiene por supuesto memoria, por ejemplo, de que llegaban a bloquear a periodistas como a José Gutiérrez Vivó y Carmen Aristegui en el sexenio de Calderón, cuando ésta última preguntó al aire si Felipe Calderón era alcohólico.

Esa simple pregunta, que jamás la aseguró, fue suficiente para que el mandatario, con todo el poder del Estado, presionaran a MVS con la banda 2.5 de cancelarla y no explotarla con tal de que Aristegui saliera del aire en 2011.

Otro caso con la misma Carmen Aristegui fue cuando, con una investigación periodística, dio a conocer el escándalo de “La Casa Blanca” de Enrique Peña Nieto casi al inicio de su sexenio.

Nuevamente el poder del Estado fue para que la periodista saliera del aire por más de 3 años. Estos casos, que son ejemplo del poder que puede ejercer un presidente sobre el gremio periodístico, y que son conocidos.

Por otro lado, Andrés Manuel ha abierto un frente aún más peligroso, y es la confrontación con la prensa a la cual dice respetar, aunque no esté de acuerdo, sin embargo en ese “respeto” que dice tener los enjuicia como “fifis”,”hipócritas”, “doble moral”, “conservadores” y un largo etcétera.

El mandatario debe recordar, si es que no lo recuerda, que México es un país donde son asesinados más periodistas en el mundo y que la libre expresión y la democracia tienen que ser respetadas por el hecho de que es un derecho y no un permiso que se han ganado.

La voz de la democracia debe ser escuchada, le guste o no a los presidentes o expresidentes. Andrés Manuel dice ser un demócrata, pero al parecer es más tirano y conservador que sus antecesores, creando una polarización entre la clase política, la sociedad y su persona. Dicha polarización genera un ambiente de  violencia, desprecio y descrédito hacia cualquier periodista o persona que no esté de acuerdo con sus declaraciones.

Algo que ha olvidado Andrés Manuel es el hecho de que ya no es un eterno candidato y que está haciendo campaña, algo a lo que se acostumbró durante 12 años. Por fin llegó a la silla que tanto ansío y la narrativa debe cambiar, ya que ahora es presidente y no es lo mismo hablar como un opositor al sistema que criticó (periodo neoliberal) a estar desacreditando desde lo más alto de la cúpula del poder del país.

En este alto cargo incluso tiene el respaldo de las Fuerzas Armadas, a las cuales también criticó duramente, y que en sus primeros días trató de reconciliarse para aplicar la misma política de Calderón y Peña, pero con una fuerza mayor y desmedida que puede seguir incrementando las víctimas del narcotráfico y de personas inocentes, sin olvidar a los nueve periodistas asesinados desde su toma de protesta, el 1 de diciembre de 208.

Hay una frase de Joseph Stalin que es cruel y que Andrés Manuel debe tener en cuenta si quiere pasar a la historia como un buen presidente: “La muerte de un hombre es una tragedia, la de millones es una estadística”. Esto referente a la diatriba que cada mañana practica el mandatario sobre cualquiera que no esté de acuerdo con él.

La democracia es apenas un ejercicio que se está ejerciendo y, al parecer, durará muy poco su práctica si el mandatario no cambia su forma de expresarse y acepta que el mundo es diferente a como él lo ve, porque las verdades son parciales y las realidades son diferentes en cada estrato social de México.

Related posts