Angustias diplomáticas del imperio estadounidense

Por Víctor Del Real Muñoz

Ilustración: Ricardo Camacho

Los gatos sin excepción son animales altamente perceptivos; de manera instintiva saben distinguir cuando a su alrededor otro tipo de especies (mamíferas y no) así como otros gatos y otros tipos de felinos, en un mismo instante, estén a su asecho.

El gato. sin necesidad de tener ojos en la espalda, o cerca de su cola, sabe usar muy bien su vista periférica y vía la respiración con el aroma de su entorno distingue muy bien condiciones de peligro y de carencia de riesgo. Es por eso que el mito de que un gato tiene siete vidas pudiera fundamentarse científicamente en algún estudio serio y consistente académicamente que avale la actitud de supervivencia de los mininos.

Michael Moore en alguna entrevista para la BBC de Londres fundamentaba de manera humanista la actitud felina del Gobierno y pueblo estadounidense en un momento de asecho. El mundo dominante está a la caza de Estados Unidos desde un tiempo a la fecha. El gato ha arañado, ha destruido y ha infringido muchas zonas del barrio, no es para menos el rencor que al minino norteamericano le pueda tener el resto del vecindario en estos momentos.

Son cada vez más progresivos los pronunciamientos en contra de lo que el Gobierno de Estados Unidos (en cabal representación de las élites económicas que respaldan a Donald Trump) haga en función a aspectos económicos, lineamientos militares y otras cosas más de índole diplomático/comercial hacia otros países.

Extraño es que recientemente los Gobiernos de China y de Rusia (fieles representantes de las élites euroasiáticas globales con presencia trasnacional e incluso financierista en todo el mundo, incluyendo Estados Unidos) argumenten bondades y aspectos positivos de la dinámica neoliberal, el libre mercado, las sociedades abiertas y la anarquía del consumo. China ha sido enfático en ello.

Con esto se fragmentan los paradigmas de la regulación, del Estado benefactor, del progresismo económico (incluso aquel que de manera incipiente se gestó y a la fecha medio sobrevive en algunas regiones por América Latina con Chávez, Kirchner/Fernández, Correa, Morales, Lula/Dilma, y algunos gobiernos de América Central, y que indirectamente eran respaldados por China y Rusia).

Muchos analistas asumen este escenario en un contexto de falso derrumbe del imperio estadounidense, cosa que no puede ser así ya que el mundo sigue sumiéndose a un sinfín de aspectos culturales, sociológicos, militares y comerciales en vínculo con los intereses más trascendentales de las élites norteamericanas. Algunos de los capitales estadounidenses no tienen fronteras y Donald Trump lo tiene claro.

Estados Unidos ha ido perdiendo influencia más no presencia en la política exterior del mundo, sin embargo, los estadounidenses saben cobrar las facturas de la traición diplomática con escenarios bélicos y de intervencionismo; tienen un vínculo cuasi orgásmico con la sangre y el aroma de las pistolas.

Alguna vez Atilio Borón argumentaba que el arsenal militar norteamericano es tan incalculable y desconocido que el mundo no tiene certeza ni noción de la capacidad destructiva de las armas que en secrecía guardan las fuerzas militares norteamericanas. Además, el pueblo estadounidense en su inmensa mayoría está estrenado (muchas veces sin darse cuenta) para poder dinamizarse con armamento y práctica militar. Tienen nociones serias de defensa y ataque.

Alemania y Francia agrandan sus sonrisas comerciales y diplomáticas con China, aspecto que alarma a los norteamericanos. La fusión reciente de las Coreas en los Juegos Olímpicos de invierno reviste una especial significancia, sobre todo, porque Corea del Sur siempre fue un especial campo de resonancia de los mandamientos económicos y militares estadounidenses en el pacífico asiático y hoy, vía la diplomacia, están más cercanos a los consensos que China pueda sugerir que a las salidas militares que Estados Unidos pueda proponer.

Algunos analistas como Antonio Gershenson (a efectos de verificación vincular el siguiente enlace: http://www.jornada.unam.mx/2018/02/11/opinion/014a2pol) aluden a que la panacea del mundo, entre ellas la de México, debe ser el estrechar vínculos comerciales y de amistad diplomática con China, como si los chinos y los rusos (pudiéramos incluir) no tuvieran convicciones expansionistas ni imperiales. El lenguaje neo colonizador es peligroso desde cualquier rincón de este planeta.

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