Aquella fría mañana de Diciembre cuando mi madre lloró

Por Karenina Díaz Menchaca.
Es 8 de Diciembre, de 1980. Mi hermano cumple 3 años, sigue comportándose cómo un casi bebé, es el consentido de mi mamá, puede hacer lo que quiera. Yo no.

Soy mayor, ya cumplí 5 y mi deber es cuidarlo a él. Muchos años después entendería el significado del 8 y del 28 en el círculo familiar, sobretodo en la mística de papá. Son números importantes, así como el 20, pero más que todos: el 28, pero que sumados, el 20 con el 8, da la cifra de la verdad.

A mí hermano también la buena fortuna lo ha seguido. Aún no sé si el 8 es la razón, pero le dió por seguir el camino de la música, desde joven fue autodidacta y aprendió a tocar la guitarra con sus dedos y memoria asombrosa. Como muchos colegas músicos del siglo XX, lo primero que aprenden a tocar es ‘Yesterday’. No importa que no se sepan la letra, es más, apuesto a que todos comenzamos con tararearla antes de siquiera pronunciar como es debido el inicio de la canción: “All my troubles seemed so far away”.

Aquella mañana mi madre, vestida de casa, sacudía la escoba con fuerza, con su habitual obsesión por la limpieza y el enojo que da la rutina a ciertas amas de casa. Mi madre era muy joven, tanto como sus sueños en donde la libertad lograba hueco. Ella medio cantaba en inglés, nos acostumbró a las emisoras de radio con la misma religiosidad ante el llamado a misa.

Era 8 de diciembre de 1980. Muy de mañana. Mi madre trapeaba el piso, yo era una niña de 5 años. Mi hermano cumplió años y sigue sin haber un pastel en la mesa. De fondo Radio Universal, con la música que hace levitar a una madre muy joven de rostro afilado, de Nefertiti, con una cintura de menos de 60 centímetros. Mi padre no está, sólo los tres a los pies de un acontecimiento histórico.

Estoy jugando, soy una pequeña, mis muñecas y mi juego de té son mis mayores tesoros, a veces me siento un poco sola, si es que no estoy molestando a mi hermanito, porque eso sí me gusta mucho hacer, aunque él chille como una niñita.

_ Mamá, ¿Por qué lloras?

Se lo pregunté hasta el cansancio, nunca me contestó. Sólo movía la cabeza en señal de negación. Mi hermanito y yo nos abrazamos, nos sentíamos culpables de algo, no sabíamos de qué. Yo moría de miedo. Los gritos de mi madre fueron de una franca consternación, pero sobretodo como cuando ves a un fantasma y quieres que se vaya. ¿Has visto un fantasma?

Muchos años después, recreando la escena me entero de que ese día mi madre lloró con todo sentimiento por el ídolo de su época. Decían que mi madre tuvo un  novio que se parecía a John Lennon, quién sabe si era cierto, pero nunca olvidaré su dolor cuando se enteró por Radio Universal  que le habían disparado cinco veces afuera del Edificio Dakota, en Nueva York,  por un tipo llamado Mark David Chapman.

 

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