“Aquí, de que pasa, pasa”; las mafias en los verificentros

Por Rodrigo Pacheco Jaimes

 

En un local de la colonia Santa Cruz Acatlán, en el municipio deNaucalpan, Estado de México, se alcanza a leer: “Aquí, de que pasa, pasa”.

 

Afuera hay una fila de 13 automóviles formados en doble y hasta tercera fila. Cada uno tiene en el parabrisas un número anotado con plumón blanco y, entre ellos, se alcanza a observar a un señor de cabello largo que cruza velozmente entre su local y el negocio que está justo al otro lado de la calle.

 

Trae unos papeles y unas calcomanías en la mano. Se nota tranquilo y despreocupado, sin duda otro día de trabajo para él. Regresa del negocio y vuelve a su local, donde ya lo espera una fila de impacientes conductores que, asoleados, aguardan ansiosos los resultados de su automóvil.

 

Él termina los últimos detalles de su servicio y entrega. Uno a uno, todos los papeles y la prueba final de que los vehículos han pasado la verificada.

 

Se trata de un gestor en uno de los verificentros más concurridos del municipio de Naucalpan, el de Santa Cruz Acatlán, ubicado apenas unos metros al lado de la Universidad FES Acatlán.

 

Es el encargado de pasar (ilegalmente) a todos los carros que, por edad o fallas, ya no cumplen con los requisitos necesarios para verificar.

 

“La gente de aquí ya me conoce, soy el que siempre los ayuda. Sólo tienen que dejarme su coche con una cantidad de dinero y al poco rato les consigo la calcomanía. Y así todos quedamos contentos”, mencionó entre risas el gestor quien decidió no revelar su nombre. 

 

“Me llegan carros de hace 20 o 25 años. Y aquí pasan porque pasan”, aseguró el hombre de larga cabellera obscura.

 

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Para verificar el carro desde la vía del gestor se deben pagar 650 pesos por vehículo, además de entregar el comprobante de la última verificación, el pago de la tenencia y la tarjeta de circulación.

Y así de fácil es como se puede verificar un automóvil en el Estado de México, específicamente en Naucalpan.

 

El gestor trabaja desde su local, lugar donde recibe a conductores que desean facilitar o evitarse algún trámite relacionado con su automóvil. Ya sea por conseguir nuevas placas, verificar un vehículo o, inclusive, lograr que un automóvil pueda circular más días a la semana.

 

Todo eso es parte de la magia que puede realizar un gestor, un personaje viejo y conocido en nuestro país, que sirve de puente para facilitar o llevar a cabo todos aquellos trámites engorrosos y burocráticos en todos los niveles de gobierno en México.

 

Él es sólo una consecuencia y componente más de la mafia que existe. Se aprovecha, junto con algún otro personaje mítico de la sociedad mexicana, de las ventajas y libertades que da el sistema de este país para realizar cualquier corruptela que pueda generar un ingreso extra en los bolsillos de los involucrados.

 

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Sin embargo, aquí es momento de hacer una pausa en el tema y aclarar algo: “La culpa no es del indio, sino del que lo hace compadre”. Es decir, el gestor no es el culpable de la corrupción que sucede en los verificentros, digamos que él sólo se aprovecha de la situación. Es la última pieza, la tuerca que permite que el engranaje llamado corrupción mexicana gire con mayor velocidad.

 

Es algo así como un Robin Hood mexicano, que ayuda a los más necesitados, a partir de acuerdos y alianzas que realizan con los que encargados de los verificentros quienes, a su vez, están coludidos con la administración municipal en turno. Lo que nos lleva a una ola interminable de corrupción.

 

Si en verdad quisiéramos desenmascarar toda esta ola, tendríamos que cruzarnos la calle, porque la verdadera corrupción no está dentro de su local, sino en el otro lado de la avenida, en el corazón del verificentro número NA948. El nido de las tranzas. Uno más de los 550 verificentros que existen en la zona metropolitana del Valle de México.

 

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Está abierto de lunes a sábado de 8 de la mañana a 8 de la noche y también los domingos del último mes. Los requisitos para poder verificar el carro son: entregar la tarjeta de circulación vigente, el certificado anterior, la calcomanía de la verificación anterior adherida al parabrisas, y obviamente npresentar adeudos de infracciones y/o tenencia.

 

En cuanto a costos de la prueba, los vehículos con holograma Doble Cero tienen un costo de 800 pesos; con holograma Cero, 400 pesos; con holograma 1, 2 y rechazos, 320 pesos. Sin embargo, todo esto se puede arreglar con “una pequeña mordida” o “una visita al gestor en el local de enfrente”.

 

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Un trabajo de investigación presentado por UnoTv a inicios de agosto de este año, mostró una serie de denuncias que señalaban la corrupción que existe en dicho verificentro, el cual es famoso por pedir “mordida” y “ayudas económicas” a los conductores que pisan el establecimiento.

 

Las personas afectadas denunciaban que los trabajadores les pedían entre 200 y 300 pesos para que sus automóviles pasaran la prueba, a pesar de que muchos de los vehículos cumplían con lo necesario para hacerlo.

 

Ante la excusa de que “si no nos coopera, su auto no pasa”, el señor Ismael Galván, víctima y participe de la corrupción, comentó que no es la primera vez que le piden dinero para que su carro, y el de su hija, pueden pasar las pruebas del verificentro.

 

“Siempre me dicen que los carros no pasan porque tienen fallas en el escape y eso hace que contaminen. Me piden una ayuda de 200 pesos y pues se los acabas dando porque no te queda de otra. Es eso o que tu carro no circule”.

 

Pese a que el pasado 1 de julio la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) impuso una reforma de la norma de verificación ambiental, las quejas y multas no han sido suficientes para que los centros de verificación dejen de infligir normas.

 

Por otro lado, el señor Aguilar González comentó que él ya conoce la forma de actuar de los trabajadores en el verificentro y, desde hace tiempo, deja un billete de 100 o 200 pesos debajo del estéreo de su carro para que así los trabajadores puedan pasar su carro en caso de que presente algún “problema” al momento de evaluarse en la máquina.

 

“Llevo años viniendo a este verificentro y ya sé que mi carro presenta fallas para pasar. Por eso dejo un billete en el asiento y así el encargado de hacer las pruebas me ayuda a la hora de calificar el coche”.

 

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La mayoría de los trabajadores del verificentro huyeron o se rehusaron a contestar preguntas, argumentando que ahí no existía ningún tipo de tranza y que todas las acusaciones eran falsas. Sin embargo, uno de los trabajadores quiso hablar al respecto, con la condición de que no fuera mencionado su nombre ni sus rasgos físicos.

 

–¿Existe la corrupción en este verificentro?

 

–No, no existe. Para nosotros no es corrupción, simplemente ayudamos a los ciudadanos con sus trámites, ya que muy probablemente nunca pasen sus autos. Les facilitamos procesos que de todas formas tienen que realizar.

 

–¿Has pedido “mordida” en el verificentro?

 

–No es una mordida, es una forma de que todos ganemos, tanto el conductor como nosotros…Son cosas que suceden en todos los verificentros, no sólo aquí.

 

–¿Le parece correcto lo que hacen?

 

–No sé si sea correcto o no, pero lo que sí sé es que hay mucha gente que sale beneficiada por esto.

 

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Pese a las denuncias y quejas recibidas, los trabajadores siguen actuando de la misma manera. Se escudan en que no existe la corrupción en su verificentro y que, al contrario de lo que muchos piensan, es una forma de ayudar al ciudadano de esta ciudad. 

 

El caso de Santa Cruz Acatlán es simplemente uno más dentro de toda esta ola de verificentros gobernados por corruptelas e ilegalidades que afectan a todos los sectores de la población de este país.

 

Es necesario que se denuncie e investigue verificentro por verificentro hasta acabar con este cáncer que aqueja a los ciudadanos.

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