“Boinas Rojas de Nezahualcóyotl”, el grupo que sembró terror en el 68

Por Rivelino Rueda

En los primeros días de septiembre de 1968 algunas viviendas del entonces Distrito Federal amanecieron pintadas en sus fachadas con una cruz roja o negra.

Este símbolo no decía nada a simple vista. La cruz (en forma de equis) estaba acompañada de un panfleto que se colocaba, ya sea en la puerta de la casa seleccionada o a un costado del marco del portón, con la leyenda: “Aquí vive un comunista que apoya a los estudiantes. Es un traidor a la Patria. Tengan cuidado. Lo vamos a eliminar”.

Los responsables de esos mecanismos de terror tenían nombre y apellido: Los “Boinas Rojas de Nezahualcóyotl”, un grupo paramilitar que fue el antecedente de “Los Halcones”, que protagonizaron la matanza del 10 de junio de 1971.

Habían pasado sólo unos días del cuarto informe de gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz –que para muchos fue el ultimátum previo a la masacre del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco–, y el Consejo Nacional de Huelga (CNH) ya alistaba la respuesta a la abierta amenaza lanzada por el mandatario: la llamada “Marcha del Silencio”, para el 13 de septiembre, que partiría del Museo de Antropología e Historia al Zócalo.

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Félix Hernández Gamundi, líder en el Movimiento Estudiantil del 68, comenta que esa acción del gobierno representó una “estrategia de terror brutal”, y apunta que “cuando eso aparece por toda la ciudad, con toda la amenaza explícita que ello implica, pero además aparece el nombre del individuo, que es el jefe de familia de esa casa, cualquier amenaza era creíble”.

Recuerda que todo lo que detonó esto fue el discurso que pronunció Díaz Ordaz en su informe de gobierno, donde advirtió:

“Hemos sido tolerantes hasta excesos criticados, pero todo tiene un límite y no podremos permitir ya que se siga quebrantando irremisiblemente el orden jurídico, como a los ojos de todo el mundo ha venido sucediendo.

“No quisiéramos vernos en el caso de tomar medidas que no deseamos, pero que tomaremos si es necesario; lo que sea nuestro deber hacer, lo haremos; hasta donde estemos obligados a llegar, llegaremos.

“Durante los recientes conflictos que ha habido en la ciudad de México se advirtieron, en medio de la confusión, varias tendencias principales: la de quienes deseaban presionar al gobierno para que se atendieran determinadas peticiones, la de quienes intentaron aprovecharlo con fines ideológicos y políticos, y la de quienes se propusieron sembrar el desorden, la confusión y el encono para impedir la atención y la solución de los problemas con el fin de desprestigiar a México, aprovechando la enorme difusión que habrían de tener los encuentros atléticos y deportivos e impedir acaso la celebración de los Juegos Olímpicos.

“Estamos de acuerdo con los jóvenes en que no deben aceptar pasivamente nuestra sociedad tal como es; pero no con que simplemente se resignen a rechazarla, o alocadamente se rebelen contra ella sin conciencia de lo que quieren y de lo que van a edificar en lugar de lo que pretenden destruir. ¡Qué grave daño hacen los modernos filósofos de la destrucción que están en contra de todo y a favor de nada! Tienen razón los jóvenes cuando no les gusta este imperfecto mundo que vamos a dejarles; pero no tenemos otro y no es sin estudio, sin preparación, sin ideas y con meros desórdenes y violencias como van a mejorarlo.

“En lo interno, la República está trabajando en paz, mientras en la capital se rompió en parte el armónico convivir. En unas semanas o en unos meses, los acontecimientos tomarán, con la perspectiva del tiempo, su verdadera dimensión y no pasarán como episodios heroicos, sino como absurda lucha de ‘oscuros orígenes’ e incalificables propósitos”.

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De acuerdo con un reporte de la Secretaría de Gobernación del 1 de agosto de 1968, día en que se da la llamada “Marcha por la Autonomía”, que encabezó el rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, se señala que “al mismo tiempo en que inició la marcha, a las 16:30 horas arribaron al Zócalo ocho camiones del Departamento del Distrito Federal (DDF), con 260 hombres del Servicio de Limpia y Transportes”.

El reporte de la dependencia que encabezaba Luis Echeverría Álvarez destaca que estos elementos “en caso dado actuarían como elementos de choque, en caso (sic) de ataques de estudiantes”.

Hernández Gamundi comenta que este grupo de “golpeadores” estaban bajo el mando del teniente coronel Manuel Díaz Escobar, subdirector del Servicio de Limpia y Transportes del DDF, y que a partir de esas fechas se fue configurando este grupo paramilitar denominado “Boinas Rojas de Nezahualcóyotl”, que empezaron actuar con la “estrategia de terror” de pinta de casas y amenazas en panfletos entre el 2 y el 13 de septiembre de 1968.

El exdirigente estudiantil –quien el pasado 2 de octubre, en la conmemoración de los 50 años de la masacre de Tlatelolco, fue el encargado de pronunciar el discurso, a nombre del Comité 68, en la develación de las letras de oro en los muros de la Cámara de Diputados y el Senado de la República, “Al Movimiento Estudiantil de 1968”—expone que la forma de “marcar” a los ciudadanos por parte de este grupo fue “fuera de toda proporción”.

“En aquellos años existía una sección telefónica única, luego se separó en la comercial y en la de particulares. Ya era un libro grande, pero todavía aparecía la dirección del usuario, y de ahí este grupo seleccionaba a las personas que serían visitadas para pintar esa cruz en forma de tache y pegar el panfleto de amenaza”, apunta.

Félix Hernández Gamundi recalca que “eso es uno de los primeros elementos tremendos de violencia en contra de la población generalizada, y eso fue escalando”.

Y en un símil de lo que ocurre en México después de la llamada “guerra contra el crimen organizado”, que desató el presidente Felipe Calderón Hinojosa en diciembre de 2006, el líder estudiantil menciona que “en 1968 esa estrategia de terror significaría lo que hoy hacen los grupos criminales cuando hablan de ‘ponerte’ o ‘señalarte’, pero en aquel entonces eso lo hacía un grupo paramilitar auspiciado por el Estado”.

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En documentos oficiales, que estuvieron archivados por medio siglo, así como en investigaciones periodísticas, los “Boinas Rojas de Nezahualcóyotl”, como tal, empiezan a mencionarse como “un grupo terrorista de extrema derecha” hasta 1970.

La Ficha 470, Folio 488, Expediente 2, Caja 610, correspondiente a la segunda mitad de 1970, que se encuentra en la “Guía del Fondo de la Secretaría de Gobernación. Sección: Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales. Estudios estatales 1966-1973”, refiere escuetamente: “Surge grupo terrorista de extrema derecha Boinas Rojas de Nezahualcoyotl, en la ciudad de México (sic)”.

Blanche Petrich, periodista del periódicoLa Jornada, apunta en un reportaje que aparece el 17 de mayo de 2012, titulado “Preparan en Puebla el carpetazo al expediente de Joel Arriaga, comunista asesinado en la guerra sucia”, que “en la capital del país habían entrado en acción los halcones, en la represión del Jueves de Corpus. Pero algunos empresarios ultraconservadores confiaban más en los grupos secretos de ultraderecha que, como el Muro o los Boinas Rojas de Nezahualcóyotl, preferían la ‘acción directa’ y las operaciones abiertamente terroristas para ‘acabar con el comunismo’ con la bendición de la cúpula eclesial”.

En el número 1340 de la revista Proceso, del 7 de julio de 2002, aparece una entrevista titulada “A Echeverría lo perdió el poder: Jardón”, en donde también se hace referencia a este grupo paramilitar.

Edmundo Jardón, quien fue director de corresponsales para México y Centroamérica de Prensa Latina, agencia informativa del gobierno de Cuba, de la que fue cofundador, recuerda en la entrevista un diálogo con el exregente del Distrito Federal, Alfonso Corona del Rosal, en 1968, en donde le cuestionaba sobre la supuesta influencia comunista en el Movimiento Estudiantil.

“—Existe un grupo llamado Boinas Rojas de Nezahualcóyotl, que está pintando las puertas de domicilios con una X roja. En algunas de estas casas se instalaron bombas”—comentó Jardón al funcionario.

“–En mi caso, la bomba se cebó, pero ahí está, la guardo y si quiere se la traigo para que vea usted que ésta sí es una labor subversiva. A ver si usted me puede decir algo sobre el particular para que los colegas que están aquí, se enteren—cortó Corona del Rosal.

Edmundo Jardón también fue reportero deEl Popular, Atisbos y ABC; exdirector de la revista Política; colaborador de El Universal, de Siempre!, de Revista de Revistas y diputado federal por el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) de 1982 a 1985.

En esa entrevista con Proceso, el periodista también anotó: “Los Boinas Rojas fueron el antecedente de ‘Los Halcones’.

Otro trabajo periodístico donde se menciona a ese grupo apareció en el periódico Reforma, firmado por la periodista María de la Luz González, el 26 de julio de 2002, donde señala:

“Federico Emery Ulloa, exdirigente estudiantil del 68, presentó una denuncia por ‘terrorismo de Estado’, que involucra al senador (ex)priista Manuel Bartlett Díaz, en la agresión que sufrieron los presos políticos en Lecumberri en 1970 y en la creación del grupo ‘Boinas Rojas de Nezahualcóyotl’, que acosó a sus familiares en la misma época”.

La nota señala, además, que “Emery solicitó al fiscal especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado, Ignacio Carrillo Prieto, cite declarar a Bartlett, quien en 1970 fungía como director general de Gobierno de la Secretaría de Gobernación, así como al entonces secretario Mario Moya Palencia, por considerar que los dos tienen amplia información de ambos asuntos”.

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