Boxeo femenil: el nuevo legado mexicano a contracorriente del machismo

Por Melissa Romero

México, tierra de guerreros y valientes campeones que con puños, sudor y lágrimas, ganaron la consagración eterna.

El pugilismo es más que un deporte en nuestro país, se ha vuelto parte nuestra cultura, pues los grandes campeones nacionales han sido admirados por chicos y grandes, desde el bolerito hasta al presidente, como diría José Sulaimán, ex presidente de la CMB.

Y por este personaje dicha Comisión cobró gran importancia, pues se involucró en el cambio de reglamento: redujo en número de asaltos en un encuentro, la hora del pesaje sería 24 horas previas, entre otras más. Además de incluir por primera vez en la historia de la Comisión Mundial de Boxeo los campeonatos femeniles.

Por el contrario, y con todo y la gran popularidad de este deporte, las féminas no reciben un trato igualitario en cuestiones económicas. Por ello la a Comisión de Sulaimán pidió en varias ocasiones se hiciera un revisión de dichos casos y se les diera una solución, sin embargo, hicieron caso omiso.

Esto no detuvo los sueños y las ganas de continuar de las pugilistas, que con firmeza e inteligencia se colaron al gusto del público. Tras la primer cartelera en la Arena México de boxeo femenil, este deporte ganó gran popularidad y se tomó con mayor seriedad. Se crearon divisiones femeniles en torneros con relevancia nacional. Las televisoras se interesaron en ellas al igual que los patrocinadores.

La funciones amateur ya no eran por hombres, también estaban ellas, las que con puños y brazos defendían su nombre. Los promotores se excusaban diciendo que las mujeres sí eran “negocio”, como si de atracciones circenses hablaran. Exhibían a las féminas como cuerpos, no como deportistas. Varios encabezados donde la única foto que aparecía era la del contrincante con mayor peróxido en el cabello, con el bikini más pegado y la pose más sublime.

Como fieras en el ring daban mejor pelea que las estelares y, con ello, daban verdaderas cátedras del pugilismo. Esto se lo debemos a las que nos forjaron el camino, las que de la nada subieron a la cima para hacer un espacio en la historia.

Laura Serrano, Ana María Torres, Mariana Juárez, Jackie Nava, son algunos de los nombres de nuestras heroínas, peleadores impecables con armas en lugar de manos.

La primera, apodada “La poeta del ring”, no sólo peleó por tener un lugar en carteleras, también por el derecho de un  boxeo femenil mexicano y demostrar que el género no define las cualidades y capacidades deportivas.

“La guerrera” Torres, exquisita y perspicaz, con movimientos sumamente estudiados y analizados, subió a representar a Ciudad Neza, ciudad del olvido. A lado de “La Barbie” Juárez, madre y empresaria,  protagonizó la que sería la primera pelea oficial femenil en la honorable y famosa Arena México.

Finalmente, pero no menos importante, “La princesa azteca”, Jackie Nava, arquitecta, boxeadora y ahora mamá, salió del boxeo norteño a abrirse paso entre el tumulto de chilangas que deseaban brillar.

Debemos ver nuestro presente, replantearnos si de verdad el boxeo nacional sólo es representado por los varones, que al igual que las mujeres se esfuerzan para lograr sus objetivos. Mencioné a unas cuantas, las que representan a las pugilistas aztecas, sin embargo, en los gimnasios, en los barrios, en cualquier lugar del país hay nuevas deportistas que poco a poco van cumpliendo sus sueños.

El boxeo femenil mexicano debe seguir avanzando y progresando para tener una homogeneidad en sus deportistas, para las generaciones que vienen a seguir este gran legado boxístico en el mundo. Debemos ser conscientes de nuestra actualidad, de estos pequeños acontecimientos que ayudan a una lograr una equidad de género, pues las malas impías e independientes del Laberinto de la soledad cada vez son más.  

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