Cada cabeza es un mundo

Por Astrid Perellón

 

Nacimos al derecho y vivimos al revés. Quiero decir que, ahora de adultos, nos ocupamos de cambiar las situaciones pero de bebés, sólo nos enfocábamos en nuestra percepción. ¿Por qué digo que lo hacemos patas pa´rriba? Porque la manera como influimos nuestra realidad es en este orden justamente:

 

Percepción

Emoción

Cuerpo

Entorno

Emoción en respuesta al entorno

Pensamientos concretos

Naturaleza

Seres sensibles

Personas desconocidas

Personas conocidas

Circunstancias

El auto de nuestros sueños o el ascenso pertenecen al nivel de Circunstancias. La claridad con la que un bebé recibe afecto sin cuantificarlo, ocurre por su enfoque en el nivel: Percepción. La percepción es la raíz de todo bien o de todo mal (o al menos lo que llamamos bueno y malo). Nuestra percepción sostenida se comienza a filtrar en los siguientes niveles de realidad y podemos perder el control si no lo notamos, sino hasta llegar al nivel Circunstancias. <<¿Por qué me despidieron?>> dice uno, iracundo. Sin notar que, la emoción desagradable estaba presente y acumulándose desde niveles atrás y, partía de una Percepción. Es decir, la percepción permitió que se acumularan emociones crecientemente molestas hasta culminar en ira.

 

Afortunadamente, cada quien puede advertir cuál percepción influye su realidad. Se me ocurre, a modo de ejemplo que la percepción de que <<otros tendrían que apreciar mi trabajo para yo sentir alegría>>, es una forma de ver la vida que está totalmente ligada al resultado que llamo <<Despido de trabajo>>.

 

El recién nacido está viviendo en el orden correcto; su percepción le produce las emociones y no deja que se acumule por mucho las incómodas pues su cerebro tiende al equilibrio. Lo que quiero decir es que, la apreciación útil de nuestras emociones y situaciones se puede corregir aún ahora.

 

Es como esa ilustrativa fábula del aquí y del ahora donde todos se reunieron en la posada navideña. La vieja tía hablaba de su viaje por Roma, París, Venecia. Algunos familiares cruzados de brazos. Otros familiares, boquiabiertos.

–¡Por qué nos restriega en la cara su dinero! –masculla uno.

–¡Ya quiero ver todo eso que describe! –suspira otro pariente.

Es la misma tía. No la cambiaron de un diálogo al otro. Es la misma tía pero es percibida por cada uno, desde sus referencias personales.

 

Dicen que cada cabeza es un mundo pero también puedes percibir este refrán no con sabiduría sino con agobio. ¡Adelante! ¡La percepción que te sea útil!

 

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