Calderón Hinojosa… el exterminador

Por: Armando Martínez Leal

@armandoleal71

En las rodillas del rey chiquito,

rey vasallo de otro rey,

no yace el cetro de oro,

sino el palo brilloso de vidrios de colores.

Eduardo Galeano

El pasado 27 de agosto, el periodista Óscar Balderas publicó, en la revista EMEEQUIS un reportaje titulado: “Felipe Calderón ordenó asesinar a civiles; no le importó la vida” el texto echa luz sobre el complejo fenómeno de la “Guerra contra el narcotráfico” que en 2006, el comandante Borolas (alias Felipe Calderón) declaró al crimen organizado. En un principio explicativo de dicho fenómeno fue que el ilegítimo político pretendía obtener legitimidad, vía la acción militar.

Sin embargo, por diversas investigaciones periodísticas nos hemos acercado más al fenómeno, a partir de la detención de Genaro García Luna sabemos que la guerra que Calderón declaró en 2006 no fue contra el crimen organizado, sino por su control del crimen; de acuerdo, al periodista Charles Bowden fue una guerra por las drogas.

En Estados Unidos, García Luna es acusado, entre otros delitos, de contrabando de drogas y para esas autoridades hay evidencias suficientes de que estuvo al servicio del Cartel de Sinaloa; para algunos periodistas se trata del “Sicario de sicarios”.

El reportaje de Balderas nos permite ver otra cara del complejo fenómeno de la guerra contra el crimen organizado, pone en el centro de la investigación al ejército mexicano y a sus mandos, pero también a la figura de Calderón Hinojosa; quien, de acuerdo con el testimonio del mayor Alejandro Rodas, dio la instrucción de exterminar a miles de ciudadanos.

De acuerdo con ese testimonio, por instrucciones de Calderón Hinojosa se creo un “Pelotón de la muerte”, que “secuestró, torturó, asesinó y desapareció a presuntos criminales, como parte de la estrategia de la recién empezada guerra contra el narco”. Como en las dictaduras latinoamericanas, brotan de nueva cuenta, pero ahora en la experiencia mexicana los escuadrones de la muerte.

En la dictadura de Pinochet, pasando por Getúlio Vargas; o bien los grupos de “élite” nazis, la eliminación del otro es una constante; bien sea, al opositor, al que se le considera enemigo, o bien al más pobre.

La guerra contra el crimen organizado no sólo encubre los miles de mexicanos muertos, hasta la fecha no sabemos con certeza el número de personas asesinadas, como tampoco sabemos las causas reales de su muerte; es decir, se trata de criminales exterminados, civiles exterminados o de ambos… lo que conocemos es que más de 250 mil mexicanos fueron exterminados.

Pero también encubre el grado de descomposición de la clase política mexicana, es evidente que Calderón Hinojosa, estaba informado sobre las operaciones de sus colaboradores, desde García Luna hasta los recientemente acusados Luis Cárdenas Palomino y Ramón Pequeño. Pero también, como señala Óscar Balderas, hoy sabemos que por instrucciones de Calderón Hinojosa se creo en el seno del ejército mexicano un grupo para exterminar ciudadanos: el Pelotón de la muerte. En 2019, los periodistas Daniela Rea y Pablo Ferri nos habían acercado al fenómeno con su libro La Tropa, donde tratan de adentrarse al complejo fenómeno, bajo una premisa un tanto sociológica ¿por qué mata un soldado?

Mucho se ha dicho que las fuerzas armadas están “entrenadas” para eliminar al presunto enemigo, haciendo abstracción de que se trata de humanos asesinando humanos. Seres que en su gran mayoría entraron a las fuerzas armadas porque era la única alternativa que tenían de obtener un trabajo y sobrevivir en el entramado social neoliberal.

También se ha dicho que la disciplina militar es uno de los elementos principales para entender su grado de letalidad; sin embargo, poco se ha dicho sobre la instrucción que recibió la tropa para eliminar al llamado oponente. Esa instrucción hace responsable, no solo a los altos mandos de las fuerzas armadas, sino fundamentalmente al poder civil.

Calderón Hinojosa es responsable por los más de 250 mil muertos en su guerra contra los carteles, porqué como señala el testimonio del mayor Alejandro Rodas, se giraban “instrucciones precisas: hay que abatir a los miembros del narcotráfico”.

No mediaba juicio alguno, no había evidencias de que los abatidos fueran o no culpables; pero independientemente de ello, de su culpabilidad o no, no se les presentó a las autoridades competentes para que iniciaran un proceso y fuesen enjuiciados. Las fuerzas armadas tenían la instrucción precisa, de su comandante supremo -Calderón Hinojosa- de exterminar.

El reportaje de Óscar Balderas señala que en el expediente de investigación 15/2010 de la justicia militar, se confirma la existencia del “Pelotón de la Muerte”; así también algunos de los métodos que utilizaban en su proceso de exterminio de supuestos criminales: “Algunos arrestados sobrevivían con el cuerpo destrozado; otros morían guardando los secretos del cártel o asegurando que eran inocentes y sus restos eran convertidos en cenizas con bidones de gasolina que salían de las instalaciones militares.”

La racionalidad de Calderón Hinojosa, su guerra contra el control del mercado de las drogas y del crimen organizado, llevó a cientos de miles de miembros de las fuerzas armadas a cometer crímenes de lesa humanidad. Hoy sabemos que la mano derecha de Calderón Hinojosa, García Luna fue miembro activo del cártel de Sinaloa, que la idea de la guerra contra el crimen organizado es totalmente falsa, se trató más bien de la utilización de los instrumentos del Estado por el control de la droga.

Ahora que en el espacio público se discute sobre el posible enjuiciamiento de los expresidentes mexicanos, es necesario que entendamos con mayor claridad qué significa ese complejo fenómeno y fundamentalmente la responsabilidad de los expresidentes, particularmente la de Felipe Calderón Hinojosa, quien deberá ser juzgado por corrupción, el robo de millones de pesos del presupuesto público, pero también como responsable directo de los más de 250 mil muertos y por los casi 80 mil desaparecidos.

A Calderón Hinojosa se le debería negar participar en el espacio público mexicano, es necesario una condena generalizada por parte de los ciudadanos, pero también debe ser enjuiciado por la corrupción y por una guerra que exterminó a miles a costa de su enriquecimiento.

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