Cansada de chupar sapos

Por Astrid Perellón

 

En realidad no he probado precisamente chupar sapos alucinógenos pero sí probé un sinnúmero de formas más o menos exóticas, en las cuales se pretende develar la Verdad de la vida y lograr la misión individual. Digamos que si en algo adquirí maestría es en mi propia realización, producto de no quitar el dedo del renglón.

 

Mi sueño de ser escritora me tomó tres años identificarlo y tres años más realizarlo cuando publiqué mi opera prima: “La Niña Pez”. Recibió buenas críticas por su claridad e intencionalidad (la protagonista desobedecía a su madre para vivir aventuras en el océano) excepto de mi propia madre, quien aseguraba que manipulé la historia para convertir a la madre en el villano.

 

Tenía 6 años y fui la sensación del periódico escolar. Con ello viví la experiencia completa que uno desea cuando sueña algo:

 

-sentimiento de realización (éxito o felicidad)

-reconocimiento (fama o servir a otros con el propio ejemplo)

-crecimiento (establecimiento de un nuevo sueño)

 

Ponderando estos tres aspectos, podrás reconocer el esquema básico de lo que uno desea. Ya sea que sigas besando sapos para hallar al amor de tu vida o chupando anfibios para tener experiencias místicas, tomes Coaching, prendas veladoras o traces planes, la idea es la misma: sentirse mejor cada vez. Sólo para darnos cuenta que, al obtener algo, otro nuevo deseo nace. ¡Qué! ¿Esto nunca acaba? No. Así que habrá que hacer las paces con el infinito camino de la eterna realización.

 

Para avanzar hacia el siguiente nivel de mis sueños, probé técnicas, fórmulas, recetas, consejos, asesorías que fueron clave en cada etapa de mi vida. Entre ellas, no hay ninguna mejor que otra ni LA definitiva, por eso las presento en mi libro 44 Formas de cumplir un sueño, de manera que cada uno recurra a la que vaya acorde con su mentalidad.

 

Te cuento un poco del libro en forma de fábula del aquí y del ahora: Un sapo saltó en una charca y comió una mosca. Fue simple y sencillo pero no murió allí, ni fue tras la siguiente mosca porque aún no tenía hambre. Cuando sintió que era momento, sacó la lengua larga y cazó otra mosca. Cumplió su objetivo pero no podría decirse que el cuento del sapo haya terminado.

 

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