Caso Geoff Marcy deja ver acoso en la ciencia

Por Eva Noyola

 

 

A veces se nos olvida que los científicos son personas comunes y corrientes, con todas las virtudes y defectos que esto implica. Debido a esto, su comportamiento no es ni mejor ni peor que el de otras profesiones, y por lo tanto, el acoso es una práctica extendida en la academia. En las ciencias físicas el problema es peor por los números: hay muchísimos más hombres que mujeres, y por lo tanto hay muchos hombres en posiciones de poder sobre mujeres. Cabe aclarar que el acoso se da en muchas circunstancias distintas, aquí me enfoco en el de hombres a mujeres.

 

Recientemente los astrónomos hemos figurado en la prensa debido al sonado caso de Geoff Marcy, uno de los astrónomos más reconocidos en el campo de detección de planetas extrasolares. Su trabajo es tan famoso, que su nombre ha sonado como candidato para ganar un premio Nobel. Desafortunadamente, muchos colegas también conocían otro aspecto de su fama como acosador desde hace décadas. Hay una red informal de susurros que a veces advierte: “ten cuidado con fulano porque le gusta coquetear”. El problema, por supuesto, no es que a un profesor le gusten sus colegas, el problema se presenta cuando el profesor tiende a usar su poder académico para lograr acercarse a esas mujeres, sin importar si ellas están de acuerdo o no. En el mejor de los casos lo que se causa es una incomodidad permanente en el lugar de trabajo; la cosa empeora cuando hay consecuencias muy serias para la mujer que rechaza las ofertas, o incluso cuando las acepta; y el peor de los casos sucede cuando hay ataques físicos.

 

Hace unos meses me encontraba en una reunión de mujeres astrónomas que incluía desde estudiantes de licenciatura hasta profesoras con décadas de experiencia. Alguien pidió que levantaran la mano aquellas que alguna vez habían experimentado acoso o lo habían visto de primera mano. Alrededor del 75% de las presentes levantamos la mano. Tristemente, las que no lo hicieron fueron todas estudiantes jóvenes, lo que me hizo pensar que es solo cuestión de tiempo para que les llegue el turno de levantar la mano. Considerando los terribles porcentajes de participación femenina en las ciencias físicas, matemáticas en ingenierías, es muy descorazonador saber que tantas mujeres se enfrentan a un ambiente hostil, y por supuesto no sorprende que tantas decidan abandonar a medio camino.

 

Volviendo al caso de Marcy. Un pequeño grupo de víctimas decidieron hacer una denuncia oficial ante su universidad, UC Berkeley. Una investigación se llevó a cabo y encontró que el profesor había incurrido en prácticas de hostigamiento que incluían tocar de manera inapropiada a miembros de su grupo, hablar repetidamente sobre temas sexuales en entornos académicos, y tomar represalias contra una mujer que terminó una relación con él. ¿Las consecuencias?, su universidad lo regañó, y le advirtió que no iba a tolerar ni un pequeño resbalón en el futuro, sin poner ninguna restricción para que trabajara con estudiantes. Lo que sí tuvo consecuencias fue que la información se filtró a la prensa y en cuestión de pocos días, Marcy renunció a su puesto tras el clamor de la comunidad.

 

Éste mes se hicieron públicos dos casos más, uno que sucedió hace una década en la Universidad de Arizona y otro reciente en Caltech. Súbitamente la astronomía se ve como una profesión plagada de acosadores, pero no hay que perder de vista que hay muchísimos casos iguales en la academia, y también fuera de ella. Quiero pensar que los astrónomos estamos poniendo el ejemplo al empezar a actuar de manera correcta en algunos de los casos. También espero que esto anime a víctimas recientes y del pasado a nombrar a sus acosadores para que una década de estas acabe la flagrante impunidad.

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