Casualidades chinas para explicar la ansiedad estadounidense

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz
Foto: https://argentinatoday.org

Son significativas las constantes victorias chinas que en los últimos tiempos desembocan en la creciente apertura que distintas economías del mundo tienen hacia la oferta de desarrollo e impulso comercial que este país oriental dispone y propone a casi todo el mundo.

Lo anterior mientras el planeta contempla el declive mayúsculo de las bondades estructurales que el discurso del progreso estadounidense tiene en la actualidad, derivado del efecto post crisis 2008.

No es fácil para los fundamentalistas del ideal norteamericano asimilar la derrota creciente; desde luego que entre estos apasionados de lo estadounidense podemos destacar a Donald Trump.

Son bastantes los sitios de análisis, econometría, diagnóstico y medición dentro del mundo de los negocios, de la banca, de la bolsa y de las empresas globales que analizan desde distintos planos el ascenso gradual de las compañías de origen chino (la totalidad de ellas paraestatales, por cierto), con una plataforma mercadológica, con un fundamento de alto valor agregado implícito, de atractivo comercial adecuado a los estándares de comercialización occidentales, y sobre todo de gran dimensión estratégica en torno al mercado mundial.

El mundo de las tecnologías virtuales, la era artificial, la ingeniería digital, la industria satelital y las nanociencias son dominadas en la época actual por China sin duda alguna, y el mejor diagnóstico de esta repercusión (indicio de derrota en la disputa goepolítica) sin duda está en Estados Unidos.

Para los estadounidenses resulta políticamente trascendental poder hacer frente al ascenso tecnológico que China ha venido logrando, y es que hasta resulta irónico constatar que muchos de los cuadros humanos más importantes de esta pujanza china pues se han formado en escuelas y en espacios de desarrollo científico de Estados Unidos en la mayoría de las ocasiones.

¿Acaso el Gobierno de Estados Unidos tiene claro que la nueva rivalidad geopolítica partirá de los cimientos de la plenitud tecnológica? ¿Qué bondades, siempre con miras a beneficiar al mercado y al gran capital, asimilarán muchos países del mundo que aceptan valerosos las tentaciones chinas? ¿Acaso el juego perverso de los precios bajos y la alta oferta, aspecto positivo para los chinos, ha traído como consecuencia ganarle mercado a Estados Unidos?

El problema estructural de fondo para Estados Unidos es que esta plenitud comercial y tecnológica china no afecta la sanidad de las finanzas públicas de ese país, mientras que cualquier intento de freno ante los ascensos chinos y rusos desde Estados Unidos le significa  una desestabilización feroz a las arcas públicas norteamericanas.

Lo anterior nos lleva a considerar la presencia de las facturas “kármicas” a pagar por la irresponsabilidad con que el modelo neoliberal administró el programa de prioridades económicas defendiendo prioritariamente la agenda financierista en Estados Unidos en años pasados.

¿Ante este escenario, siguen preguntándose por qué la razón de la existencia de un tipo como Donald Trump en la Presidencia de ese país? Hacer mal las cosas tiene sus consecuencias.

Estados Unidos perjudicó su capacidad de reacción ante el ascenso comercial, científico, tecnológico y estructural de China porque vulneró la situación concreta de sus fuerzas económicas que le redituaban valor agregado real en todos los sentidos.

La lógica de la defensa acérrima de la acumulación instantánea, inexistente, superflua y por consiguiente especulativa terminó por liquidar las posibilidades, de por sí difíciles, de competirle al ascenso y el crecimiento chino en todos los sentidos.

En la actualidad China le significa un dolor de fibromialgia constante al Gobierno de Estados Unidos, a pesar de las compatibilidades más allá de la diplomacia secreta y los códigos lanzados entre Jefes de Estado.

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