Ciudad Juárez: la tormenta de nieve de todos los tiempos

Por Anahí García Jáquez 

CIUDAD JUÁREZ.– Escribo estas líneas en el cuarto día de no tener teléfono e Internet, así que probablemente sea el aburrimiento el que me lleve a compartir cómo es que he vivido y/o sobrevivido la parte de la tormenta polar que le tocó a Chihuahua y, en específico, a Ciudad Juárez. 

Día 1.- San Valentín 

Despierto a las 8:30 del domingo 14 de febrero. Se escuchan niños afuera de mi casa y al abrir las persianas me encuentro que mi calle se ha cubierto de nieve.  

Vienen a mi mente las nevadas ochenteras y noventeras (las dosmileras son cada vez más escasas producto del cambio climático) y me emociono como en aquel entonces.  

Antes de cualquier otra cosa bajo, abro la puerta y grabo un video para compartirlo en mis redes, ya que a los juarenses, oriundos y adoptivos, nos gusta presumir los paisajes blancos sobre todo a familia y amigos que viven en otras latitudes.  

Tomo un baño caliente sin imaginar lo que me espera en los próximos días y mi plan de permanecer en cama todo el día se interrumpe ya que hay que salir al OXXO a comprar el periódico porque sí, aún hay quienes lo leen en físico.  

Mi hermano y yo nos vamos caminando extremando precauciones ya que una caída en la nieve puede ser muy dolorosa y hasta fatal, mientras que vemos que no hay ni un alma en la calle por lo que concluimos que la nevada logró lo que el gobierno no ha podido desde hace meses: hacer que la gente se quede en casa.  

A nuestro paso nos toca ver cómo el viento forma un remolino y un montón de partículas blancas giran en el aire y cómo una placa de nieve se fragmenta y cae desde lo más alto de una palmera; no lo grabo ni tomo foto porque mis dedos están entumidos además de que quiero contemplarlo sin distracciones.  

Al regresar a casa me quedo fuera unos minutos y constato la existencia del llamado ruido blanco: nada se escucha, ni siquiera la caída de la nieve al piso, como si ésta lo cubriera todo en el exterior, pero a la vez el silencio se rompe al hundir los pies en ella y se siente que algo se rompe.  

Tomo un poco para hacer una bola y la comprimo con mi mano para confirmar su dureza y me doy cuenta que es una experiencia para casi todos los sentidos porque verla caer me resulta hipnótico. 

Día 2.- Lunes 15 de febrero 

El ruido y el frío me despiertan a las 6 am: hay un apagón justo en el día que comienza el deshiele (cuando la nieve de los techos se derrite, el agua se filtra por las paredes y las casas se convierten en un refrigerador, imposibles de calentar).  

Mi madre me pide que llame a la familia y amigos para que me confirmen nuestro presentimiento de que es una falla general; así resulta ser y, de acuerdo con una muy amiga mía, es a nivel estatal por lo que sería inútil reportarlo a la CFE.  

Entro a mi baño y me doy cuenta que tampoco hay agua por lo que empiezo a preguntarme si esto es apenas el principio. Tengo que salir con mi padre y el carro no enciende, quiero pedir un UBER y no hay Internet y al intentar llamar, descubro que la red de Telcel se ha caído y veo venir un desastre.  

Mi padre y yo salimos a la calle desierta a buscar un taxi y nos vamos topando con los semáforos descompuestos por lo que, al abordar uno, nos toca padecer las maniobras que tiene que hacer el taxista para esquivar los demás carros.  

Al regresar a mi casa me encuentro con que la energía eléctrica se ha restablecido y que un chorrito de agua que sale del fregadero y otro del cuarto de lavado es con lo que contamos. Salgo al súper y me encuentro con tiendas cerradas por la falta de luz, así como gente llegando a surtir hasta 5 garrafones de agua. Esto apenas comienza. 

Día 3.- Martes 16 de febrero 

El asunto al que acompañé a mi padre no se llevó a cabo por la contingencia climática así que hay que salir de nuevo.  

Abro la regadera y no sale nada de agua así que es tiempo de recurrir a las poderosísimas toallitas húmedas (recuerdo cuando me enteré que existe un aparato que las calienta y me burlé, cuánto daría por tenerlo en este momento).  

El sol ya ha salido y la nieve comienza a derretirse, así que hay que cuidarse de las películas transparentes de hielo, mejor conocido como hielo negro, que aún quedan en el pavimento a la hora de caminar.  

Esta vez mi hermana nos da un aventón y caigo en cuenta que ha pasado un año desde la última vez que me subí a su carro; y sí, es por esta cosa de la sana distancia en tiempos de Covid.  

El dichoso asunto no se lleva a cabo y al regresar a casa descubro que la red de Telcel ya funciona correctamente así que al activar los datos me llega tal cantidad de mensajes de varios destinatarios: familia y amigos de la ciudad y de otros estados me preguntan cómo la estoy pasando y comienza el intercambio de experiencias con los habitantes de esta risueña población: “me quedé 12 horas sin luz y mi casa se volvió un refrigerador”, “no me sale ni un triste chorro de agua en ninguna parte de la casa”, “tengo muy poco gas y así no puedo prender la calefacción”…y eso es sólo de la gente conocida.  

Una vez que entro a FB y a los respectivos grupos y periódicos en línea me doy cuenta de la realidad que se vive en Juárez: gente que tiene que comprar leña para calentarse, los precios astronómicos de los garrafones de agua, la ocupación máxima en los hoteles (en realidad están al 30% pero eso es culpa de la pandemia) así como la posibilidad de que Gas Natural recorte el suministro a la ciudadanía.  

Intento reportar mi línea telefónica y Telmex me dice de manera por demás diplomática y con una grabación que no dé lata, que ya saben que hubo daños y están tratando de repararlos. 

Día 4.- Miércoles 17 de febrero 

Seguimos sin agua y la poca que sale es para lo estrictamente necesario (sujeto a interpretación). A través de redes sociales comienzan a verse las muestras de solidaridad: hospedaje para quienes siguen sin luz, gas para quienes tengan que cocinar alimentos, y ya no hablemos del líquido vital, que quienes lo tienen a la mitad lo ofrecen para los que carecen totalmente de él.  

Llego a la conclusión de que la nieve es un bello espectáculo, pero al irse deja estropicios a su paso, sobre todo si no se está preparado para ello.  

Esta opinión mía se refuerza con las imágenes que veo de Texas, ya que la nevada cayó en zonas en las que no suele hacer frío y por eso resultó ser catastrófico para esa pobre gente. Gas Natural decide sólo recortar el suministro a las maquiladoras, empresas y restaurantes, así que ya podemos estar tranquilos. 

Día 5.- Jueves 18 de febrero 

Me despierto con una excelente noticia: ya regresó el agua. Corro a la regadera y abro la llave del agua caliente. Uno nunca valora algo hasta el momento que no lo tiene y el poder sentir el chorro del agua en mi cara lo comprueba, así que lo agradezco desde el fondo de mi corazón.  

Me entero que jamás se levantó el reporte de Telmex y ahí comienza el calvario que hasta hoy (9 de marzo) no se termina. Me entero que las cosas van volviendo a la normalidad para mi familia y amigos y me regocijo. 

Día 6.- Viernes 19 de febrero 

Acompaño a mi señor padre a ese asunto que se ha pospuesto tanto y al volver me encuentro camionetas de Telmex. Conservo la esperanza de que ya se haya arreglado todo y descubro que solamente ha vuelto el Internet por lo que sostengo mis dichos, esta ciudad no está preparada para fenómenos como éste que lo descomponen todo.  

La temperatura ha ido subiendo y ya no quedan rastros de nieve, y conociendo lo cambiante que es este clima no es de sorprenderse.  

Después de esta semana donde se ha visto de todo, sólo me resta decir que, aún y cuando no soy experta en el tema, el cambio climático es una realidad y el ser humano está a merced de ello.  

Fenómenos como el que nos tocó vivir nos ponen en contacto con nuestra fragilidad y nos hacen ver que el poder de la naturaleza es inmenso y que cada día, la intensidad de estos fenómenos superará las expectativas trayendo consigo el caos y dejando destrucción a su paso.  

Además, nos muestra la indefensión en la que nos quedamos al perder todo aquello que damos por sentado, como los servicios básicos que, en estos tiempos, aún carecen muchas personas. Es así como comparto mi experiencia que sé que puede ser la de cualquier persona en cualquier momento en cualquier país. 

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