Coca-Cola: etiquetado benévolo pese a causar más muertes que el tabaquismo

Por Rivelino Rueda 

Foto: Camila Rueda Loya 

Todavía hay personas que utilizan ese chascarrillo popular para referirse a la Coca-Cola. Ese que dice que el refresco más consumido en México “debería venderse en las tlapalerías y no en las tiendas de abarrotes”. Pero también hay gente de todavía asegura, cual vendedores de fe, que esa bebida embotellada es “uno de los más grandes placeres que dios nos ha dado”. 

Las dos partes ventilan a los cuatro vientos los beneficios de la gaseosa negruzca. Los primeros, que sirve para destapar cañerías, limpiar metales y aflojar tornillos. Los segundos predican que alivia dolores de estómago, evita “golpes de calor” y que es el mejor antídoto cuando una persona se desvanece por “alguna descompensación del cuerpo”. 

Es, por mucho, la marca insigne de la llamada “comida chatarra, basura o tóxica”, incluso por encima de productos como el pan de caja Bimbo, las papas Sabritas, los Gansitos Marinela o las sopas instantáneas Maruchan. 

Pero su consumo en México es el motor de las enfermedades crónico-degenerativas no transmisibles, como la hipertensión, la diabetes y la obesidad, que anualmente cobran la vida de casi medio millón de mexicanos, según datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) en el Informe Anual sobre Mortalidad en México 2018. 

La Coca-Cola también es conocida en el país con algunos motes, como “las aguas negras del imperialismo yanqui” o simplemente como “aguas negras”. 

Las primeras palabras de un primo-hermano paterno describían a ese refresco como “puras coquinadas”, mientras que el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, se refirió a esta bebida como “veneno embotellado” durante una gira por Chiapas. 

Y aunque la Coca-Cola ha cobrado el doble de muertes que el consumo del tabaco en México (101,000 por diabetes contra 51,000 por tabaquismo), el etiquetado frontal de este producto es sumamente benévolo y complaciente. 

“Exceso en calorías” y “Exceso en azúcares”, son las únicas dos leyendas en los octágonos de advertencia del etiquetado frontal en las distintas presentaciones de Coca-Cola, que entrarán en vigor el próximo 1 de octubre. 

Sin embargo, Grupo Femsa Coca-Cola anunció la semana pasada que todavía está a la espera de la resolución de un amparo contra la llamada “Ley de Etiquetado”, promulgada en marzo pasado, sobre todo porque –argumenta el corporativo–“esta reforma podría perjudicar las finanzas de esta empresa, así como todo el portafolio de la empresa”. 

En cambio, la industria tabacalera –que se tardó 60 años en reconocer que sus productos eran adictivos, que enfermaban y que mataban— paulatinamente ha ido aceptando medidas de etiquetado radicales, que establecen en las cajetillas de cigarros leyendas como “Este producto mata”, “Fumar quita años de vida”, “Fumar causa cáncer”, “Fumar puede casar amputación de piernas”, “Fumar causa muerte por asfixia”, “Fumar causa enfermedades cardiacas y respiratorias”, “Fumar causa enfisema pulmonar”, entre otros. 

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Zoila Núñez, ama de casa y masajista, de 56 años, no relaciona la leyenda “alto en sodio” con “alto en sal”, y más bien ubica al sodio como “una proteína o una vitamina”.  

Juan Alberto Carrasco, estudiante del tercer semestre de Ciencias de la Comunicación en la Universidad del Valle de México (UVM), Campus Tlalpan, de 20 años, dice que la advertencia sobre “exceso en calorías” en el nuevo etiquetado frontal tiene que ver con “la energía que debe tener el cuerpo por medio de los alimentos que se consumen”. 

Rafael Rivera, comerciante, de 41 años, dice que el octágono de advertencia que advierte sobre “exceso en azúcares” da a las personas “la energía que requiere para aguantar las actividades a lo largo del día”.  

Daniela Costa, ama de casa, de 37 años, de plano dice desconocer qué se trata de informar con la leyenda que advierte “contiene grasas trans”, la cual plantea evitar el consumo de ese producto chatarra, y más bien relaciona el etiquetado frontal con “la exposición de los valores nutricionales que contiene el producto”. 

Reversos realizó del 1 al 4 de septiembre un sondeo con 50 personas entre los 13 y los 65 años (31 mujeres y 19 hombres) sobre la claridad en los mensajes de advertencia en los etiquetados frontales de los productos ultra procesados, afuera de un Oxxo (Casas Grandes y Obrero Mundial), un Seven Eleven (Diagonal San Antonio y Zempoala) y una tienda de abarrotes llamada “El Palmar” (Diagonal San Antonio y Quemada), todos en la Colonia Narvarte de la Alcaldía Benito Juárez, y en el cual sólo cuatro encuestados explicó acertadamente las alertas en los octágonos del nuevo etiquetado frontal. 

La mayoría de los encuestados (37 personas) también aceptaron no estar enterados que el consumo de estos productos tóxicos provoca enfermedades crónico-degenerativas no transmisibles como la hipertensión, la diabetes y la obesidad. 

Además, 48 de los 50 encuestados no sabían que estos alimentos ultra procesados provocan la muerte y todos respondieron afirmativamente cuando se les preguntó si sabían que el consumo de tabaco mata, sobre todo por el etiquetado de advertencia de las cajetillas de cigarro. 

 Específicamente sobre el consumo de Coca-Cola, los 50 entrevistados dijeron haber consumido al menos una vez ese refresco, aunque 13 señalaron que la gaseosa no tiene ningún valor nutricional, 31 dijeron desconocer los ingredientes de ese producto embotellado o enlatado y seis optaron por no responder. 

En cuanto a los daños a la salud que provoca esa bebida, sólo 9 de los 50 encuestados dijo estar enterado que la Coca-Cola es uno de los principales motores de enfermedades como la diabetes, la hipertensión y la obesidad, 38 entrevistados comentó que desconocía ese dato y 3 no contestaron. 

De los 9 entrevistados que dijo conocer de los padecimientos crónico-degenerativos que provoca el consumo de este refresco, sólo 2 señalaron que algunos de sus ingredientes son “exceso en azúcares” y “agua carbonatada”. El resto dijo conocer solamente que es una bebida alta en azúcares. 

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Hilda Santoyo, de 66 años, jubilada y hoy dedicada al trabajo en el hogar, comenta que todavía a estas alturas utiliza la Coca-Cola caliente con unas gotas de limón para “aliviar malestares leves de estómago, agruras e indigestión”. Expone que otras cualidades de esa bebida es la de “aliviar cólicos menstruales”, al mezclar el líquido negruzco de ese refresco con una cucharada de bicarbonato. 

Amador Figueroa, maestro mecánico, de 45 años, la da otros usos al llamado “veneno embotellado”. “Desde mis primeros pininos en este oficio, a la Coca la utilizamos como extinguidor, como ‘aflojador’ de metales y también para limpiar piezas de metal o de plástico de los motores”. 

“Las cubas no saben igual sin la ‘coquita’. Más cuando hace harta calor. Pero también nos ha servido para apagar incendios menores, sobre todo cuando accidentalmente se prende algo que contenga gasolina, petróleo o aguarrás. Aquí mis dos chalanes y yo fumamos y estamos expuestos a esos accidentes. Y sabemos también que el cigarro y la Coca hacen daño, pero sí creo que de menos las cajetillas de cigarros advierten de qué te vas a morir, y ‘la coquita’ no”. 

Para el vocero único del gobierno federal para la pandemia de Covid-19, Hugo López-Gatell, el tema del etiquetado frontal entre los productos de tabaco y los alimentos ultra procesados van por rutas diferentes, a pesar de que ambos provocan enfermedades crónico-degenerativas no transmisibles que generan la muerte. 

“Una de las diferencias importantes es que si el tabaco cambiara su composición, seguiría siendo tabaco. Si el tabaco cambia su presentación, como ahora lo ha hecho la industria global del tabaco, que inventó los productos calentados y vaporizados, en vez de los productos que se consumen por combustión, sigue siendo tabaco”, afirmó el subsecretario de Salud. 

A pregunta de Reversos en la conferencia de prensa vespertina en Palacio Nacional el pasado 2 de septiembre, el también titular de la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic) y de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), subrayó que “no hay dosis útil ni dosis saludable de tabaco”. 

“No la hay. El tabaco no beneficia en nada y todo perjudica. Los alimentos ultra procesados, llamados ‘comida chatarra’, en realidad algunos tienen alguna proporción de calidad alimentaria. El origen puede ser un cereal modificado con azúcares añadidas, colorantes, inductores de apetito, inhibidores de saciedad, etcétera, pero tienen un origen en algo que parece, aunque sea muy remotamente, aunque sea sólo en la etiqueta de la caja, un alimento”, comentó. 

López-Gatell Ramírez destacó, además, que eso ha generado desde hace varias décadas un dilema sobre si se puede llevar a presentar a los productos alimenticios industrializados como “altamente tóxicos”. 

En este tema –añade el funcionario—“existen toda una serie de consideraciones que han llevado a la industria de alimentos y bebidas ultra procesadas a decir: ‘Es que poquito’. ‘Es que depende de la dosis consumida’”. 

Recordó que en la discusión de la llamada Ley de Etiquetado Frontal, que entra el vigor el 1 de octubre, los representantes de esas corporaciones “tuvieron todo el tiempo, y de sobra, para externar todos sus argumentos, y algo que decían era que el etiquetado debería estar asociado con la dosis”. 

“El etiquetado ‘no claro’ que existe actualmente, llamado GDA (Guías Diarias de Alimentación), justamente tiene un componente de dosis, que supone que el consumidor puede leer una etiqueta extremadamente pequeña y confusa, y quizá con una calculadora, dedicarle unos minutos para evaluar cada producto de los 70 u 80 que compra una tarde en el supermercado, y entonces decidir que de este se va a toma dos cucharaditas y de aquel se va a tomar un medio vaso, pero no funciona así”. 

Expuso que entonces por eso los etiquetados claros dan una información clara que dice “esto es alto en azúcares, esto es alto en sodio, esto es alto en grasas, o esto es alto en calorías, o esto tiene cafeína y no se debe usar en niños, o esto tiene edulcorantes artificiales y no se recomienda usar en niños”. 

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A menos de un mes de la entrada en vigor de la Norma Oficial Mexicana 051, sobre etiquetado frontal obligatorio a todos los alimentos y bebidas industrializados, los oligopolios de “comida chatarra” intentan evitar la aplicación del nuevo etiquetado mediante amparos, a pesar de que esa medida es muy benévola para su negocio, tomando en cuenta que sus productos crean adicción, enferman y son causantes de casi medio millón de muertes al año. 

De acuerdo al informe “Derecho a la Alimentación en México”, publicado en marzo de 2012, Olivier de Schutter, el exrelator especial de Naciones Unidas por el Derecho a la Alimentación, habló en su reporte acerca de la ‘cocacolonización’ del país. 

Oliver Schutter advirtió que el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá (TLCAN)  –que entró en vigor el 1 de septiembre de 1994, hoy renegociado por esas naciones y que en México se le conoce como T-MEC— “provocó el incremento del consumo del refresco en el país”. 

“Debido a la presión de la industria agro-alimentaria, representada por ConMéxico (organismo empresarial que está conformado por empresas como Coca-Cola FEMSA, Nestlé, Kellog’s y Bimbo), algunas medidas importantes para influir en los hábitos de los consumidores, incluyendo el aumento de impuestos a los refrescos y alimentos ricos en grasas trans o en azúcar, no se hicieron parte del Acuerdo Nacional por la Salud Alimentaria”, expuso el exrelator de la ONU. 

Al respeto, el director general de la organización de la sociedad civil El Poder del Consumidor, Alejandro Calvillo, recalcó que las bebidas azucaradas representan el 70 por ciento de la azúcar añadida a la dieta de los mexicanos, y puntualizó que “somos el primer país en muerte por diabetes y eso se vincula, en la mayoría de los casos, al alto consumo de azúcar a través de bebidas de alto contenido calórico”. 

En una entrevista realizada por la periodista Guadalupe Fuentes López, publicada en el portal Sin Embargo, el pasado 23 de julio del 2020, Calvillo indicó que “el sobrepeso y la obesidad afecta a tres de cada cuatro mexicanos y es un problema de salud que le cuesta al país el 5.3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE); mientras que la diabetes, declarada desde 2016 epidemia en México, afecta a 8.7 millones de personas”. 

“De acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud, el 81 por ciento de las personas que mueren por coronavirus en México tiene una enfermedad crónica causada por un modelo de mala alimentación. México ha sido el primer y segundo lugar en la epidemia de obesidad, sobrepeso y diabetes, y hoy es el país que sufre la mayor mortalidad en adultos jóvenes por Covid-19”, reiteró el director general de El Poder del Consumidor. 

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A Monserrat Martínez todavía le causan risa las fotografías de ratas muertas, fetos y pies amputados en los etiquetados de advertencia en las cajetillas de cigarros. “Al menos sé de qué me voy a morir; con pequeñas dosis de cianuro, y eso es un poema”, bromea la maestra universitaria de 33 años. 

Suelta una bocanada tenue. Vuelve a aspirar profundamente su cigarrillo a medias. La mujer se burla de lo que llama “hipocresía” de los productos de la industria de “comida chatarra”.  

“La Coca Cola contiene Steviosida, un sustituto que puede ser hasta 300 veces más dulce que el azúcar. ¡Eso sí es veneno! ¡Eso también mata! Pero en estos casos no aparecen ratas muertas, fetos, ni pies amputados en esos productos tóxicos”.  

Monserrat suelta de nuevo otra bocanada de espirales imprecisas. Sólo sonríe. 

Para José María Romero, de 27 años, guardia de seguridad privada en una empresa de renta de bodegas, las “aguas negras” tienen un papel fundamental en su trabajo –sobre todo en los turnos de madrugada—“para aguantar el sueño y no quedarse dormido en plena faena”. 

“Dos aspirinas y una coquita de seiscientos por ahí del inicio del turno, a eso de las 12 de la noche, y olvídate de pegar la pestaña. Un tío en paz descance, que fue chofer de autobuses en la ruta Tijuana-Ciudad de México, me pasó la receta. No falla”. 

–¿De qué murió tu tío? 

–De un infarto, pero también “estaba hecho un cerdo”. Pesaba más de cien kilos. 

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Gady Zabicky Sirot, comisionado Nacional contra las Adicciones (Conadic), enfatiza que el etiquetado de advertencia entre los productos del tabaco y los alimentos y bebidas industrializados son distintos –a pesar de que ambos contienen ingredientes tóxicos y llevan a la muerte—es porque “el tabaco no beneficia en nada; no tiene un solo ingrediente que sea benéfico para la salud, mientras que los alimentos ultra procesados, llamados ‘comida chatarra’, en realidad algunos tienen alguna proporción de calidad alimentaria”. 

“El argumento de la industria de ‘comida chatarra’ es que estos productos ultra procesados tienen un origen en algo que parece, aunque sea muy remotamente, aunque sea sólo en la etiqueta de la caja, en la lata, en la bolsa o en la botella, un alimento”, anota. 

Es el caso de la Coca-Cola. 

La bebida, que en las décadas de los ochenta y noventa se le conocía por su eslogan, “La chispa de la vida”, contiene entre sus principales ingredientes el E-338 o ácido fosfórico, el cual generalmente se utiliza en la industria como corrosivo.  

De acuerdo a un estudio de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), uno de los efectos en el cuerpo de este aditivo “es la desmineralización de los huesos, impidiendo al organismo que absorba el calcio que necesita para los huesos, debilitándolos y volviéndolos aún más propensos a las fracturas”. 

En el aspecto neurológico –añade el estudio—“disminuye considerablemente la concentración e igualmente genera estados de nerviosismo; en los aspectos digestivo y metabólico, provoca trastornos gastrointestinales y enzimáticos, con resultados degenerativos como la osteomalacia y la osteoporosis”. 

“El ácido fosfórico en conjunto con el azúcar refinado y la fructosa, impiden que el organismo pueda absorber con mayor eficiencia el hierro, provocando esto anemia, afectando así el correcto funcionamiento del sistema inmunológico, tornando al cuerpo extremadamente vulnerable a las infecciones”, detalla en documento de la Profeco. 

Otro ingrediente de la Coca-Cola es el 4-MEI o 4-Metilimidazol, el cual es un componente que en su ingesta incrementa los riesgos de contraer cáncer de tiroides, leucemia o de pulmón, para quienes consuman esta bebida. En algunos países ha sido retirado como elemento de la bebida, para evitar poner advertencias de riesgo de cáncer en los envases. 

El gas carbónico también es uno de los componentes de esa bebida. Este gas que adhieren al refresco –destaca el estudio—“genera un efecto psicológico adictivo”. 

Un ingrediente más es el llamado “E-150”. Este aditivo –añade la Profeco—“provoca disminución en el organismo de la vitamina B6, la cual es fundamental para que las proteínas puedan ser metabolizadas, derivando esto en anemia, estados de confusión, depresión, poca glucosa en sangre e hiperactividad”. 

En cuanto a los azúcares que forman parte de esta gaseosa, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) subraya que “estos agregados en exceso son convertidos en grasa por el organismo, generando paulatinamente notable incremento en el peso corporal pudiendo derivar esto en obesidad”.  

“Otro efecto del azúcar también es la diabetes, la cual es una grave  enfermedad, que al igual que la obesidad, afecta a personas de todas las edades, comprometiendo además del sistema cardiovascular, el páncreas, los ojos, las extremidades inferiores y los riñones”. 

En la lista de ingredientes que componen la lista de ese producto también se encuentra la fructosa, que es utilizada como ingrediente endulzante proviene del maíz transgénico, origen y efectos de los cuales está siendo mundialmente cuestionado no solo por la modificación genética de los alimentos, sino también por el uso de pesticidas extremadamente tóxicos. 

El E-951 o Aspartamo también componen la fórmula de este producto, el cual es un aditivo que se utiliza como reemplazo del azúcar en especial en las versiones Coca-Cola Light y Zero, generando diversos daños al cerebro, al sistema nervioso y cardiovascular, al páncreas y a la retina, además de confusión, disminución progresiva de la memoria, contribuyendo al Alzheimer”. 

“También provoca el desarrollo de cánceres como la leucemia, los linfomas y tumores en el cerebro. Extremadamente perjudicial para personas con anemia, problemas renales y fenilcetonuria”, añade el estudio. 

Otros componentes de la Coca-Cola son el E-952 o Ciclamato (aditivo puede generar cáncer de hígado, vejiga y próstata, además de daños en el riñón y migraña), así como el E-950, acesulfamo-k, acelsufame, Ace K o acelsufamo de potasio, el cual “se utiliza para incrementar el dulzor”.  

“Estos aditivos disminuyen considerablemente la fertilidad en mujeres y hombres, también se cree que contribuiría al incremento de la probabilidad de contraer cáncer, problemas neurológicos e hiperglucemia”, señala la Profeco. 

*** 

–¿La “comida chatarra” mata?—preguntó Reversos a Hugo López-Gatell en la conferencia de prensa del pasado 2 de septiembre. 

–Depende de la dosis que puede causar un daño, e hipotéticamente, si uno consumiera dos gramos de la misma “comida chatarra” podría no tener un daño, pero la dosis que habitualmente consume el individuo. 

“Y más si tiene la composición química de inhibidores de saciedad, estimulantes del apetito, o si la propia sal, la grasa y el azúcar estimulan el apetito, desde luego que pueden causar un daño y son responsables de la mitad de las muertes en México todos los años desde hace algunas décadas”. 

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El pasado 6 de agosto, la revista británica Public Health Nutrition publicó una investigación en la que reveló que Coca-Cola pagó millones de dólares para que estudios científicos minimizaran su impacto con respecto a enfermedades como la obesidad. 

De acuerdo con el departamento de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, “hay correos electrónicos entre la compañía de bebidas azucaradas y dos universidades en Estados Unidos que pertenecen a la asociación dedicada al estudio de la obesidad en ese país, la Global Energy Balance Network (GEBN)”. 

“La publicación revela que Coca-Cola invirtió 1.5 millones de dólares en el año 2015 para financiar a la organización científica, formada por la Universidad de West Virginia y la Universidad de Colorado”, destaca la investigación. 

A través de la GEBN, añade la publicación, “los científicos concluyeron que el motivo principal de la obesidad en la población de EU era por la falta de ejercicio, no tanto así por el consumo de la bebida azucarada”. 

“Fueron un total de 18 mil 036 páginas de correos entre Coca-Cola Company y la institución, que abarcan también hasta diciembre de 2016, donde se ve la influencia de la empresa sobre los resultados de los estudios de obesidad”. 

Desde hace sesenta o setenta años, esa misma práctica que hoy utiliza la industria de “comida chatarra” y bebidas tóxicas, fue el mecanismo de las corporaciones tabacaleras para ocultar que sus productos eran adictivos, enfermaban y causaban la muerte. 

Un estudio publicado en agosto en la revista PLOS Medicine reveló que la industria tabacalera es consciente, desde 1960, de la adicción que la nicotina provoca en el consumidor.  

Sin embargo, la investigación señala que no fue hasta el año 2000, tras décadas de negación pública, cuando la compañía Philip Morris admitió que esta sustancia es uno de los principales factores causantes de la dependencia de los fumadores, tal y como alertaban las autoridades sanitarias.  

“La empresa poseía mucha más información científica sobre el complejo fenómeno de la adicción al tabaco y supo cómo aprovecharla”, expone la publicación. 

A partir del año 2000 –añade la investigación de PLOS Medicine—“la compañía comenzó a promocionar productos bajos en nicotina. Simultáneamente, también creó campañas de publicidad y políticas que alentaban a comenzar o a seguir fumando. Y lo hizo porque conocía bien las demás claves de la dependencia al cigarrillo”. 

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Mediodía. Viernes 4 de septiembre. Los trabajadores de la construcción en la obra de la calle Concepción Méndez, entre Montealbán y Doctor Andrade, salen a comprar alimentos para el almuerzo. 

Julián Fragoso, Mateo Díaz y Aurelio Blanco, jovencitos albañiles de entre 20 y 25 años, pasan de largo y ni siquiera prestan atención a la camioneta tipo Pick Up que anuncia por un potente altavoz la venta de “naranjas y guayabas de a 20 pesos el kilo, y aguacates, plátanos y manzanas de a 25 pesos el kilo… Pásele a comprar”. 

Los muchahitos se siguen de frente y optan por comprar, cada uno, una botella de tres litros de Coca-Cola y una bolsa grande de las frituras llamadas “Paketaxo”.  

Caminan despacio con sus cascos, sus botas y sus vestimentas impregnadas de polvo y argamasa. Cabulean y aspiran profundo sus respetivos cigarrillos, como si la vida se fuera a escapar en cada succión. Luego se empinan la bebida tóxica. 

–¿Sabes que ese refresco también te enferma y te mata, como el cigarro?—pregunta Reversos a Mateo Díaz, quien chasquea los labios y rechina las muelas, como poniendo en duda lo que acaba de escuchar. 

–Naaa. No te creo. A ver, ¿en dónde dice eso aquí en la botella?—responde como quien sabe que de antemano ya ganó la partida….

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