¿Compatibilidad coyuntural con Estados Unidos?

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz

Considero que para nadie es desconocido que en una línea histórica desde que México se subordinó geopolíticamente al Departamento de Estado norteamericano, sobre todo en lo concerniente a los aspectos más medulares que trastoquen los intereses particulares de los estadounidenses en nuestro país y el resto del mundo, poniendo como punto de arranque la firma de los tratados de Bucareli, nuestro país camina a la sombra geoestratégica de los Estados Unidos.

Somos relativamente manejables desde Washington nos guste o no. Hay cosas en donde la utopía de la soberanía nacional en un contexto de país de tercer mundo, o en vías de desarrollo no cabe, entre ellas, los aspectos económicos y políticos que vinculen los intereses de los grupos de poder de las fuerzas imperiales; hasta por un contexto de geografía como tal no podemos vivir exentos de los intereses del imperio, de lo contrario mucha sangre e invasiones militares contundentes nos costarían y muy caro. Los tenemos junto.

Estados Unidos en México ha permanecido y permanecerá como un sello imborrable en la política nacional, y esto no solo en las relaciones diplomáticas o en el comercio internacional, esto incluye muchos de los aspectos más íntimos de la vida nacional que complementan las formas e instrucciones indirectas a acatar para resolver los temas anteriormente planteados como los aspectos de seguridad interior, la policía, las fuerzas militares mexicanas, la inteligencia nacional, los rasgos gubernamentales nacionales y desde luego la política socioeconómica local.

En realidad cuando el Jefe del Departamento de Estado norteamericano Michael Pompeo (Ex director de la CIA, ex asesor en temas de seguridad internacional para Estados Unidos, con perfil ideológico nacionalista blanco “WASP”, proveniente del Tea Party Movement) viene a la oficina de relaciones públicas de AMLO de la calle Chihuahua en la Colonia Roma de la Ciudad de México a charlar es en realidad a dictar caminos, vínculos, estrategias y líneas de acción para reorientar la política gubernamental básica que se enlace preferentemente a los intereses de Estados Unidos, y de los cuáles se pueden derivar muchísimas políticas e iniciativas que mediante el ideal de la cuarta transformación de la vida pública de México pasen a regenerar el tejido social nacional.

A Estados Unidos le convienen muchos planteamientos nacionalistas en materia económica que propone AMLO, porque además de ir en empatía con el programa socioeconómico que reivindica Donald Trump (en franca consigna de los grupos de poder económico en Estados Unidos que le impulsaron), apalearía entre otras cosas la masiva migración de millones de compatriotas que ante la falta de perspectivas en nuestra nación buscan una mejor vida del otro lado de la frontera.

Hasta la saciedad en múltiples espacios de análisis periodístico y teórico, incluida la humilde columna Gato Económico del periódico digital de Reversos, se ha ratificado la inflexión creciente, progresiva y fundamentalista de un nuevo nacionalismo mezclado con ideales sociopolíticos WASP en el gobierno de Donald Trump. Estados Unidos debe leerse como un nuevo perfil de Estado neonacionalista.

No debe resultar extraño que a pesar de los pronunciamientos críticos de Andrés Manuel López Obrador hacia el actual presidente estadounidense, incluso en campañas, sobre todo en los aspectos migratorios y en algunas premisas relacionadas al TLCAN mostradas incluso en su libro “Oye Trump”, el mandatario norteamericano muestre una empatía y una peculiar alegría diplomática ante la contundente victoria electoral de AMLO en nuestro país. Estos son códigos de entendimiento entre la franja más alta de la política mexicana y estadounidense.

Para los Estados Unidos como piedra medular del TLCAN será más fácil modificar la lógica operatoria más trascendental de dicho acuerdo, porque ni Canadá ni México poseen la fuerza económica ni comercial ni geopolítica suficiente para desvincularse de los estadounidenses en la dinámica general de esta alianza comercial. Canadá deberá reconsiderar muchísimo su postura al respecto luego del nuevo paradigma económico en Estados Unidos y que vendrá en México.

Considero sano y hasta cierto punto prudente que como agenda inicial internacional en el proceso de transición hacia el gobierno del presidente electo AMLO se esté bajo un prudente escenario de acuerdos y de sana amistad diplomática con el Departamento de Estado norteamericano particularmente y de manera indirecta con Donald Trump.

No nos conviene ahora enemistarnos con Estados Unidos, más aún cuando las fuerzas militares de aquella nación empiezan a mostrarse como única salida político-diplomática hacia muchas partes del mundo donde el consenso y la consideración geopolítica se agotaron para Washington.

Este no es un asunto de indefensión, de sumisión, ni tampoco de realismo latinoamericano como pregonan los necios del radicalismo estéril que pulula por el mundo sin efectos políticos prácticos más que el chamuyo pomposo (el verbo pues) de muchos pseudointelectualesjacobinos; la realidad objetiva es que nacimos pobres políticamente, seguimos siendo pobres políticamente, dependientes económicamente y aunque tenemos riqueza en “nuestros” recursos naturales aún no nos podemos valer por sí mismos en el plano que sea de manera soberana. Reitero, somos de tercer mundo.

Nos guste o no, tristemente si ustedes quieren, tenemos un vínculo casi dependiente en lo absoluto con la inercia socioeconómica y política de los Estados Unidos. Por ahora estamos condenados a pasar el rito oral de la lectura de cartilla que los norteamericanos nos refrendan sexenio con sexenio.

 

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