Comunicación y cultura popular, tácticas de lucha de la izquierda renovada y emergente en México (Segunda Parte)

RETORNO DE LAS IDENTIDADES Y AGOTAMIENTO DE LOS RELATOS

Por Guillermo Torres Carreño

Fotos: Fabiola Garduño y Edgar López (Archivo)

En la era de la información la memoria cultural sigue habitando la narración, pero no sólo aquella que conserva las trazas y las formas de la tradición sino también aquella que la reinventa desde las nuevas tecnicidades y los nuevos lenguajes.

Contradictorio, ese proceso remite a la existencia en nuestras sociedades de dos tipos de memoria colectiva: la que tiene una función activa, suscitadora de futuro y aquella otra cuya función es emblemática y de mera conservación. Hoy esa segunda memoria se reencuentra en la postmoderna moda retro, que es la convocación de un pasado neutralizado, incapaz de conferir algún sentido al presente.

Así, existe una propuesta como nueva manera de pensar el relato popular de masa, el análisis de la novela –folletín «pertenecía al estudio de la historia de la cultura más que al de la historia literaria» (Gramsci, A., Cultura y literatura, Península, Barcelona, 1977, pp. 122 y ss.).

Con ello se ha inaugurado la perspectiva que en los últimos años asumen los estudios culturales, esto es la del análisis de la diversidad de matrices y conflictos que articula la cultura. Y en especial la cultura nacional – popular, mucho más cercana a la vida que al arte, cultura no – letrada en la medida en que remite menos a los libros que a aquellas narraciones hechas, no para ser leídas sino para ser contadas.

De este modo tenemos que asimilado a una fórmula por la crítica culta, el relato popular – masivo es reducido al esquematismo, la transparencia de las convenciones y la estandarización comercial como resguardo de los intereses del neoliberalismo.

Lo que hasta hace muy poco ha significado la reactualización de aquella exclusión que encerraba la vieja confusión de iletrado igual a inculto, mediante la cual las élites ilustradas desde el siglo XVIII, al mismo tiempo que afirmaban al pueblo en la política, hacían de la incultura el rasgo intrínseco que configuraba la identidad de los sectores populares, y el insulto con el que cubrían su interesada incapacidad de aceptar que en esos sectores pudiera haber experiencias y matrices de otra cultura que ahora converge en el planteamiento social y político representado por los Caracoles zapatistas y la Sexta Declaración de la Selva Lacandona; en los otrora Calpullis.

La posibilidad de comprender la densidad cultural de los conflictos que moviliza la relación entre medios de comunicación y culturas de pueblos, pasa entonces por la reconstrucción de una crítica capaz de distinguir la necesaria denuncia de la complicidad de los medios con las manipulaciones del poder y los intereses mercantiles, del lugar estratégico que ellos ocupan en las dinámicas de la cultura cotidiana de las mayorías, en la transformación de las memorias y las sensibilidades, así como en la construcción de imaginarios colectivos desde los que la gente se reconoce y representa lo que tienen derecho a esperar y desear.

Nos guste o no, los medios constituyen, a la vez, el más sofisticado dispositivo de moldeamiento y cooptación de las sensibilidades y los gustos populares, así como uno de los más vastos conjuntos de mediaciones históricas de las matrices narrativas, gestuales y escenográficas del mundo popular, en cuanto ámbito de hibridación de ciertas formas de enunciación, ciertos saberes narrativos, ciertos géneros dramáticos y novelescos de las mestizas culturas de América Latina.

Actualmente asistimos a la conformación y refuerzo de poderosos conglomerados multimediales que manejan a su antojo y conveniencia, en unos casos la defensa interesada del proteccionismo sobre la producción cultural nacional y, en otros, la apología de los flujos transnacionales. Los objetivos directa e inmediatamente económicos – desarrollo de los mercados, aceleración de los flujos de capital – obturan la posibilidad de plantearse un mínimo de políticas acerca de la concentración financiera y el ahondamiento de la división social entre los ‘info. ricos’ y los ‘info. pobres’.

La otra razón de fondo que impide incorporar las políticas sobre industrias culturales en los acuerdos de integración latinoamericana, estriba en el divorcio entre el predominio de una concepción fundamentalista de la identidad nacional, asociada con lo étnico y el pragmatismo radical del que hacen gala los estados a la hora de insertarse en los procesos de globalización económica y tecnológica.

Concentradas en preservar patrimonios y promover las artes de élite, las políticas culturales de los estados han desconocido por completo el papel decisivo de las industrias audiovisuales en la cultura cotidiana de las mayorías.

Ancladas en una concepción básicamente preservacionista de la identidad y en una práctica desarticulación con respecto a lo que hacen las empresas y los grupos independientes, – ese “tercer sector” cada día más denso-, las políticas públicas están siendo, en gran medida, responsables de la desigual segmentación de los consumos y del empobrecimiento de la producción endógena.

Y ello, en momentos en que la heterogeneidad y la multiculturalidad no pueden ser vistas como un problema, sino deben asumirse como la base de la renovación de la democracia, y cuando el neoliberalismo, al expandir la desregulación hasta el mundo de la cultura, está exigiendo a los estados y organismos internacionales la reconstrucción de la esfera pública.

Las principales reflexiones sobre la relación entre la identidad, cultura y comunicación que se plantean tienen que ver o bien con la identidad y la cultura corporativa – en el ámbito organizacional – o bien con la defensa de las diferentes culturas nacionales en una sociedad globalizada.

En este sentido la Nueva Izquierda Emergente en México, debe definirse como una lucha por la defensa de la multiculturalidad que conforma un todo en la cultura nacional. Para hacerlo se parte del el hecho de que las tres son los elementos constituyentes de cualquier proceso de interacción humana.

El enfoque que se presenta obliga a expresar tres actitudes diferentes; una de identificación, otra de duda y una tercera caracterizada por un tono reivindicativo. Reivindicación llevada a cabo de manera cuasi gahandiana por el movimiento zapatista y el partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), ajenos a todo fundamentalismo o exclusión, que hoy en día caracterizan a los estertores de esa “izquierda” amorfa y sus nostálgicos exponentes de la demagogia y el sectarismo; esa pluralidad que le da la fuerza y legitimidad para reivindicar una demanda popular que trasciende, lo que los tinteros sistémicos definen como “problema local”, dicho anteriormente; de alcances globales en medio de una multiplicidad de ópticas que dejan de lado el aspecto socio económico para llegar a lo universal, dejando claro que es una demanda aplicable a todo aquello que trastoca al neoliberalismo.

Estamos ante un estadio nacional, en el que ya no se diga con mayor claridad, sino con claridad única; tenemos por un lado al movimiento zapatista y por el otro un partido político que ha nacido al fragor de un fenómeno de retoma de conciencia colectiva, que parece extenderse de manera exponencial; en consonancia con los inicios del Movimiento Zapatista.

Y es aquí donde como ciudadanos debemos compartir el beneficio de la duda, de algo que no solamente se plantea inevitable, sino necesario. Para consolidar la refundación de una izquierda que dentro del espectro político electoral, reivindique institucionalmente, la horizontalidad popular de un movimiento que recoge e incorpora la heterogeneidad ideológica y social de las últimas cuatro décadas, no solamente en México, sino en toda América Latina.

Estamos ante la patriota obligación de desechar, de entrada, todo lo demás que dentro de ese espectro se manifieste como “izquierda”; y si bien no es menester de la izquierda que ha re nacido en México, excluir ningún colectivo; en principio si es necesario enfocar de manera consolidada un movimiento de movimientos con estos dos ingredientes imprescindibles. Lo que al paso vaya sucediendo como adhesión o simpatía, colaboración con sus debidas reservas, ya será otra cosa.

NOTA. Este ensayo parte de conceptos básicos planteados en la obra del Antonio Gramsci, con validez posmoderna y actual, que considero aplicables a la reivindicación legítima del tema que nos ocupa, sin profundizar demasiado en ello en este artículo. Si hubiera alguien interesado en comentar al respecto para intercambio de información, por favor háganoslo saber a la cuadrilla de Reversos.

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