Conclusiones luego de una frustración más

Por Víctor Del Real Muñoz

Mención aparte merece el equipo alemán, con un proyecto deportivo en selecciones nacionales fuerte, extraordinario, vigoroso, bien estructurado, con una identidad y una filosofía deportiva; con un sistema de valores y argumentos futbolísticos establecidos en la cancha; con una vinculación estrecha entre la Bundesliga y la Selección alemana, y con la generación de jugadores teutones con características y condiciones técnicas, físicas y talentosas sencillamente sublimes y en concordancia con las expectativas.

El proyecto futbolístico alemán es y ha sido siempre de primer orden y queda claro que Alemania seguirá siendo uno de los 4 o 5 equipos más importantes, top del futbol mundial. Seremos unos privilegiados de seguir viendo a Alemania ganar copas del mundo en el futuro.

Ahora bien, cumplido el partido de semifinal de Copa Confederaciones 2017 frente a Alemania, quedan para el análisis muchos aspectos que se deben poner a la mesa para referirnos a la realidad del equipo nacional mexicano.

Está claro que no pertenecemos a la elite del futbol mundial, lastimosa y tristemente estamos lejos de ello. Muchos aspectos de alcance deportivo, administrativo y de manejo en torno al equipo nacional cobran factura cuando la selección tiene que enfrentarse a rivales de jerarquía y se exhiben flancos débiles de manera absoluta.

Si bien el equipo a veces da chispazos de buen futbol con algunos argumentos interesantes, no existe una generalidad colectiva ni una solvencia sistémica en la estructura y el funcionamiento futbolístico del equipo nacional. Esto es expresión de toda una vulnerabilidad estructural del sistema del futbol mexicano. Todo en este caso está vinculado, para mal claro está.

El proceso actual, comandado por Juan Carlos Osorio, ha tenido tres exámenes oficiales a lo largo de dicho ciclo, dos de los cuales se han reprobado de manera categórica. Hablamos del 7 a 0 frente a Chile en Estados Unidos y el partido de este jueves en Sochi, Rusia, frente a Alemania 4 a 1. El otro examen sí se aprobó, pero con muchas dificultades y con el reloj encima, con un empate a dos frente al campeón actual de Europa, la selección portuguesa. Han sido partidos en los cuales México ha jugado de regular a mal, y de mal a muy mal. No han sido rendimientos aceptables.

Si bien en este juego frente a Alemania el equipo nacional mostró empuje, un poco de espíritu y generó llegadas de gol frente a los alemanes, tácticamente Low superó a Osorio y el partido se jugó al ritmo que los teutones impusieron, quisieron y permitieron.

Cuando los alemanes aceleraron un poco su ritmo, sencillamente minaron y exhibieron las carencias y las fragilidades del equipo mexicano. La posesión de la pelota frente a una derrota estratégica y un dominio en los tiempos del partido por parte del rival, termina siendo intrascendente.

Está claro que a México lo derrotan comúnmente de manera estratégica, inclusive frente a adversarios débiles como Nueva Zelanda, y muy a pesar de sacar resultados engañosamente favorables en algunos casos. Es fácil ganarle a Osorio la partida táctica.

Se cobra factura también producto de las necedades y los caprichos del entrenador nacional con el discurso de las rotaciones, con la inexistencia de un equipo base y una estructura que tenga ya un recorrido importante en entrenamientos y partidos amistosos y oficiales, como para poder pensar en una competencia trascendental por parte del equipo mexicano.

Osorio sigue mostrándose frente a las derrotas como un tipo acobardado, de tez pálida, nervioso y sin capacidad de reacción. La actitud que el colombiano muestra cuando su equipo va perdiendo es digno de asustarse, porque el pánico lo domina y se vuelve inoperante. México últimamente se debilita emocionalmente frente a grandes adversarios, algo que no pasaba anteriormente.

Se tienen que mencionar a algunos de los jugadores que no merecen la playera nacional ni siquiera en la banca, caso específico de Giovanni Dos Santos y de Miguel Layún. Tampoco puede seguir existiendo la necesidad de tener que convocar a Rafa Márquez, pensando en partidos tan importantes como éste.

¿Hasta cuándo se entenderá que se deben formar mejores jugadores de futbol en México, con mucha disciplina, con mucho trabajo mental y emocional, con mucho desarrollo de condiciones técnicas, con una educación y preparación física de calidad y sobre todo con una mentalidad ganadora, poderosa, ambiciosa que pueda hacerle frente a exigencias que se presentan ante rivales que traen un chip de primer nivel, como sucede con los alemanes, los holandeses, los argentinos, los españoles, los brasileños, los italianos, los chilenos, los uruguayos, los franceses, etc.?

Hoy México no tiene cracks, no tiene jugadores de referencias internacionales, que además sean determinantes en el funcionamiento individual y colectivo. Chile, por poner un ejemplo, cuenta con perfiles internacionales sublimes en condiciones físicas y técnicas y con un talento cabalmente aplicado en tipos como Vidal o Alexis Sánchez, que encajan bastante bien en un funcionamiento colectivo de primer orden mundial.

Hoy los chilenos, luego de ocho, casi nueve años con una identidad, una filosofía y una estructura, respetando ciclos y pensando en plazos bien determinados, son firmes candidatos para ganar el próximo mundial, producto del trabajo administrativo, comercial, deportivo y estructural que han venido desempeñando, siéndole fieles a un estilo, una identidad de juego y en estrecho vínculo con su liga local, de muy buena reputación en Sudamérica.

¿Hasta cuándo se entenderá que México necesita tener un vínculo estrecho y cercano con su liga, en la cual la estructura deportiva de la misma tenga como prioridad abrir los espacios y generar el entorno necesario para el desarrollo del futbolista mexicano de cualquier edad y origen?

Debe terminarse la regla 10-8. Debe reglamentarse la cantidad de extranjeros en México, deben haber cuatro, máximo cinco jugadores foráneos, incluso naturalizados mexicanos, por cada equipo de Primera División y Liga de ascenso.

¿Hasta cuándo se entenderá que los partidos moleros en Estados Unidos sirven para poco y nada en la medida en que te enfrentes a rivales africanos, asiáticos, nórdicos, o americanos que no ostenten un nivel ni una exigencia deportiva importante para el equipo mexicano?

México está obligado a buscar partidos en Europa y Sudamérica contra rivales que te sirvan de parámetro.

México debe mejorar muchas cosas, pero sobre todo debe valorar lo poco que tenemos y saberlo explotar al máximo con un sistema y un proyecto serio.

Hoy, sencillamente, estamos en la medianía, en el resultadismo y en la garantía de las ganancias millonarias que la comercialización de la selección genera. Estamos condenados a ser mediocres por ahora. Soñar no cuesta nada, pero hoy estamos lejos de tocar el cielo en el concierto internacional.

 

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