Crónica de un final inesperado (Luzhnikí atestigua una de las páginas más gloriosas del futbol mexicano)

Por Christian Marín

 Fueron  mil 449 días de espera para México. Poco menos de cuatro años para volverse a mostrar en una justa mundialista a nivel mayor. El recuerdo del mundial pasado aún está presente. El “No era penal” se convirtió en la pesadilla de muchos. La creencia en un quinto partido se redujo en tan solo unos minutos.

Aquel 29 de junio de 2014 se convertiría para los aficionados mexicanos una fecha para no recordar jamás, futbolísticamente hablando.

Bajo este estigma llegó México a Rusia. Con un proceso lleno de altibajos, con resultados turbios y otros no tanto, con recuerdos como la eliminación de Holanda, la goleada recibida ante Chile por 7-0 en el contexto de la Copa América Centenario, el conjunto mexicano se plantó en Moscú en un escenario pintado en su mayoría verde después de un proceso eliminatorio fácil para los de Osorio.

El director técnico colombiano visibilizaba dudas en el previo al partido, durante los amistosos se observó una serie de dudas para conformar su 11 ideal rumbo a la Copa del Mundo.

Los pronósticos no eran alentadores. Periodistas, analistas y aficionados veían un resultado abultado a favor de los comandados por Joachim Löw.

Con un 4-2-3-1 México inició el partido, esperando y presionando apenas un jugador alemán pasaba la mitad de la cancha. El cuadro alemán no pudo ubicarse a lo largo del partido.

Héctor Herrera y Andrés Guardado lograron eliminar casi por completo la peligrosidad de Toni Kroos y Mesut Özil, dos de los mejores futbolistas actualmente a nivel mundial.  Carlos Vela lograba dar volumen de juego a México, con pases filtrados, tenencia de balón e intentos a portería, mientras Herrera y Guardado frenaban todo intento de los mediocampistas alemanes de pasar con balón controlado al área mexicana.

La Selección Mexicana optó por jugar al contragolpe, las salidas a velocidad eran la principal arma para hacer daño a unos lentos defensas teutones.

Las jugadas parecían repetirse, los contragolpes eran bien llevados, el último toque falló en varias de las aproximaciones mexicanas. Layún probó a puerta mínimo en tres ocasiones, ninguna de ellas tuvo éxito. Javier “Chicharito” Hernández comandaba los contragolpes y logró dar la asistencia en el gol mexicano, sin embargo, erró distintos pases en la línea final, Hirving “Chucky” Lozano, marcó el único gol del encuentro, desequilibrante como siempre, insistente contra Kimmich que en varias ocasiones solo le veía el número de la playera de nuestro extremo izquierdo.

Un primer tiempo perfecto para los de Osorio, con un planteamiento táctico bien llevado a cabo, los jugadores bien escalonados, relevos y un gran sacrificio fueron las razones de que México se fuera con ventaja al marcador en el descanso ante un equipo alemán que no hilaba pases en territorio rival.

El medio tiempo fue un momento de alivio para el pueblo mexicano, la presión era constante, de las enormes dudas que se desarrollaban alrededor del “Tri” a pensar en el “Sí se puede”, nunca se planeó un escenario así. México estaba haciendo lo inimaginable, le estaba plantando cara al vigente campeón del mundo, Alemania estaba contra las cuerdas y la ilusión entró en cada uno de nosotros.

Iniciado el segundo tiempo cambió la tónica del partido. El equipo mexicano lució un poco más agazapado, prefería esperar los embates y tratar de atacar aunque ahora en menor medida. Héctor Moreno y Hugo Ayala rechazaban los balones por aire, Salcedo y Gallardo lograban bloquear los intentos por las bandas, la defensa en general, se comportó a la altura del partido.

¿Y qué decir de Guillermo Ochoa?, dando seguridad a los de atrás, reafirmando que es el mejor portero del país, sacó un tiro libre que poco a poco se iba clavando en el ángulo superior y que podía darle esperanza a los germanos. Las salidas por aire se volvieron su fuerte y los centros largos eran bien cortados gracias a él.

Fue a partir del minuto 85 que el país entero, los aficionados y paisanos en otros países creyeron en su Selección, creyeron en que no era imposible ganarle a Alemania, que no siempre el “Jugamos como nunca y perdimos como siempre” se cumplía, fueron aproximadamente ocho minutos los que México se paralizó, los nervios, el miedo al empate, cada minuto se vivió al límite.

Un equipo alemán que se iba desdibujando, centro tras centro las ideas se les iban acabando, el tiempo se iba extinguiendo, las oportunidades se iban cerrando y las puertas se abrían para los mexicanos.

Y así ocurrió, 90 minutos espectaculares se terminaron, México se encargó de abollarle la corona a Alemania. Tal vez haya sido la mejor presentación de México en un mundial, tal vez es una lección de vida que tenía como propósito enseñar que no hay imposibles, que hasta el más fuerte tiene una debilidad, que la unión hace fuerza, y que, como dijo Neymar Jr. alguna vez: “Mientras haya 1 por ciento de esperanza, hay que tener 99 por ciento de fe”.

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