Crónica del cochinito y su pobre mamá

Por Astrid Perellón

Como diseñadora de contenidos, reajusto constantemente mi forma de hablar con mi hija, según los detalles que observo. Los arrullos, por ejemplo, sé que son de tremendo impacto pero, he aquí lo interesante de la crónica. Le canté por primera vez el clásico “Los Tres Cochinitos” de Cri-Crí y su parte favorita era la del cochinito que se caía de la cama. Me hacía preguntas sobre los porqués de este acontecimiento (ella tiene 2 años). Desde esa noche y, sin que nunca hubiera pasado antes, se despertó porque se caía de la cama. Tras tres noches seguidas del ritual con su evidente resultado, probé alterar la canción.

Otro soñaba que en el mar/en una barca iba a remar/más de repente al embarcar/casi se cae pero supo nadar.

Desperté en ella una nueva ronda de preguntas pues, curiosamente, había tomado su primera clase de natación ese día. El contenido de la charla resultó en enumerar qué cosas jugó el cochinito en el agua.

Esa noche no se cayó de la cama, ni las subsecuentes. Yo, divertida por los gajes de ser mamá (y diseñadora de contenidos), hice que el cochinito mayor pidiera pasteles y ensaladas mientras el mediano buceaba, además que ningún porcino ronca en mi versión. Finalmente, recompuse la parte para mí más importante:

El más pequeño de los tres/un cochinito lindo y cortés/ese soñaba con trabajar para jugar con su hermosa mamá.

Por supuesto, tras repetir noche tras noche esta bella melodía, un cerebro de adulto nota cómo resuena o no la intención detrás de la palabra. Así pues, muestro a continuación la evolución de la canción en las siguientes semanas hasta llegar a la versión que, por el momento, va totalmente conmigo.

El más pequeño de los tres/un cochinito listo y cortés/ese soñaba con trabajar para reunir muchas monedas.

El más pequeño de los tres/un cochinito listo y cortés/ese soñaba con trabajar para jugar con sus monedas.

El más pequeño cochinito/uno que era listo y divertido/ese soñaba con trabajar para jamás dejar de jugar.

Y hacia allí va mi fábula del aquí y del ahora. Si no estás sintiendo que juegas, entonces ese trabajo no es el de tu sueño, ni te producirá monedas para jugar ni para reunir ni para ayudar a tu hermosa y pobre mamá. ¡Pobre! Porque no se supo divertir con un simple arrullo que influiría en qué tipo de cochinito serías.

 

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