Cruces maléficos

Por Karenina Díaz Menchaca

 

En el cruce de Viaducto y Tonalá eventualmente hay choques, sobre todo en la Y que se abre para salir a la diagonal del Viaducto. A veces no importa la hora, siempre es la misma escena: los carros dan una voltereta para caer encima del concreto de un camellón angosto, o bien, si peor les fue, encima de la banqueta peatonal. Los conductores, pero sobre todo, nosotros, los chismosos, nos preguntamos: ¿coincidencia?

 

La ebriedad ha resultado el factor positivo con probabilidades más que obvias y exactas tan sólo uno se asoma por el balcón y lo comprueba después de unas milésimas de segundos en que fue detectado al unísono el escandaloso revienta vidrios de calaveras, espejos y cristales de cuanto puede salir volando al aire. ¡Uf! Yo salgo disparada de la misma manera de la cama, no importa si son las 2 , 3 o 4 de la mañana, soy una morbosa descarada y quiero ver sangre desde mi balcón, ñaca, ñaca, ¡ja!, es un decir, no es verdad, ¿cómo creen?, ¿yo?

 

Ya saben, la noche, la fiesta, el alcohol, el abuso, y luego el inmaculado…cho-que. Sí, es triste, pero ya sabemos que estadísticamente, las muertes automovilísticas ocurren por el maldito alcohol; pero bueno, demos un respiro, también ocurren por esa compañía nuestra de cada día. No, no es nuestro ángel de la guarda, es nuestro …che teléfono celular. ¿Venías texteando?, choque seguro.

 

Ya se imaginarán que aquí desfilan carros de aseguradoras de todos colores. Sin embargo, vecinos del lugar afirman que algo más que estas ‘casualidades’ atraen a los conductores al asfalto de la colonia roma sur. Les llaman “espíritus chocarreros”. ¡Ay nanita!

Cierto o no, los conductores han narrado que se han sentido atraídos por una fuerza especial, como si una mano les diera el volantazo y los patinara al momento del mismísimo juicio final. Les aseguro que la peda se les baja en tres segundos, hasta salen caminando de sus autos, bueno, caminar es un decir, se arrastran como víboras o como lombrices panteoneras si es que ya andan muy mal, pero, ojo, algo en su cabeza, un breve espacio de consciencia de pronto les dice que tienen que ‘correr’ (si es que correr es el verbo exacto) porque una sirenita viene por ellos, y no es precisamente la de Disney.

Los primeros beneficiados de esas fuerzas sobrenaturales son los patrulleros, porque tan bien se la saben que llegan al lugar primero que nadie, es más, primero que la vecina más chismosa de mi edificio, y eso es, ya decir mucho, ¡me la gana!. Porque ya lo sabemos, los patrulleros se llevarán su buena tajada.

Según el Reglamento de Tránsito establece en el Artículo 52, lo siguiente:  Si como resultado de un accidente de tránsito se ocasiona daños a bienes propiedad de la Administración Pública del Distrito Federal, los implicados serán responsables del pago de los mismos. ¡Ay nanita!

De esta manera, el espíritu chocarrero ya ni siquiera aparecería como causante del accidente, es más, yo creo que si el conductor se aferrara a esa idea, muy probablemente lo llevarían al Hospital Psiquiátrico. Así que ya saben, si andan por estos lares, saluden a La Llorona porque yo sigo creyendo que es ella la que quiere a sus hijos, pero para darles una buena lección. ¿Y por qué La Llorona? Pues porque se supone que ella está en donde hay agua. Viaducto-agua, ¿les checa? Sí, también a los que andan en el agua toda la vida.

 

@kareninadiaz

 

 

 

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