¿Para cuándo un equipo de futbol del IPN?

Por Víctor Del Real Muñoz

Siendo aficionado al futbol mexicano, independientemente de las críticas y las precisiones al respecto, los malos y mafiosos manejos dentro de las grandes capas de los dueños del balón mexicano, y las carencias y miserias estructurales en lo deportivo del balompié nacional, me percato de un hecho concreto.

Algunas de las universidades públicas más importantes en México tienen equipos representativos con un sello de identidad institucional, amor por la camiseta de la alma mater y un vínculo cabal con el entorno universitario de cada una.

No me detendré en mencionar lo que significa para la Universidad Nacional Autónoma de México y para México en general, la grandeza y el simbolismo de los Pumas (uno de los 4 grandes, sin duda), tampoco reiteraré la importancia que para la Ciudad de Monterrey y el entorno de la Universidad Autónoma de Nuevo León tienen los poderosos y cada vez mejores Tigres, la grandiosa U.

Sorprendentemente, y de la mano de Rafael Puente Jr., nos hemos venido embelesando el alma con la propuesta fresca de juego por parte de los Lobos, representantes de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, que de cinco o seis años a la fecha han consolidado un proyecto deportivo excelso y brillante, contribuyendo a la identidad inclusive de la Ciudad de Puebla, guardando proporciones de lo que la Franja del Puebla (hoy administrada cada vez peor tristemente) representa para este lugar.

La historia del futbol mexicano no podría contarse sin la participación cabal de los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara, equipo tan tradicional para la comunidad universitaria de esa institución y la Ciudad de Guadalajara como tal, compitiendo cabalmente con el Guadalajara y el Atlas por seguimiento; así como tampoco sin los Correcaminos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, causal de verdaderos clásicos regionales contra Tampico Madero en el entorno del Estado de Tamaulipas.

Y hoy, la presencia de un equipo dúctil, dinámico, atractivo y con una creciente consagración en la división de ascenso en el nombre de los Potros de la Universidad Autónoma del Estado de México, generando un rasgo distintivo genial en la Ciudad de Toluca, pero sobre todo representando los valores académicos de aquella institución universitaria.

No hablaré en este caso de los extintos Tecolotes de la Universidad Autónoma de Guadalajara (hoy en tercera división, con miras a volver al máximo nivel) por tratarse de una institución privada.

Dicho el contexto anterior, y tratándose de casos en los cuales están de por medio universidades públicas mexicanas de prestigio académico, institucional y social, empezando por la UNAM como una de las 100 mejores del mundo, la pregunta a realizar es: ¿A caso el Instituto Politécnico Nacional, segunda máxima casa de estudios del país, no merecería tener un representante aunque sea dentro de la Liga de ascenso en el futbol mexicano?

A caso, citando en parte a Bolívar Echeverría, ¿La americanización del deporte blanquiguinda depende única y exclusivamente del futbol americano? ¿El Politécnico no tendría cabida en el máximo nivel del futbol mexicano?

Parte del presente artículo pretende resaltar el hecho de que existan equipos del máximo nivel dentro del futbol mexicano que representan instituciones de educación superior y de posgrado de carácter público. El Poli lo es, y por tanto lo merece.

 

¿Se toma en serio la Copa Mx?

Cuando uno compara la seriedad y el orgullo con que asumen el compromiso de la Copa del Rey en España equipos como el Real Madrid, el FC Barcelona (máximo ganador de dicho certamen, a pesar de la connotación ideológica de por medio en torno a Cataluña vs el simbolismo representativo de la inútil monarquía española), el Sevilla, el Atlético de Madrid, el Atletic Club de Bilbao (en la misma sintonía del Barcelona), el Valencia o el Villarreal, por mencionar algunos de los máximos exponentes del futbol español, surgen varias inquietudes en torno a  México.

¿Por qué en México muchos equipos, sobre todo de los más importantes, asumen el torneo de Copa como un estorbo, como un ensayo o como un calendario de partidos amistosos con sello oficial?

¿Por qué en México prevalece la mediocridad deportiva de no aspirar, hablando de manera reiterada de equipos importantes en nuestro país exceptuando al Guadalajara, a ganar la Copa con todos los méritos y las intenciones deportivas?

¿Por qué despreciar y en algunos casos hasta pedir que se erradique con dicho torneo? ¿A caso se asume indirectamente que en torno al ritmo de la doble competencia no se está acostumbrado a entrenar y trabajar en México?

Detalles como este hacen que el futbol mexicano siga siendo de nivel medio hacia abajo. Ojalá los dirigentes, presidentes deportivos e inclusive entrenadores y jugadores, entiendan que la doble o triple competencia (como sucede en Europa) se pueden llevar al máximo nivel si prevalece la cabal intención de ser mejores.

La grandeza del Real Madrid, la Juventus, el FC Barcelona, el Bayern Munich, el Manchester United, el Liverpool o el AC Milán, por citar ejemplos, no se fabricó solo en la identidad y el orgullo, se gestó desde la cancha, compitiendo y jugando a ganar miles de copas, tanto nacionales como internacionales.

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