Cuba cumple un año sin “El Comandante”

Por Marcia Chi Barrales

Fotos: Marcia Chi Barrales

LA HABANA.— “¿Es su primera vez en Cuba? Déjenme decirles que si vinieron antes del 2011, igual es como si fuera su primera vez aquí. Todo ha cambiado desde la apertura. Todo es diferente”, dice Lizy, la guía turística que nos recibe en el aeropuerto de La Habana a un grupo de cuatro mexicanas, un mexicano y dos japoneses. 

Para alivio de quienes viajamos, el clima es templado como se pronosticó. Entre autos “clásicos” y actuales está el que será nuestro transporte por unas tres horas, hasta Varadero. Apenas entramos al frío de sus asientos, las preguntas a Lizy comienzan: “¿Y si están viniendo muchos gringos?”, pregunta Eduardo mientras se acomoda los lentes de sol. El cielo está nublado.

“Pues…” comienza a pronunciar Lizy con una mueca, y un silenció le impide terminar. “No, no es miedo”, responde ante la insinuación casi susurrada de Eduardo. “Mira, hasta ahora hemos podido sin ellos. Los estamos esperando, pero si no quieren…”

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La carretera bien podría ser hacía Guerrero. Varadero es una ciudad de Cuba perteneciente el municipio Cárdenas, situada en la península de Hicacos. Constituye el punto más cercano a los Estados Unidos. Tiene 30 kilómetros de extensión, de los cuales 22 son de playas.

Lizy nos habla con orgullo de las escuelas por las que pasamos, nos explica cómo funcionan. Señala las plantas eléctricas y puentes construidos hace décadas. Rusia/Unión Soviética es una constante en la plática. También nos cuenta sobre ella. Tiene una hija de 12 años que se llama Adriana, ella no pasa de los 35 años. Pertenece a una generación que le permitió crecer admirando a Fidel Castro, gozar y trabajar los triunfos de la Revolución Cubana.

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Más allá de sus paisajes, Cuba resulta una extrañeza para sus visitantes por su sistema político. A partir del triunfo de la Revolución (enero de 1959), se estableció una democracia popular, con una socialización (estatización y en ocasiones, cooperativización) de los medios de producción.

Dirigida por Fidel Castro, durante casi 50 años, primero como primer ministro (1959) y luego como presidente del Consejo de Estado, y del Consejo de Ministros (1976), actualmente es presidido por su hermano Raúl Castro. Tras la reforma constitucional de 2002, Cuba se estableció como un Estado socialista de manera irrevocable.

El Sistema educativo de Cuba ha sido distinguido por su alta calidad. El gobierno nacionalizó todas las instituciones educativas y creó un sistema operado exclusivamente por el Estado. Presenta una orientación ideológica de carácter marxista. El gobierno de la isla lo considera como uno de los máximos logros de su Revolución. 

Resultado de ello, se tiene una población instruida y politizada. Si bien como destino turístico se ve una mesura respecto a esta clase de manifestaciones, basta escuchar la platicas de los locales o comenzar una, para constatar la personalidad colectiva.

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En contraste, La Habana deja ver sus tintes políticos en cada calle. Ha pasado un año, seis días desde la muerte de Fidel Castro, “El Comandante”. “Nuestro Comandante”, me dice Ángela. Ninguna calle, ningún lugar lleva el nombre de Fidel, tal y como el mismo lo pidió. Como quedó estipulado con una ley.

Es José Martí el que le da nombre a calles, edificios y escuelas. “Nuestro apóstol revolucionario”, dice Malena, Jorge, Mario y casi cualquiera que esté a favor del régimen. Las voces disidentes se esconden a los ojos del turismo. 

La Habana Vieja actúa como set de película: las calles se visten de música, café, habanos, acentos de todo el mundo, comerciantes y restaurantes. De pronto, aparece Rubén vestido de playera amarilla, gorra azul, bermudas baeige y tenis negros. En la mano lleva gorras verdes que ofrece en promoción de 4 por 5 CUC –abreviación del Peso Cubano Convertible, moneda para uso exclusivo de extranjeros.

Una de las mexicanas decide regalarle adornos navideños –celebración novedosa en la isla–, él le obsequia una de las gorras. Son como las que usaba el muchacho que venció a Fulgencio Batista.

Las postales que da esta fiesta parecen planeadas, hombres y mujeres casi disfrazados y posando. La caminata entre sus pequeñas calles parece eterna, funciona como laberinto. 

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Un día después de conmemorar el primer aniversario de la muerte de Fidel Castro y con la retirada de la presidencia de Raúl Castro prevista para febrero, Cuba celebró sus elecciones municipales. Nadie habla de eso. Sólo se respira la nostalgia de una Revolución que ha dejado huérfanos a sus hijos.

“Sí, la Revolución nos dio todo y nos quitó a las mafias. Nos obligó a salir delante. Somos un pueblo que se adapta”, dice Ramona mientras ve correr a sus hijas por la plaza. Me explica que ella trabaja como mesera en un hotel, habla inglés y un poco de ruso. Nunca ha salido de Cuba y espera conocer Rusia algún día.

Especies de altares a Fidel Castro aparecen en calles y establecimientos. Cuando le pregunto a un niño, de no más de 10 años, quién es él, me responde con una sonrisa “El Comandante”. A su abuela se le llenan los ojos de lágrimas al recordar los primeros costos de la Revolución, esos que vivió y cuyos resultados pudieron disfrutar sus cuatro hijos.

Vianney asegura que el pueblo siempre le será fiel a su Comandante. Aleja a las personas curiosas que piden obsequios a los visitantes. Presume los servicios de salud y el nivel educativo. Este último se hace evidente en la conversación. Me habla de historia universal con exactitud en cifras, datos y personajes.

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Con la muerte del líder de la Revolución, se vive una falta de liderazgo para las nuevas generaciones. Los cambios políticos mundiales han retrasado la transición. Aunque su nombre no sea utilizado, Castro es recordado todo el tiempo por su gente, por los extranjeros, por los medios. Por la isla.

“Querido pueblo de Cuba, con profundo dolor, comparezco para informar a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo, que hoy, 25 de noviembre de 2016 a las 10:29 de la noche, falleció el comandante en jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz”. A través de la televisión, así anunció Raúl Castro, con la voz rota, la muerte de su hermano. Así Cuba despedía a su líder y se enfrentaba a la desolación, al vacío.

Hoy el país, pese a ofrecer sanidad y educación gratuita, no logra vencer la inflación, el desabastecimiento o la economía sumergida.

Aunado las filias políticas, las cubanas y los cubanos comparten una resignación ante la esperanza de dejar atrás el bloqueo. Pareciera que un año después de la muerte de Fidel Castro, todo sigue igual. Pero no, ya no tienen Comandante.

 

 

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