Cuestión de Fe

Por Gonzalo Sánchez Toledo

 

Estimada Valentina:

 

Espero te encuentres bien y hayas disfrutado del mar y de esa brisa con aroma a eucalipto y ciprés.

 

Ya sabes que acá la mezcla entre la fe, las creencias, las religiones y todo lo divino está fusionada en todos los ámbitos de la vida. Y aunque el Estado es laico desde ya hace rato, en estos tiempos no es sorpresa encontrar a autoridades que en un arranque espiritual, movido sobre todo por la fe de los otros y quién sabe por cuáles otros intereses terrenales, consagran su gobierno a los designios del creador. Así es, Valentina, aunque no lo creas, consagrar la gestión que la sociedad demanda los cubre de un halo mágico apreciado por todo mundo, aunque se sepa de más de alguna conducta o vicios privados reñido con la ley. Si eres pecador y te consagras, serás perdonado y entrarás sin problema al reino de los cielos incluida tu no despreciable cuenta de ahorro.

 

Entrar en temas religiosos siempre resulta complejo en cualquier parte del mundo y especialmente en México, que ocupa el segundo lugar de católicos en el mundo. Sólo es superado por Brasil. El Vaticano dice que hay más de 110 millones de católicos en México. Si lanzas una piedra en el metro o a la multitud, seguro le das a alguien que va a misa cada domingo. Al principio me sorprendió que la mayoría de las celebraciones o festividades comiencen con una misa. Al finalizar un ciclo escolar, por ejemplo, se termina en una iglesia pidiendo o agradeciendo. Debe ser terrible reprobar un grado. Si la gracia divina no te iluminó dando las respuestas correctas en el examen significaría que Dios te ha abandonado, estás al borde de la excomunión y te sientes de lo peor.

 

Pero la forma de celebrar las festividades religiosas es de lo que menos puedo comprender en esta ciudad. Reconozco las limitaciones de mis capacidades, pero homenajear a cada santo patrono de algún barrio o colonia a punta de cohetes supera lo imaginable. A qué se debe la fe puesta en un petardo. Es un misterio. ¿Creerás, Valentina, que hay quienes se levantan en domingo antes de las 5 de la mañana simplemente por el gusto de hacer sonar cohetes? Da lo mismo quienes duermen a esa hora, lo importante es que el santo o la virgencita vean, oigan -no sé cuál sentido utilicen- este acto y tengan presente al feligrés responsable del ruido. Si yo tuviera la oportunidad y lo creyera posible, les pediría que se lo lleven pronto a su lado.

 

Es que no hay día en que no suene un petardo en honor a algún santo. El punto máximo se alcanza el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, la madre de todos, la que acoge, contiene, apapacha como dicen acá y el día 28 de cada mes, especialmente el de octubre, día de San Judas Tadeo, patrono de las causas perdidas y desesperadas. Todo un tema este santo. Y realmente lo creo, ya que desde el día anterior la iglesia de San Hipólito, en el centro de la ciudad cerca de Reforma, se convierte en el epicentro de devoción y ya entrada la noche comienzan a llegar de todas partes de la ciudad los aspirantes a la intervención de este santo; los perdidos y desesperados. Más que perdidos y desesperados -más de alguna vez me he sentido así-, llegan a buscar salvación los olvidados, los marginados, los que no existen, todo ese crisol que ahí está y no vemos, porque hemos programado nuestro cerebro para que los transformemos en invisibles. Vagabundos, drogadictos, prostitutas, travestis, delincuentes, traficantes y un largo etc. que repleta el templo, las calles de esa parte de la ciudad para esperar las primeras misas de la mañana.

 

12 de diciembre y 28 de octubre deben ser los dos días más ruidosos de esta ciudad. Ojalá la virgencita y los santos acojan a sus devotos por el bien de todos, especialmente de quienes gustamos de dormir sin sobresaltos sonoros.

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