De niña ingresó al mundo de las letras; ahora le aguarda la Silla de Miguel León-Portilla

Por Redacción Reversos 

Cuando ingresó como estudiante a la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la UNAM, uno de los primeros libros que leyó fue de Miguel León-Portilla y “como azares de la vida” ella se prepara para ocupar la Silla VII de la Academia Mexicana de la Lengua (AML), vacante por el deceso del notable historiador, de quien dice “no me siento tan lejana”. 

Se trata de la reconocida escritora, ensayista, narradora, novelista, cuentista y poeta Angelina Muñiz-Huberman, quien recientemente fue elegida como miembro de número de la AML. 

La profesora de la FFyL quien arribó a México como resultado de la Guerra Civil Española, pertenece a la generación de escritores que llegaron en su infancia a nuestro país, como Ramón Xirau, José de la Colina, Luis Rius o Tomás Segovia. 

Con júbilo relata que experimentó “una serie de sensaciones y reflexiones” al saber que formaría parte de la Academia: “es un gran honor, indudablemente, y una gran responsabilidad, porque hay que aportar trabajo, opiniones, reflexiones, investigaciones, estar a la altura y contribuir, es recibir y dar”. 

En entrevista admite que nunca imaginó que la Silla de Miguel León-Portilla le sería otorgada: son azares de la vida, me siento muy contenta de que me haya tocado este lugar. 

A sus 84 años de edad, considerada una de las voces más singulares de las letras hispanoamericanas, continúa enriqueciendo el conocimiento y prueba de ello es que recientemente la Coordinación de Humanidades de la Universidad Nacional le publicó el libro El atanor encendido. Antología de Cábala, alquimia, y gnosticismo (2019), desde la Edad Media a nuestros días, que incluye a autores de literatura universal y de la mexicana. Su más reciente obra es El último faro (2020). 

Estudiosa de la escritura árabe y hebrea, Muñiz-Huberman refiere que se inició en el mundo de las letras desde los ocho años de edad y habla de una de sus obras donde aborda el tema prehispánico: Hacia Malinalco (1986), “una especie de seudomemorias que es un género que me inventé, donde recojo la tradición mística y guerrera de dicho lugar; entonces no me siento tan lejana a don Miguel León-Portilla”. 

Ha escrito y colaborado en más de 50 obras, entre las que se encuentran: Morada interior (1972); La guerra del unicornio (1983); Las raíces y las ramas. Fuentes y derivaciones de la Cábala hispanohebrea (1993); El siglo del desencanto (2002); Cantos treinta de otoño (2005); A Mystical Journey (2011) y Rompeolas. Poesía reunida (2012). 

Angelina Muñiz-Huberman nació el 29 de diciembre de 1936 en Hyères, Francia. Es doctora en Letras por la UNAM y en lenguas romances por la Universidad de Pensilvania y la Universidad de la Ciudad de Nueva York, profesora universitaria de literatura medieval y de literatura comparada. 

De cara a la AML 

Angelina detalla que alista la agenda que impulsará en la Academia, así como su discurso de ingreso que presentará la próxima semana durante su primera sesión, y aunque se reserva mayores detalles dice: “podría estar relacionado con escritores hispanomexicanos y quizá el mito de la literatura prehispánica”. 

La universitaria ha sido merecedora de diversos reconocimientos por su trayectoria, entre los que destacan los premios Xavier Villaurrutia, Universidad Nacional, Internacional de Novela Sor Juana Inés de la Cruz, José Fuentes Mares y Nacional de Artes y Literatura; el reconocimiento Escuela Nacional de Altos Estudios de la FFyL-UNAM; la Medalla Arqueles Vela, que concede la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, así como la condecoración Orden de Isabel la Católica en grado de encomienda, por el gobierno español. 

Precursora de la novela neohistórica en la literatura mexicana e investigadora de la mística hebrea y la cabalística como referente de la crítica literaria, su candidatura fue propuesta por los académicos de número Ascensión Hernández Triviño, Javier Garciadiego, Roger Bartra y Silvia Molina. 

Muñiz-Huberman reflexiona acerca de la situación que se vive en el mundo por la pandemia y comparte: 

“Hay que seguir trabajando, seguir leyendo, estudiando, adaptarnos a la situación; así es la vida humana, se nos presentan circunstancias que uno nunca hubiera calculado, pensado, ideado”. 

Se refiere entonces a los estudiantes a quienes conmina a proseguir con sus clases en línea, escribir sus tesis, “no hay pensar que uno está confinado, sino al revés, que uno está abierto a nuevas posibilidades, a nuevas experiencias”. 

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