De niños sicarios al pozolero-rapero

Por Luis Carlos Rodríguez González/The Exodo

En qué se ha convertido el país, además de una fábrica de desempleados, de pobres, de corrupción, de empresarios y políticos enriqueciéndose cada sexenio, con reformas pomposamente llamadas “estructurales” en materia educativa, energética y de telecomunicaciones, que no resuelven nada de los graves problemas del país.

En qué momento pasamos de ver narco-series para exaltar la vida de Pablo Escobar, de El Chapo o de cualquier otro narco a leer en los diarios noticias de casos como el del niño sicario conocido como “El Ponchis”, quien con 14 años de edad participó en asesinatos y decapitaciones por encargo de un cártel de la droga en Morelos.

De qué nos sirve la tan promocionada Reforma Educativa sino somos capaces de alejar a los niños y a los jóvenes de la violencia extrema, de las drogas, del narcotráfico, de la delincuencia, de crear personas como el llamado rapero Omar “N”, alias QBA, quien confesó a las autoridades pertenecer al Cártel Jalisco Nueva Generación y dedicarse dentro de la célula a desintegrar cadáveres.

Qué puede pasar por la mente de un joven para tener la voluntad, que no el valor, de desintegrar los cuerpos de tres estudiantes de su misma edad en tinacos retacados de ácido por una paga de 3 mil pesos semanales.

No hemos oído ninguna crítica a quienes fomentan las narco-serie, las narco-cultura en el país, donde asesinar, decapitar, desaparecer cuerpos, se promociona y vende como si fuera una pasta de dientes o los zapatos de moda. Ni mucho menos un mea culpa de esos productores y televisoras que la transmiten.

No si son unos genios. Como el genio de la campaña de José Antonio Meade, es decir Aurelio Nuño, quien debe estar muy satisfecho con su Reforma Educativa, con los nuevos valores que se enseñan a los niños y jóvenes de este país. El caso del rapero-pozolero debe ser parte de esa nueva cultura llamada “aprender a aprender”.

Actualmente más de 8 mil jóvenes adolescentes están recluidos en los centros de detención en México. De acuerdo con el INEGI se calcula que 9 de cada 10 infractores menores de edad son hombres. Cada año, 7 mil adolescentes reciben sentencias por delitos diversos, pero no ameritan ser recluidos.

A dos fuegos. Quienes son prácticamente secuestrados, levantados, obligados por el crimen organizado para servir como halcones, “burreros”, traficantes de droga, sicarios, “pozoleros” o cualquier otro eslabón de la cadena criminal. O los que por su situación de pobreza extrema, de deserción escolar, de falta de empleos, por esa nefasta influencia de la “narco-cultura” se acercan a los grupos delictivos como “carne de cañón”.

Somos un país condenado al caos, al fracaso, con ese abandono a la niñez y juventud. Un país que destina millones de pesos en campañas, spots y debates a políticos, partidos y candidatos, que se convertirán en gobernantes, a quienes no les interesa porque existen niños sicarios o jóvenes pozoleros.

Son una clase de gobernantes, de candidatos que no tienen un plan, más allá de sus discursos demagógicos para crear un verdadero sistema educativo público, amplio, donde los jóvenes y adolescentes no tengan que mendigar un espacio en las UNAM, el Poli o en otras universidades públicas.

Y en donde cada año mandamos a cientos de miles a las calles, sin opciones educativas, ni mucho menos empleos, más allá de la informalidad, en algunos casos para trabajar por 3 mil pesos como “pozolero” del narco. Tal Cual.

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