Decidir o decretar

Por Astrid Perellón

 

Voy a confesar que detesto la palabra <<Decretar>>. Suena a concreto y por eso algunos sienten que es una firmeza sólida, pero a mí suena a que puede quedar marcada permanentemente con una huella del gato maldoso que pasó por encima del cemento fresco. Es decir, puedes creer que estás decretando pero podrías estar reafirmando una carencia presente tras tus palabras vacías. La huella de gato de tu <<ando pobre>> te hace la jugarreta y queda grabada aunque vaciaste un costal de cemento de <<Soy abundancia ilimitada>>. Cuando finalmente se solidifican, las dos cosas quedaron grabadas y obtienes resultados mezclados.

 

Al ser una palabra inusual, en realidad no sabes qué rayos se supone que debas estar sintiendo cuando decretas. ¡Ni modo! Ya lo dije. Puedes saltarte a las otras pestañas de columnas más de tu agrado en Reversos.

 

Si te quedaste, es porque así lo decidiste. Precisamente es una palabra tradicional a la que hemos echado tierra por culpa de nuestros pésimos hábitos: <<Decidir>>. La decisión suena igual que una incisión; aquello que cortas y tiras lo que no sirve para quedarte con lo que quedó delimitado por un corte preciso. Cuando cortas algo y tiras lo que no sirve, no hay vuelta atrás. Si decides realmente, cortas con aquello que no sea tu decisión.

 

Ya no usamos la palabra con todo su peso porque hay muchas cosas que decimos que decidimos pero, honestamente, sólo intentamos. La decisión se siente como claridad absoluta, como un punto cincelado o un rayo láser que rebana hasta dejar sólo lo que se utilizará de aquí en adelante. Repito: no hay forma de recuperar lo que queda fuera de la verdadera decisión.

 

Por supuesto que son solo palabras. Tú puedes pronunciar decretos o decisiones  y no lograr nada. Pero también puedes usar el término que se te antoje mientras sientas en ti la claridad absoluta que descarta cualquier otra posibilidad.

 

Imagina la fábula del aquí y del ahora donde el chavo decidió arrojarse al vacío desde el último piso. Fue breve, conciso, incisivo, decisivo. Lo hizo. ¡Pum! Hacia donde apuntó, fue. No hay marcha atrás. Eso es decisión. Lo peor que puede pasar cuando sientas con claridad que decidiste algo, es que tarde más de lo que planeaste (pero planear es una palabra de la que hablaremos luego). Decidir te mantiene cayendo hasta azotar con la banqueta, dejando huella en el cemento fresco de la segunda capa de quien decretó por enésima vez.

 

 

 

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