Algunos detalles económicos actuales desde Estados Unidos

Por Víctor Manuel Del Real Muñoz.

 

Una de las características de las recientes medidas fiscales aplicadas por el Gobierno de Donald Trump responden a Grosso modo a apalear las presiones sociales y de los grupos de poder económico (de los sectores reales de la economía) de acelerar el proceso de refortalecimiento de la cadena de valor en Estados Unidos.

 

No debemos dejar de recordar que los déficits industriales y comerciales que dejó el periodo de Barack Obama en Estados Unidos generaron un rezago enorme en la dinámica del círculo económico estadounidense. La prioridad del gobierno americano en el pasado fue mantener una estabilidad en las finanzas públicas al interior con mucho endeudamiento para salvaguardar las garantías de las estructuras financieras y bancarias (de presencia y trascendencia internacional) desde Estados Unidos.

 

No podemos hablar aun así de un criterio neoliberal total en las políticas sociales estadounidenses porque la dinámica subsidiaria, los costos de guerra (vistos como política social para el gobierno) y la intervención pública en sectores estratégicos siguieron y siguen latentes.

 

Lo que pasa es que el mercado interior norteamericano es bastante extenso, y mientras muchos sectores están desregulados otros son absolutamente intervenidos públicamente, incluso ciertos sectores bancarios y bursátiles, pero en el Mercado y Capital financiero sigue privando en tendencia generalizada la lógica libremercadista neoliberal al interior de Estados Unidos.

 

¿Por qué liberar de impuestos a los grandes capitales de la economía real norteamericana?, sencillamente para generar los incentivos incluso morales de que muchas de las empresas estadounidenses que buscan en el mundo mejores opciones de rentabilidad se queden en Estados Unidos. La lectura es simple. La producción tiene que darse en los centros tradicionales de industria como Pittsburg, Detroit, Nueva Jersey, Denver, Seattle o Kansas.

 

Pareciera irónico, pero miles de empresarios y microempresarios norteamericanos no se formaron como capitalistas nacionalistas pensando en el bien de los Estados Unidos, se formaron en todo caso en la educación empresarial de ganar en donde sea y a costa de lo que sea. Por lo tanto no tienen claro, producto de que no están obligados a tenerlo claro sin caer en redundancias, que el proyecto del dominio de mercado histórico por parte de los estadounidenses responde a un proyecto social y político de corte absolutamente expansionista y de imagen dominante ante el mundo.

 

La economía subordina a la política, pero también la política subordina a la economía, condición no posible para todas las naciones, menos para las pobres estructuralmente como nosotros (México), pero sí para Estados Unidos.  

 

Fortalecer el interior de los Estados Unidos es encausar y encarrilar la dinámica política y funcional del aparato corporativo de toda óptica pública y privada en el universo del proyecto internacional de este país.

 

Toda falencia estructural que tenga algún sector en crisis en Estados Unidos afecta los anhelos y las actitudes expansionistas de connotaciones bélicas e intervencionistas siempre en pro del dominio de sectores energéticos y de economía trascendentales por el mundo, que los grandes capitales estadounidenses en consigna para el Gobierno norteamericano tengan en el planeta.

 

La economía norteamericana no se puede analizar como un esquema de tres sectores, en todo caso como la escolar Macroeconomía básica; este tipo de esquemas nunca servirán para entender las variables elementales de la pujanza estadounidense, menos en la era de una supuesta globalización (la época actual).

 

La economía norteamericana históricamente se debe estudiar en vínculo con el sector externo, y más en vínculo con la balanza de pagos por la deuda infinita que este país tiene hacia el mundo, pero también por las cuentas nacionales por la cantidad de sectores, micro sectores y áreas de penetración global de las actividades económicas más importantes.

 

Es por ello que está claro que las presiones económicas siempre estarán frescas y dinamizadas en Washington, sin embargo, Donald Trump abusó de las promesas en plena campaña, una vieja estrategia electoral, más en un país que vio ronroneada por el peligro su vitalidad económica y su estilo de vida (principal carta de presentación ante el mundo) con la crisis del 2008 y la subordinación permanente al capital financiero en los últimos años.

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