Día 43: Taboada: el alcalde en su laberinto

Por Rivelino Rueda

Serafina se alarmó al principio,
pero más tarde,
entre el capitán Bedoya
y el licenciado Rendón la convencieron
de que lo que había dicho
el Presidente Municipal
no podía ser cierto

Jorge Ibargüengoitia/Las muertas

El alcalde anda destrampado. Para él, la pandemia se ha convertido en una nueva campaña electoral. Manda arreglar calles. Cerrar negocios voluntaria o involuntariamente por las interminables obras públicas. Clausurar parques y centros deportivos.

Ordena colocar cintas amarillas –como si de una escena de crimen se tratara—en juegos infantiles, en artefactos tubulares para ejercitarse, y hasta en camellones.

Santiago Taboada, el solitario alcalde panista en la Ciudad de México, se encuentra en la cámara central de un laberinto indescifrable. Los tiempos lo corretean y él quiere hacerlo todo. De entrada, tomar distancia del nombre y de la figura que representa esa alcaldía, la de Benito Juárez.

No hay lugar para el símbolo de la Cuarta Transformación en el bastión panista de la capital del país. No hay sitio para el personaje con el que siempre se ha comparado el presidente Andrés Manuel López Obrador. No hay espacio para el indígena oaxaqueño en los terruños de la pequeña burguesía arcaica en la Ciudad de México.

Por eso la necesidad de sobresalir en la pandemia. El joven de 35 años, una calca fiel de Ricardo Anaya, el excandidato del PAN a la Presidencia de la República, opta por el protagonismo en tiempos de plagas. Opta por hacer valer más su imagen que la del Benemérito de las Américas y por desinfectar a todo lo que se ponga enfrente.

Taboada tantea las infinitas paredes de hormigón del laberinto. El alcalde lanza batallones de astronautas a rociar con menjurjes impíos mercados, jardines, parque, negocios, unidades habitacionales, plazas, calles, semáforos, casetas telefónicas, señalizaciones, árboles, nidos de aves, madrigueras de roedores, esquinas, barrios enteros, perros, gatos, banquetas, supermercados.

Puede que la alcaldía tenga tres de las colonias más inseguras de la ciudad (Del Valle, Narvarte y Nápoles), o que las normas de construcción en la capital del país sean para el alcalde un simple cuadernillo estorboso tras los sismos del 7 y 19 de septiembre de 2017.

Puede que los mantos acuíferos se sigan reblandeciendo en la zona por la obsesión patológica en el negocio de las inmobiliarias. También puede que el narcomenudeo ya sea un paisaje normal en estos lares chilangos. Eso sí. La alcaldía está implacablemente gaseada de cloros, lejías y esperpentos antibacteriales.

Puede que la repavimentación de vías secundarias ya cumpla cinco meses. También puede que ello, puede, haya incrementado el número de enfermedades en las vías respiratorias y el cierre de negocios por el aislamiento en el que quedan. Puede. Y también puede que Santiago Taboada busque librar un indescifrable laberinto esta plaga.

Calcular decesos. Calcular contagios. Calcular movilidad a la baja. Cuidar las formas. Cerrar, Cerrar. Cerrar. Dejar hacer, dejar pasar al negocio inmobiliario. Jactarse de haber llamado al uso del cubrebocas obligatorio desde el 13 de abril. Rociar. Rociar. Rociar. Rociar. Vicisitudes del solitario alcalde azul en un laberinto pedregoso.

Día 43 de la peste. México registra una nueva jornada más letal por la pandemia del Covid-19, además del pico más alto de casos positivos, luego de que la Secretaría de Salud reporta 163 nuevos decesos del martes al miércoles, así como 1 mil 047 nuevos casos confirmados. El número total de fallecimientos por la pandemia de coronavirus es de 1 mil 732 decesos, mientras que las que se registraron el martes fueron de 1 mil 569 defunciones.

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