Día 7: El niño que viajó en el tiempo en plena crisis epidemiológica

Por Rivelino Rueda

Foto: Camila Rueda

El ciego alzó las manos ante los ojos,

Nada,

es como si estuviera en medio

de una niebla espesa,

es como si hubiera caído

en un mar de leche,

Pero la ceguera no es así,

dijo el otro, la ceguera dicen que es negra,

José Saramago/Ensayo sobre la ceguera

 

A los diez años pocas cosas abruman. Quizá nada. Pero hay hechos que de niños quedan marcados para siempre, tatuados en la memoria.

En 1982 devastó la noticia de la eliminación de la Selección Mexicana de futbol en el Premundial de Honduras, para ir a la Copa del Mundo de España. En ese año también machacó fuerte la angustia de todo lo que rodea a un niño con una década de nacido.

La crisis económica y la devaluación del peso, a más de 25 pesos por dólar, generaron ambientes de zozobra, de preocupación, de carencias, de crispación social. México sin Mundial y México empobrecido eran las tensiones incurables en ese niño de tercero de primaria, de fleco lacio a los ojos y mirada triste.

Treintaisiete años han pasado. Al niño ya casi no le interesa el futbol por el lucro que representa, pero su angustia es permanente, como en la niñez, por la compleja situación del país. A veces la memoria es una peste.

Ayer la pandemia del neoliberalismo se asomaba en México. Miguel de la Madrid inició con estas políticas depredadoras precisamente en aquel año. Su antecesor, José López Portillo, había dicho que “defendería el peso como un perro”.

Craso error en un país cábula, que nada más está en la búsqueda de endilgar apodos. A partir de ese momento “Jolopo” pasó a ser “El Perro”. Su mansión, cimentada y levantada con material de corrupción y más corrupción, fue bautizada como “La Colina del Perro”.

La semana pasada aquel niño incrédulo y necio vivió un déjà vu. Era la misma primera plana la que estaba ante sus ojos que la de hace treintaisiete años: “¡Alcanza el dólar la barrera de los 25 pesos!”

Pausa. Recapitulación. Saberse en encierro por una brutal emergencia epidemiológica debido a un virus letal. Pausa. Gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Pausa. Borrar de un plumazo tres ceros a la derecha al devaluadísimo peso mexicano cuando su cotización estaba en 3 mil 094 pesos por dólar.

Pausa. Tío Luis presumiendo su nuevo chiste: “Que a Lucerito (la cantante) ya no le van a decir así. Ahora sólo va a ser Lucero porque ya que quitaron el cerito a la derecha”. Pausa y Ergo. El peso mexicano realmente no está en 25 pesos, sino en 25 mil pesos.

Pausa. Saber dónde se está parado. Pausa. En las últimas veinticuatro horas los casos confirmados de Covid-19 en México sumaron otras 65 personas, con lo que el número total de contagios positivos se elevó a 316 pacientes. Dos decesos. Los casos sospechosos de coronavirus pasaron de 687 a 794 registros, mientras que los casos negativos se incrementaron de mil 463 a mil 667 reportes.

Pausa. Dolor de estómago. Gemidos profundos y ruidosos. “El presidente Andrés Manuel López Obrador reconoció que “se está avizorando” una crisis económica. El mandatario se mostró precavido con sus promesas ante una crisis económica que, informó, ‘se está avizorando’ por la epidemia de coronavirus, así como por la caída en los precios del petróleo”.

Pausa. Déjà vu. Un recuerdo de hace treintaisiete años. La memoria siempre persiguiendo, taladrando en lo más profundo…

Luego de la llamada “Trágica noche de Tegucigalpa”, en donde México fue eliminado del Mundial de España 1982 por los pequeñines de la Concacaf, el niño de diez años no se levantó de aquel sillón de casa de sus padres hasta pasada la medianoche. Tomó la decisión de realizar su propio torneo, con sus jugadores del “Chuta Gol” y con figurillas de plástico adquiridas en el mercado.

Eran cinco equipos. Diez selecciones de seis jugadores cada una. La cancha era esa alfombra desplegable de color verde que era muy preciado por los niños de aquella época. El “verdadero Mundial” se desarrolló esa noche en la sala de su casa.

A las tres de la mañana se dio la “gran final” entre las escuadras de Brasil y México. El seleccionado nacional se alzó con la copa y el niño se fue a dormir entre desahogado y entre frustrado por la realidad.

Alberto, su hermano mayor preguntó a la mañana siguiente:

–¿Quién ganó el Mundial?

–México.

–¿Estás pendejo o qué? ¡Nos eliminaron! ¡Ya despierta cabrón!

Pero ese niño aún no despierta.

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