El accionista mayoritario

Por Erik Casas

 

“Márkaris te va a gustar”. Me encantó. La recomendación de un buen amigo y gran aficionado a la novela negra me hizo el día, bueno, el fin de semana, no pude sacar las narices del libro y al final quedé tan enganchado que no veo la hora de tener en mis manos más novelas de la serie del comisario Kostas Jaritos.

 

“El accionista mayoritario” (2006), es la quinta entrega de la serie escrita por Petros Márkaris, nacido en Turquía en 1937, nacionalizado griego y con formación profesional como economista en Alemania y Austria, pero que en la década de los sesentas dio rienda suelta a su vocación como escritor y amante de la novela negra con la invención del comisario Kostas Jaritos, el personaje que le ha dado fama mundial desde entonces.

 

La titulación como doctora en derecho en la Universidad de Salónica de Katerina, hija de Jaritos, es un motivo de gran alegría para todos en su núcleo familiar; el veterano comisario, jefe de homicidios de la policía en Atenas, no cabe de felicidad, así como tampoco su esposa Adrianí y Fanis, su novio y médico cardíologo, también los papás de éste, Pródromos y Sebastí.

 

La fiesta del clan Jaritos-Uzonidis dura hasta que trasciende en las noticias el secuestro del barco El Greco con destino a la isla de Creta, donde Katerina y Fanis planean unos días de descanso, pero en su lugar son parte de las 300 personas retenidas por el grupo terrorista, cuya suerte mantendrá en vilo a toda Grecia.

 

En el puerto de Janiá se establace el centro de mando, donde Nikolaos Guikas, director general de seguridad; Lukas Stazakos, comandante de la unidad de lucha antiterrorista; Fred Parker, agente del FBI y jefe de seguridad de la delegación estadounidense en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, Igor Chaliapin, director del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa y el Ministro del Interior griego, intentarán resolver una crisis cuya tensión irá en aumento debido al silencio de los terroristas y sus demandas.

 

Jaritos no puede permanecer de brazos cruzados mientras la vida de su hija y yerno, así como de los otros tantos tripulantes de El Greco, en su mayoría griegos, está a la deriva; es hasta el tercer día de la crisis que los secuestradores a través del capitán exigen les sea entregados vívires y medicamentos, antes de levar anclas y partir con rumbo a las Islas Zodorú, frente al golfo de Janiá.

 

Los escenarios más fatalistas no se pueden descartar hasta conocer la nacionalidad de los secuestradores: islamitas, palestinos, chechenos u otro grupo radical, dato que podría anticipar tanto sus demandas, como la estrategia para conseguir sus fines, mientras que la desesperación entre los familiares no hace más que crecer.

 

Para colmo, Jaritos recibe la orden de Guikas de regresar inmediatamente a Atenas para investigar el homicidio de un modelo publicitario homosexual, Stelios Ifantidis, hallado con un disparo a quemarrropa entre los ojos en una abandonada instalación olímpica.

 

Mientras que la investigación del homicidio en Atenas parece estancarse al no hallar Jaritos una pista que conduzca al culpable, en Janiá los terroristas autodenominados como integrantes de la Organización de Voluntarios Griegos de la Bosnia Serbia “El Fénix” dan a conocer sus demandas y amenazan con ejecutar a un rehén cada día hasta que se satisfagan sus exigencias, empenzando por un pasajero de origen albanés al que disparan en la cabeza antes de arrojar su cuerpo al mar.

 

Tres son las demandas de los terroristas: interrumpir los procesos judiciales contra los participantes griegos en la batalla de Srebrenica* (durante el conflicto en la ex Yugoslavia), así como el reconocimiento oficial de que en Srebrenica no se produjo matanza alguna; hacer pública la declaración sobre el Tribunal de la Haya y Srebrenica contenida en el informe del Arzobispado de Atenas; y que el gobierno pida oficialmente a los pasajeros griegos de El Greco firmar un texto redactado por los terroristas en los que se reconoce que su causa es justa y se condena la hipocresía y doble moral de Estados Unidos y la OTAN en el asunto.

 

Tras ser cumplidas parte de las demandas, los terroristas acceden a liberar a los pasajeros griegos de El Greco, entre ellos, Fanis; sin embargo, Katerina es retenida debido a que se revela que es hija de un alto mando de la policía, lo que provoca mayor desesperación en Jaritos, quien decide dejarlo todo y volver a Janiá para reunirse con su esposa y seguir los acontecimientos de cerca.

 

Pero el hallazgo de una segunda víctima, Ierásimos Kutsúvelos, también modelo publicitario, ejecutado con el mismo modus operandi que Infantidis, un disparo a quemarropa y con una pistola alemana Luger P08, usada por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, obliga a Jaritos a dar marcha atrás y concentrarse en la investigación del que a primeras luces parece ser un asesino serial de homosexuales.

 

La tensión finalmente empieza a bajar cuando Katerina es liberada por los terroristas al ver éstos satisfecha su demanda por parte de la Confederación Nacional de Funcionarios de Policía que recula en su iniciativa de contratar extranjeros, sobre todo, búlgaros y albaneses, en los cuerpos griegos de seguridad, gracias en gran parte a la presión personal de Jaritos sobre el líder sindical Arvanitakis.

 

Ya sin la carga de una hija secuestrada, aunque la crisis en El Greco continúa, Jaritos se vuelca en la investigación del doble homicidio

y delinea el perfil del pistolero, gracias al testimonio de vecinos, jefes y compañeros de trabajo, como un individuo fornido que se transporta en una Harley Davidson 1200 Custom, pero del cual no hay más información, debido a que nunca se quita el caso.

 

Sin embargo, la descripción del autor material no corresponde con el perfil de quien se autodenomina como “el asesino del accionista mayoritario”, un individuo de edad avanzada, a juzgar por su dicción y lenguaje, que se presenta con Jaritos mediante una llamada anónima para desmentir la versión de la prensa, pues su objetivo no es cazar ‘afeminados’ como Infantidis y Kutsúvelos, sino todo aquel relacionado con la industria de la publicidad, simple y sencillamente porque detesta los anuncios.

 

Mientras el ‘asesino del accionista mayoritario’ entra en escena y le adelanta al comisario que no cesarán los muertos, mientras las cadenas de televisión sigan transmitiendo anuncios, como ya lo había advertido, pero fue ignorado, en Janiá los terroristas aparentemente despachan al segundo rehén, un hombre de nacionalidad española que resulta una representación, toda vez que el individuo murió a causa de un coma diabético al no recibir la atención necesaria.

FA-DeSolapa

La crisis en El Greco termina gracias a la operación de submarinistas de la Armada griega, quienes toman por asalto el barco con saldo de un muerto y un herido entre los rehenes, así como un terrorista muerto y cinco más detenidos que son conducidos a una base naval para ser interrogados; el final  deja contentos a todos, salvo a Guikas, Stezakos y el Ministro del Interior, quienen fueron excluidos tanto de la planificación de la operación, como de los créditos ante la opinión pública.

 

El malestar del director de la policía por el desdén recibido amenaza con volcarse sobre Jaritos y la investigación, máxime cuando directores de empresas de publicidad, cadenas televisivas y medios de comunicación exigen detener al responsable pronto o empezarán los despidos como consencuencia de sacar los anuncios del aire y es que una nueva víctima, la tercera, Jará Iannakaki, periodista famosa, asesinada en plena calle y dentro de su coche, sume a todos en la paranoia.

 

Las preocupaciones de Jaritos no terminan, pues si bien Katerina ya está a salvo y en casa, su recuperación emocional no progresa y, por el contrario, toma un giro alarmante, cuando Fanis advierte al comisario que la joven abogada ahora se cuestiona sobre el trabajo de su papá y el rol que ha desempeñado la policía en la vida política del país, luego de dictaduras, ocupaciones militares, revoluciones civiles y guerra sucia, por lo que decide presentarla con un amigo al que nadie más conoce en su familia, amigos o compañeros de trabajo, Lambros Zisis.

 

Psicólogo, comunista, ex miembro de la resistencia que se opuso a los nazis, militante de izquierda y torturado por la dictadura, Zisis no sólo despejó cualquier duda de Katerina sobre la honorabilidad de su padre, un buen policía que lo trató con humanidad no obstante ser su joven carcelero en tiempos de la Junta Militar, también aclarará ciertos aspectos que ayudan al comisario en una de las líneas de investigación: la Luger P08, fabricada hasta 1942 para el ejército alemán.

 

Zisis no podrá contener la risa cuando Jaritos le participa sus sospechas de que algún sobreviviente del Ejército Nacional de Liberación Popular (ELAS) que combatió a los nazis puede ser el dueño del arma homicida, algo muy improbable, pero en cambio, le abre los ojos al comisario al recordarle que los colaboracionistas de los ocupantes alemanes, los miembros de los escuadrones de seguridad, fueron armados por ellos.

 

El cerco de cierra poco a poco, pero no sin antes de que aparezca otro cadáver, la cuarta víctima es Vasos Alibrandis, director del departamento de publicidad de la cadena de televisión Mediastar, aunque esta vez la investigación se beneficiará con un inesperado golpe de suerte.

 

Las accidentales fotos tomadas por el hijo de una peluquera a la motoneta robada y abandonada que presuntamente usó el asesino tras despachar a Alibrandis también captaron al conductor, ésta vez sin casco, cuyo feroz aspecto hace pensar a Jaritos que pertenece a alguna organización de extrema derecha y puede estar relacionado con los terroristas detenidos de El Greco.

 

Una cosa es la cara de un asesino en fotografía, otra su identificación, Jaritos prueba con los terroristas detenidos, pero sin suerte, hasta que uno de ellos decide echarse una mano y tras provocarse una dolencia estomacal y visitar de urgencia el hospital acepta la oferta del comisario de hablar a su favor con el fiscal.

 

Lefteris Perandonakos, resulta ser la mala bestia homicida, ex combatiente griego en Bosnia y ex compañero de los terroristas de El Greco, aunque al final decidió echarse atrás, aduciendo tener planes más ambiciosos para llamar la atención, siguiendo así las instrucciones de su misterioso y viejo mentor.

La trampa está lista, Perandonakos no podrá escapar, aunque lo más importante es que conduzca a la policía hasta su cómplice y autor intelectual, para lo cual será seguido las 24 horas del día, pero Jaritos se entera por las noticias que el asesino ha sido detenido en un espectacular operativo hollywoodense por la Unidad Antirrorista coordinada por el comandante Stazakos.

 

En la oficina de Guikas, el jefe de la policía, notoriamente contrariado, no así Stazakos, rival declarado de Jaritos, explica al comisario que la orden para detener inmediatamente a Perandonakos fue del Ministro del Interior, lo que se tradujo en un golpe mediático y político, pero dejó suelto al responsable de dirigir la mano del asesino.

 

No obstante querer olvidarse cuanto antes de todo lo vivido en los últimos días, Jaritos acude al llamado de Zisis, quien le presenta a Zodorís, un ex miembro de ELAS y conocedor como ninguno de las atrocidades cometidas por los colaboracionistas de los escuadrones de seguridad, entre ellas, la masacre de Kalávrita, donde mataron a su familia.

 

Zodorís revela a Jaritos que conoce a dos ex miembros de los escuadrones de seguridad que encajan con el perfil que busca, uno es Stazis Kostarás, torturador de Zisis, recluido en un geriátrico, entrevistado y descartado por el comisario; mientras que el otro es Zajos Komatás, un psicópata con numerosos crímenes a sus espaldas desde los años treinta, durante la dictadura de Metaxás, declarado demente y encerrado en un manicomio durante 50 años.

 

Habitante solitario de una barraca marginal, Komatás reconoce que su plan de asesinar personas vinculadas a la publicidad es para provocar el caos, tras el hundimiento de los medios de comunicación y mundo empresarial, dando lugar al restablecimiento de un nuevo orden, pero al estilo de (Iaonnis) Metaxás (dictador griego 1871-1941).

 

Al final, Jaritos da media vuelta y se va, condenando a Komatás a pudrirse lentamente en la miseria, negándole el privilegio de ser declarado loco y morir entre atenciones en un hospital, pero también, negándole la satisfacción a sus superiores de vanagloriarse por haber detenido al cerebro de los asesinatos.

 

* La masacre de Srebrenica, también conocida como el genocidio de Srebrenica, consistió en el asesinato de aproximadamene 8 mil personas de etnia bosnio musulmana en la región de Srebrenica en julio de 1995, durante la Guerra de Bosnia, por parte de serbios de Bosnia. Dicho asesinato masivo llevado a cabo por las fuerzas del general Ratko Mladic, así como un grupo paramilitar serbio conocido como “Los Escorpiones”, se produjo en una zona previamente declarada como ‘segura’ por las Naciones Unidas. Aunque se buscaba supuestamente la eliminación de los varones bosnios musulmantes, la masacre incluyó el asesinato de niños, adolescentes, mujeres y ancianos, con el objetivo de conseguir la limpieza étnica de la ciudad. El tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia calificó los acontecimientos en Srebrenica como un acto de genocidio, ya que este hecho constituye el mayor asesinato masivo en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Los dos máximos responsables del genocidio fueron capturados por el gobierno de Serbia, sucesor legal del gobierno de Yugoslavia, tras años de presión de la comunidad internacional: el presidente de la República Srpska, Radovan Karadzic, el 21 de julio de 2008; y el comandante en jefe del ejército serbio-bosnio, Ratko Mladic, el 26 de mayo del 2011.

 

Personajes más importantes

Kostas Jaritos, comisario de la policía griega en Atenas

Katerina, hija de Jaritos

Adrianí, esposa de Jaritos

Fanis, novio de Katerina y cardíologo

Pródromos Uzunidis, padre de Fanis

Sebastí, esposa de Pródromos

Nikolaos Guikas, Director General de Seguridad, jefe de Jaritos

Lukas Stazakos, comandante de la Unidad de Lucha Antiterrorista

Fred Parker, agente del FBI, jefe de seguridad de la delegación olímpica de Estados Unidos

Panusos, negociador de la policía griega

Igor Chaliapin, director del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa

Vlasópulos, policía y ayudante de Jaritos

Dermitzakis, policía y ayudante de Jaritos

Starvrópulos, forense

Palioritis, técnico forense

Jristos Sotirópulos, reportero

Lambros Zisis, amigo de Jaritos, psicólogo y comunista, ex disidente y ex prisionero

Stazis Kostarás, ex miembro de los escuadrones de seguridad, colaborador de los nazis, torturador y asesino

Periklís Starvrodimos, terrorista, delator

Lefteris Perandonakos, maniaco y homicida

Zodorís, ex miembro de la resistencia griega, amigo de Zisis

Zajos Komatás, ex miembro de los escuadrones de seguridad, colaborador de los nazis, torturador y asesino

Stelio Ifantidis, modelo publicitario asesinado, primera víctima

Ierásimos Makis Kutsúvelos, modelo publicitario, segunda víctima

Jará Iannakaki, reportera, tercera víctima

Vasos Alibrandis, director del departamento de publicidad de la cadena de televisión Mediastar, cuarta víctima

 

Ficha

MÁRKARIS, Petros. “El accionista mayoritario”.

Ed. Tusquets Editores. Colección Andanzas. Págs. 365. Año 2006. Primera edición en español, abril del 2008.

 

Sobre el autor…

Petros Márkaris (Estambul, 1 de enero de 1937) es un traductor, dramaturgo, guionista y narrador griego, conocido ante todo por sus novelas policíacas protagonizadas por el comisario Kostas Jaritos. Nacido en Turquía en el seno de una familia cristiana, de padre armenio (comerciante) y de madre griega (ama de casa). Estudió economía en Grecia, Turquía, Alemania y Austria antes de especializarse en la cultura elemana y dedicarse a la traducción de autores como Bertolt Brecht, Thomas Bernhard o Arthur Schnitzer. Como miembro de la minoría armenia, durante muchos años no tuvo ninguna minoría; obtuvo la griega después de la caída de la Dictadura de los Coroneles y el retorno de la democracia en 1974, junto con el resto de los armenios que vivía en Grecia. Reside en Atenas desde los años cincuenta.

Comenzó su carrera literaria en 1965, como dramaturgo, con la pieza Historia de Ali Retzos. Desde entonces ha escrito otras obras de teatro, guiones cinematográficos y su famosa serie detectivesca del comisario Jaritos, cuyas novelas han sido traducidas a numerosos idiomas.

 

Serie Kostas Jaritos

Título                                    Año

Noticias de la noche           1995

Defensa cerrada                  1998

Suicidio Perfecto                 2003

Balkan Blues*                       2005

El accionista mayoritario        2006

Muerte en Estambul           2008

Con el agua al cuello                   2010

Liquidación final                 2012

Pan, educación, libertad    2012

Hasta aquí hemos llegado 2015

La muerte de Ulises            2015

 

*También llamado: “Un caso del comisario Jaritos y otros relatos clandestinos”.

Artículos relacionados