Comer en una fonda tiene su chiste

Por  Karenina Díaz Menchaca 

 

“El vivo al gozo y el muerto al pozo”, un refrán muy cierto,  que para eso están  las hermosas ofrendas que acostumbramos ponerle a nuestros muertos, pues es, la comida, ese lazo de unión que en un día nos permitimos conectar los vivos con  los muertos, sobre todo, con nuestros muertos.

 

Y nunca como lo fue este año, en esta fiesta de muertos, que me admiré por la cantidad de gente cercana y quizás  otra, ya no tan cercana, que va muriendo a lado mío,  hasta me hacen sentir culpable de seguirla  librando en este plano. El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos, ha cantado Milanés adentro de mi cabeza desde que era más joven y hasta ahora.

 

Miro cómo los padres de mis contemporáneos van falleciendo,  y aunque no hay edad para la muerte nos está  pisando  la cola, a todos.

 

Y mientras tanto: ¡los cementerios se siguen llenando!, y me pregunto ¿qué reformas habrá para  quienes, en lo venidero, anden en pos de un espacio en un panteón? La verdad no lo sé, aunque ciertamente existe  la incineración, amén  de algunas personas y sus creencias religiosas.

 

Pero bueno, iremos mejor al mundo de los vivos y en esto, estoy segura que nada nos inunda más de tanta vida que la comida. ¡Comer!, el placer de los placeres.

 

Conocer fondas ha tenido que ser parte de mi modus vivendi, ya sé, ya sé que para muchos  de ustedes esto no es novedad y que comer en la calle tampoco, pero para una damnificada como una servidora sí, y es que comer en casa era uno de los privilegios de los que yo más me jactaba, porque en esta ciudad sin duda lo es. Los beneficios son muy visibles: gastas menos, sabes lo que comes y si te da el mal del puerco hasta una siestecita te puedes echar.

 

Las fondas, a diferencia de los restaurantes, tienen por sí  mismos los códigos  de la amistad, en la mayoría  de las ocasiones los meseros se saben los nombres de los comensales y viceversa, se preguntan por la familia, cotorrean y los esperan al otro día con el mismo ritual.

 

El menú  pocas veces cambia, el consomé de pollo es la insignia, así como el arroz como segundo plato (el cual prefiero saltarme), el guisado es la joya de la corona. Para quienes gustan de la carne de puerco, casi siempre  habrá  una especialidad con salsita verde, frijolitos, unas habitas o un caldillo de jitomate.

Y además del sazón, siempre  recordamos un lugar ¿por qué  creen?…pues por las salsas: verde, roja, de chile de cascabel, de cacahuate, y hasta más refinadas, dependiendo si la fonda ya está venida a más y en lugar de fondita ya se siente muy acá, porque para todo hay niveles. Eso sí, la atención no siempre es la mejor, con suerte ya eres amigo del mesero, además  de que en las fondas la onda es: comes y te vas.

 

Las fondas que yo frecuento varían en pocos elementos, la calidad del agua, de sus salsas y la rapidez con que te atienden, además de la gente que las frecuenta. Hay una sobre la calle Bajío que se distingue  porque casi siempre tienen comida, aunque sean las 4 de la tarde, su caldo de pollo tiene pescuezos y algunas verduras salpicadas, te atienden rápido y los comensales son casi los mismos: Una señora a quien se le nota que no le gusta comer sola porque se agarra de su celular todo lo que dura su comida de tres tiempos, lo terrible es escuchar sus conversaciones personales; otros son una pareja del barrio, quienes continuamente alaban a la chef lambisconamente  y luego unas mujeres que terminan encontrándose ahí para chismear cosas de la oficina. No hay de olvidar que al final de cuentas, la fonda es muy Godín.

 

Otra fonda está en Tehuantepec, lo más rico de ahí son sus tacos de papa, la atención está  más o menos, muchas veces te quedarás con las ganas de más  tortillas o más pan, porque tal parece que se las hubieras pedido al mesero invisible y a las 3 de la tarde seguro algo ya se acabó, pero nada es más terrible como cuando se olvidan del postre. Y pasa muy a menudo.

 

La siguiente, se encuentra en la esquina de La Morena y ahí todo es rico, tienen una salsa de cacahuate deliciosa, esta fonda sí es como más gourmet, también tienen caldo de pollo, pero se lucen con otras sopas, y una gran variedad de guisados, llega mucha gente y hay que anotarse en un pizarrón. Sin duda, la atención es buena. Los desayunos son riquísimos, es una fonda como para viernes, comes más tranquilo, mientras esperas que el fin de semana te toque en casita.

 

Por eso les digo, hagamos lo que nos reza el refrán, ¡Vivamos con gozo! Y la comida tiene una parte importante en ello. Seguramente cada uno de ustedes tiene su rincón favorito para deleitar el paladar, pero ninguno como las manos de lo que nos cocinaban nuestras abuelas, ¿A poco no?

 

Artículos relacionados

Deja un comentario