El calderonismo, brazo político del crimen organizado

Por Guillermo Torres

En 18 años, a partir de la entrada del PAN a la presidencia, con Vicente Fox, la encomienda fundamental fue privatizar y vender todos los recursos naturales e industrias, todo lo que el neoliberalismo así planteaba. Y a la llegada del calderonismo la consigna fue la consolidación de todo lo que ya se había bosquejado: una supuesta guerra contra el crimen organizado, que de facto fue una guerra contra el pueblo mexicano, en particular en contra de la disidencia y la oposición a la derecha.

Fue Felipe Calderón Hinojosa quien instauró como política de Estado la represión constante por medio del uso de la fuerza, desapariciones forzadas; misma línea que Enrique Peña Nieto continuó como contención al descontento social.

La línea del ala ultraderechista del PAN, que hoy en día encabeza una oposición recalcitrante y golpista, la misma guerra sucia que siempre han entablado; pero ahora con el contubernio de la derecha Latinoamericana, principalmente Colombia, Venezuela y Bolivia. La punta de lanza para continuar con el golpe blando en marcha en contra de la Cuarta Transformación.

En medio de una división sin precedentes en ese partido, luego del rotundo fracaso de Ricardo Anaya Cortés como dirigente nacional y luego como candidato presidencial en 2018; un partido recién fundado por la familia Calderón que no termina de consolidarse por la falta de credibilidad que representan.

A falta de propuestas, hoy atacan en contubernio con la derecha de esos otros países al gobierno de Andrés Manuel López Obrador con argumentos, lejos de válidos, demasiado circunstanciales. En medio de la polémica detención en Estados Unidos de Genaro García Luna, quien dirigió al crimen organizado en México desde la Secretaría de Seguridad Pública Federal en el sexenio calderonista.

Todo estaba controlado estratégicamente desde las entrañas y a la sombra de Felipe Calderón. Por un lado favorecía a sus socios políticos y comerciales, al tiempo que golpeaba a los grupos criminales rivales de estos.

Es así como, en un momento clave del entreguismo neoliberal que devastaba a México, por medio de otro fraude electoral, la oligarquía nacional le encomienda a Peña Nieto continuar con un negocio que resultaba alentador para sus intereses; por un lado mantenían el control social por medio de la represión, a la vez de que les daban protección y dividendos, poder económico y político.

Es el momento cúspide e iconográfico de la decadencia de la derecha, todo lo que tiempo previo a ese momento y posterior al caso de García Luna se mantuvo con un perfil más bajo y discreto.

Queda exhibido que el neoliberalismo representa al crimen por antonomasia. En términos reales es el punto más álgido del desdibujamiento del espectro político electoral, no solamente en México, sino en toda América Latina, quedando los gobiernos impuestos de la derecha en la categoría de gerencias mal improvisadas, administradores y operadores políticos de la oligarquía con negocios cada vez más turbios, esquema que, a no dudarlo, ha permeado el mundo del deporte y el espectáculo.

Una descomposición social sistemática que tenía como fin último y medio retroalimentándose de manera constante. El estatus quo de la manipulación social por medio de la política vista como un empleo bien remunerado y con la posibilidad de hacer negocios extra al amparo y auspicio del poder público y político.

Congruente esquema con los orígenes fascistas del PAN y la traición impositiva del PRI, Ante todo, este es un punto de no retorno, una coyuntura que pone a la izquierda naciente en México en una apremiante necesidad de terminar de consolidarse como tal aglutinando y participando todas las luchas de izquierda.

Dado que, si no se decanta este proceso social y político, si se deja pasar este momento de fervor e ímpetu social para encausar la 4T, se corre el riesgo de que esto se desbalague a la oposición del Gobierno actual, pero ahora con el ingrediente ya a todas luces carente de toda ideología y planteamiento que le de sentido al cambio que exige México.

Es visible que de los brazos operativos que en su momento enquistaron la presencia de la derecha, que aun hay que sanear, son la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el Instituto Nacional Electora.

Pero, en general, debe tenerse especial cuidado en destituir y desmembrar toda la red estructural o lo que queda de ella, de esa ultraderecha, infiltrada en el Gobierno de México.

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