El consumo excesivo de agua embotellada, una regla no escrita en México

Por Redacción Reversos 

El consumo de tanta agua embotellada en México “no parece normal y se ha convertido en un hábito y una regla no escrita” ante la falta de atención y regulación por las autoridades de salud y economía, así como por otros factores institucionales que han contribuido a que este mercado se fortalezca y que durante la pandemia del COVID-19, los ganadores sean las empresas, alertó la doctora Delia Patricia Montero Contreras, académica de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). 

 En el programa UAM, Responsabilidad social frente al COVID-19 –que transmite la radiodifusora de la Casa abierta el tiempo todos los miércoles, a las 12:00 horas– señaló que 90 por ciento de la población toma agua de garrafón y cada vez son más quienes la adquieren –para ahorrar– en purificadoras, la mayoría no reglamentada. 

 En la Alcaldía Iztapalapa, una de las más afectadas en la distribución y el suministro del líquido, esos negocios se triplicaron en los cuatro años recientes, sumando ya 950 ubicados sobre todo en zonas de bajos recursos, sin que se tenga la certeza de que cuentan con un sistema de lavado o un manejo de los envases adecuados. 

 Un problema es la escasez del recurso, pero uno mayor es el incremento en la ingesta durante el periodo de confinamiento, alcanzando en la Ciudad de México un promedio de 390 litros por persona al año y de 590 litros en Iztapalapa, porque no llega o es abastecida en malas condiciones. 

 En términos de gasto, en dicha Alcaldía se destinaban 196 pesos al rubro y ahora esa cifra se ha duplicado, al pasar de dos o tres garrafones a cinco o siete por semana, lo que representa un dispendio, además de que llama la atención tal nivel de consumo de agua embotellada, en una zona caracterizada por bajas percepciones salariales y elevados niveles de trabajo informal, además de registrar amplios porcentajes de contagios y defunciones durante la emergencia sanitaria en la capital. 

 La profesora del Departamento de Economía de la Unidad Iztapalapa sostuvo que las purificadoras deben contar con certificaciones de las secretarías de Salud y de Economía que garanticen que reciben las visitas sanitarias correspondientes, porque un mal manejo de los botellones provocaría desprendimiento de nanopartículas que pondrían en riesgo el organismo.  

 “Existen muestreos que han revelado altos niveles de arsénico en el agua de las purificadoras porque no se sabe de dónde proviene ese líquido; hay trasiego y al final los perjudicados son los usuarios”; de acuerdo con investigaciones de la doctora Judith Cardoso Martínez, académica del Departamento de Física de la misma sede de la UAM, hay una hipótesis de que esas nanopartículas poco a poco se alojan en órganos blandos del cuerpo y pueden generar cáncer, apuntó. 

 La doctora Montero Contreras recalcó que desde antes de la contingencia el abasto del bien no era eficiente por problemas de gestión y la gente no tiene acceso a información sobre la calidad del mismo, ya que desde la década de 1970 no ha habido una campaña de promoción del lavado de cisternas y tinacos una o dos veces al año, lo que indirectamente contribuye a que se siga bebiendo el producto embotellado. 

 El agua de la llave debería ser limpia y evitar tal mercado, lo que es una tarea que debe cumplir el Estado para que no falte en los hogares y que la compra de agua embotellada sea por gusto, ya que “resulta escandaloso que una familia destine hasta 500 pesos,” apuntó en la emisión conducida por Carlos Urbano Gámiz. 

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